Yusa sobre Santy (breves apuntes de una conversación online)

A los once años —quizás doce—, Yusa sabía de Santiago Feliú. Se había tropezado ya con su música, pero no con él. Hasta un día en que una amiga de la familia la llevó al cine Cosmos, en el municipio Playa, donde Santiago solía ensayar con su banda en la década de los 80.

Yusa había comenzado sus estudios de guitarra clásica y Santiago era un paradigma. Nadie tocaba como él. Ese día, asegura la artista, se dio el lujo de sentir que había tomado una muy buena decisión al estudiar música.


Fotos: Kaloian


Tiene mucho que decir sobre Santy, sobre la amistad que sostuvieron por tantos años, pero el tiempo no le alcanza. Desde Estados Unidos, donde graba y mezcla su última producción discográfica, hablamos brevemente por Messenger.

“El Santy se me ha escapado de la vista, pero lo tengo instalado en la memoria de lo que yo llamaría ‘conspiraciones a favor’”, dice al comenzar la conversación.

“Luego de aquel primer encuentro siguió pasando la vida y mi recorrido por la música y por los diversos géneros musicales existentes, teniendo la búsqueda propia como un camino de vida, y es ahí cuando sucede la maravilla… Para el año 2000 el círculo de amistades comunes dentro del giro del arte se había expandido, lo cual favoreció nuestro encuentro. De todos modos creo que mi relación y encuentro con él sucedieron de una manera orgánica y familiar, en la cual tuvo mucho que ver Darsi Fernández, que fue quien hizo las presentaciones formales, o mejor dicho, familiares.

Te quedas justo con lo que necesitas llevar contigo, que en este caso es sentir sin ninguna duda la presencia continua de un amigo, que es en definitiva lo que hemos sido y seremos más allá de todas las vidas y las muertes.

¿Por eso “conspiraciones a favor”?

Eso tiene que ver con los sucesos inesperados que lo hacen sentir a uno en un lugar seguro. La fuerza mayor siempre estuvo en la necesidad de vivir lo mejor que podamos la vida que nos toca, y sobre esa idea vamos construyendo un discurso, una canción. Para mi alegría, mi encuentro con Santy pasó primero por las risas e historias contadas de la manera más única y compacta que vi en toda mi vida. Entonces, te quedas justo con lo que necesitas llevar contigo, que en este caso es sentir sin ninguna duda la presencia continua de un amigo, que es en definitiva lo que hemos sido y seremos más allá de todas las vidas y las muertes.

¿Qué edad tenías cuando esa relación comenzó?

Tendría entre 24 y 26 años aproximadamente, y desde entonces no dejamos de compartir encuentros, escenarios, grabaciones y las mejores horas para recordar.

Dicen que Santiago era bastante duro a la hora de evaluar musicalmente...

Él era una persona exigente consigo mismo y sobre todo muy sincero.

¿Fue duro contigo?

Conmigo ocurrió de la mejor manera, pues Santy era mi amigo y me escuchó con sus mejores sentidos. Recuerdo que me hizo cantar como cinco veces un tema que yo recién había hecho en esa época, que se llama Del miedo, y todo el tiempo decía: “¡Ahí es donde entro yo!”. Fue un momento de una ternura increíble, pues era la primera vez que veía al Santy tan conectado con mi música, teniendo él unos iconos tan fuertes como referencia.

Otra cosa que recuerdo, y por suerte tengo testigos de ello, fue el concierto que me hizo de canciones de Donato Poveda, y todo el tiempo me decía que debíamos conocernos más porque había cierta conexión entre nuestros espíritus. Me siento una persona con mucha suerte en ese aspecto, pues tuve de amigo al mejor de los Santiagos posible.



 

A veces, cuando escucho a Santiago, me parece que fue un hombre que amó la vida profundamente —sus discos Vida y Ay, la vida, por ejemplo—, pero a veces me parece también medio oscuro, atormentado quizás... ¿Cómo era realmente?

Santiago siempre amó la vida intensamente y a ella estuvieron dedicadas todas sus canciones. La vida me hizo coincidir en ese tiempo y es por ello que me siento tan afortunada. Mi música evolucionó y mi persona se sentía en su propio centro cuando compartíamos tocando juntos. Esa sensación de poder respirar juntos y hacer las mismas pausas; y hasta sorprendernos como niños inocentes al encontrar un final que nadie sabía cuándo llegaría.

Qué lindo llegar a ese nivel de conexión...

Sí, totalmente, pues no hay prejuicios a la hora de crear.

¿Cuánto lo cambió Adriano?

He visto a Santy amar a su hijo de una manera hermosa; viéndolo crecer y aprender a su lado todo lo que la exuberancia de la vida tiene para dar. Canciones bellas nacieron de esa alegría de vida que fue el nacimiento de ese primer hijo, como fue la necesidad de volver a sentir la inocencia de otro ser como la esperada llegada de su nuevo hijo Mateo.

¿Cómo era a la hora de crear?

Solo teníamos que fluir en ese divertimento de hacer música y donde las reglas se iban haciendo mientras tocábamos. Entonces no había conflicto,  solo puro gozo. Nunca hubo nada premeditado y siempre la libertad de buscar hasta encontrar un camino, un final.

Tú has sido una mujer y una artista totalmente libre, y estoy convencida de que Santy también lo fue, quizás por eso conectaron de esa manera, ¿no?

Sí, lo que llaman química se aplica a nosotros. Sucede poco, pero cuando acontece “suenan las campanas del amor”, como él mismo diría.