“Yo siempre quise ser cantante”

 

Annie es una muchacha que tiene sonrisa fácil y una melodía que enamora. Dueña de un registro y un timbre envidiable para cualquier intérprete, ella insiste en apostar por géneros como la trova —tradicional, nueva y novísima—, a pesar de que es de los menos favorecidos por los medios de comunicación masivos. Por suerte ha tenido una carrera meteórica coronada en los últimos meses con su participación en el ya popular tema “Cabalgando con Fidel”, del cantautor Raúl Torres, y ya se alista para empeños más ambiciosos. Coincidimos en Romerías de Mayo, y homenajeando a Bladimir Zamora, a un año de su muerte, conversamos.


Fotos: Internet


¿De dónde viene el interés por la música?

Mi niñez estuvo marcada por la gran familia que tengo. Cuando tú conoces a alguien que ha tenido mucha familia, creo que puedes identificarlo como diferente de los demás. Mi madre formó parte del mundo del arte a través del movimiento de aficionados y fue promotora cultural en mi pueblecito natal, Patria, en la Isla de la Juventud; en cada actividad que había ella me llevaba a cantar o a recitar. Así que desde muy chiquitica anduve en eso. Una de las cosas que más disfruto hoy día es que es desde mi niñez yo quería ser cantante. ¿Sabes que a veces los niños cambian de profesión preferida unas cuantas veces en la medida en que van creciendo? Pues yo no. Siempre quise ser cantante.

La Isla es muy linda, no sé si ahora esté mejorando un poco, porque ha tenido etapas bastante difíciles. Y vivir en una isla dentro de otra isla te hace, hasta cierto punto, una persona diferente. Te haces otro concepto de los viajes. Para la mayoría de la gente, ir a la Isla de la Juventud es algo súper exótico y para nosotros es muy natural. Creo que la Isla es un lugar con una gran potencia y que puede aprovecharse muchísimo más; me da mucha tristeza que no me inviten a cantar en el lugar en el que nací, donde me formé hasta mi primer año de flauta en la escuela Leonardo Luberta. Yo quisiera ir todos los meses. Mi papá vive allá. Y hacer una gira quizás por los poblados del municipio. Pero las autoridades culturales del territorio están enfocadas en otros géneros y creo que esto, junto al hecho de que el nivel cultural ha bajado muchísimo, ha influido en este desinterés. Yo quisiera crear un festival o algo así más adelante en mi carrera, por supuesto, con todos los amigos; si hubiera un festival y existieran las condiciones, la gente iba a la Isla porque todo el mundo está loco por conocer ese lugar tan cubano como cualquier otro. Pero a los que les toca ahora mismo no les interesa.

Pasaste de la Isla de la Juventud a Guanabacoa. ¿Cuánto influyó en ti el tránsito? Guanabacoa es una tierra de grandes músicos…

Para mí fue bastante complicado. Mis abuelos vivían en La Habana, pero al fallecer uno de ellos vinimos para acá. Ese fue el principal motivo. Para las personas que no son de aquí, mudarse para la capital, no solo para La Habana que es la nuestra, sino la de cualquier país del mundo, siempre puede ser un trauma, un cambio muy duro que yo en ese momento no vi como algo positivo. Yo hubiera venido para acá a la Escuela Nacional de Arte de todas formas, pero en ese momento fue muy difícil para mí. Por suerte caí en Guanabacoa, que tiene la escuela de arte más familiar y campechana que hay acá. Además, tiene música en todos lados y el guanabacoense tiene una idiosincrasia muy fuerte. Aunque ahora mismo viva en Alamar, a Guanabacoa llegaba a las 8:00 a.m. y me iba a la 8:00 p.m. durante nueve años. Hace poco fue súper lindo cómo me invitaron al concierto de Esperanza Spalding, Marcus Miller y Richard Bonna, para que cerrara el concierto de la parte de los estudiantes; eso fue un honor para mí. Hay una familia ahí que me sigue queriendo muchísimo y es reconfortante ver cómo los muchachos que están estudiando me ven como un ejemplo a seguir porque yo también estudié allí y he ido logrando algunas cositas en mi carrera. Además, en Guanabacoa está la peña de Pepe Ordaz, ahí me acerqué totalmente a la trova.

¿Cómo fue tu llegada a la peña de Pepe Ordaz?

Un repertorio con música cubana solamente puede ser un repertorio impresionante.Mira no sé, no sé decirte cómo fue (ríe). Yo estaba trabajando con un muchacho que ahora es bajista, pero en aquel momento intentábamos hacer un dúo de trova y la primera vez que me presenté allí le canté a Sonia Silvestre, que después se convirtió en una gran amiga; recuerdo incluso que Raúl Torres, la primera vez que me vio, fue allí. Yo estaba en la secundaria cuando empecé a frecuentar la peña de Pepe. Después comencé a trabajar con José Manuel Ordaz, con Pepito, que es su hijo, y ya llevo siete años trabajando con él. Y ahí fui aprendiendo. Por supuesto, gracias a Pepe. Creo que le debo más de la mitad de mi cortísima carrera. Por haberme enseñado sus canciones, un mundo de trova tradicional, un mundo de música cubana. Yo he dicho muchas veces, y es también gracias a él, que yo como intérprete no necesito ir a buscar música en otros lugares. Un repertorio con música cubana solamente puede ser un repertorio impresionante. Y estar en Guanabacoa, que es un lugar muy exigente musicalmente, y que ese público me haya avisto crecer y que hoy día sea partícipe de todo lo que he ido haciendo. Allí aprendí a tratar con el público. Aprendí con grandes de la música con Pancho Amat, Augusto Blanca, Eduardo Sosa, que hoy día es mi íntimo amigo gracias a todo el trabajo que hacemos juntos. Agradezco que Pepe me haya dado la oportunidad y me haya acercado a ellos.



 

¿Conociste a Bladimir Zamora?

Ya sabes cómo es el gremio de los trovadores. Él siempre estaba allí cuando empecé a participar en los conciertos. Era una persona muy peculiar. También Fidel Díaz Castro, que hoy día es una de las personas que me ha ayudado muchísimo. Creo que el Fide, para la trova que hacen los jóvenes, es de los más importantes. Él le ha dado la oportunidad de presentarse a jóvenes en espacios jóvenes y no tan jóvenes, que no estaban teniendo oportunidades. Eso hay que decirlo. Él y Blado apoyaron con su periodismo a muchos jóvenes. Y ya que estamos, El caimán barbudo, revista que leo hace muchos años, es donde encuentro las cosas más interesantes para mi gusto. A veces no la tengo con regularidad, pero siempre que me empato con dos o tres números los devoro uno tras otro.

¿Y a la Asociación Hermanos Saíz (AHS) cómo llegaste?

Yo llego a la AHS a través de Fidelito, porque mi primer videoclip, Gracias a la vida, se presentó al concurso Now y obtuvo el segundo lugar y el premio especial otorgado por Silvio Rodríguez. Ahí me captó Rafael González Muñoz, vicepresidente, y me invitó a presentarme a las captaciones. Yo tenía pensado presentarme en algún momento a la organización, pero no lo había concretado. Por suerte todo resultó genial. La AHS para mí ha sido, y está siendo, muy importante. El primer regalo que me hizo fue haberme invitado al Pico Turquino, suceso que me cambió la vida. Supuestamente uno regresa más cansado, y a nivel físico es cierto, pero yo viré con unas energías espirituales y descubrí que donde me libero de todos mis problemas es en la Sierra Maestra. Entonces, cada vez que me sienta mal, voy a tratar de ir allá. Además, he tenido la oportunidad de conocer lugares muy hermosos de la Sierra porque el ascenso fue por Granma y la bajada por Santiago con un grupo de artistas jóvenes que fue lo más grande. De ahí salieron grandes amigos.

Subir montañas hermana hombres” y mujeres…

Eso no falla. Fue súper lindo. Después tuve la oportunidad de hacer Mañanita de montaña, que es el primer videoclip de Televisión Serrana, y lo grabé en San Pablo de Yao. Y después, en la Gira de los agradecidos, estuve en La Plata, y para colmo me tocó el temblor de 5.8 que estremeció a Santiago de Cuba por aquella época. Lo sentí a las 4:00 a.m. a 6 km del epicentro.

¿Te despertaste?

¿Que si me desperté? (ríe). Dice Eduardo Sosa que estuve dos horas seguidas hablando casi sin parar de lo nerviosa que me puse. Así que imagínate. Fue impresionante.

En la gira de los agradecidos fue muy lindo cómo la prensa asumió, y no estaba preconcebido, que yo era la representante de la AHS dentro del equipo.

También la AHS me dio la oportunidad de hacer mi primer DVD en Bellas Artes con una beca El reino de este mundo. Ya pasó un año y estoy tratando de firmarlo con una disquera. Si no sucede lo empezaré a regalar porque el objetivo es que la gente tenga esa música. Fue una recopilación de jóvenes músicos que no estaban teniendo una oportunidad en los medios. Yo me considero muy afortunada de tener presencia en los medios siendo tan joven. Es un trabajo que me gusta mucho porque está hecho con una banda que es muy diferente y lo disfruto muchísimo.

También participé activamente en la campaña por los 30 años de la Asociación. Estuve en el videoclip Con un poco de amor que lideró la campaña; gracias a eso me hice muy amiga de Andy Rubal, incluso algunos dicen que nos parecemos, y tanto dio el cántaro a la fuente que decidimos trabajar juntos y lanzaremos una canción que se llama “Hermanos”. Yo me siento muy identificada con la Asociación. En la gira de los agradecidos fue muy lindo cómo la prensa asumió, y no estaba preconcebido, que yo era la representante de la AHS dentro del equipo. Porque Luna es una artista muy joven y también miembro de la AHS, pero tiene una carrera muchísimo más consolidada que la mía, incluso internacionalmente. Entonces yo siento que los jóvenes me identificaron como la representante de la más nueva generación de músicos.

foto de la cantante cubana Annie Garcés

 

No hay dudas de que la canción “Cabalgando con Fidel” es un antes y un después en tu carrera...

Me da un poquito de dolor cuando algunas personas me dicen que yo salí de la nada hasta esa canción. Tú que me conoces hace muchos años sabes que no salí de la nada. Me han llegado a decir lo bonito que canto para no ser académica y yo soy flautista aunque nadie me vea tocando flauta. He hecho varios videoclips y estuve nominada a los Lucas. Y para colmo de bienes, era presentadora en Cuerda Viva desde antes de la canción.

Me llamó Eduardo Sosa y me dijo: “Naguita, ven para los estudios Abdala” y colgó. Ni siquiera me dijo para qué. Yo me imaginaba que era para una canción porque a lo largo de los años en nuestro país todos nuestros momentos históricos tienen una canción para identificarlos. Y eso es desde antes del triunfo de la Revolución. Entonces “Cabalgando con Fidel” se convirtió en la voz del pueblo. Yo siento que la gente canalizó su dolor a través de la canción. Cuando yo iba camino allá, pensaba en que ojalá me dieran una pequeñísima oportunidad. Con haber estado en el coro en un tema tan importante, para mí hubiera sido un gran logro como artista. Al principio, cuando se estaban distribuyendo las estrofas, yo compartía la mía con Sosa. Pero el tema me quedaba muy grave por tono y sube al final, y decidieron dármela. El destino tiene sus cosas y tener la oportunidad de cerrar una canción así fue muy lindo. Para mí fue un honor estar al lado de músicos de la calidad de Luna Manzanares, Eduardo Sosa y Raúl Torres. Raúl tiene el don de hacer canciones.

Y el oficio…

Sí, claro, también. Entonces la gente me dice que mi parte es la que los hace llorar y eso me estruja el pecho. Yo puse lo mejor que tenía y conté con la tutela invaluable de Eduardo Sosa, a quien admiro muchísimo porque es impresionante lo que hace con su voz. También tuve una ayuda del Maestro Enrique Pérez Mesa, con quien no había compartido hasta ese momento. Hay una parte de la canción que dice “Héroes de espaldas aladas”; yo hago un silencio porque si no lo hago hubiera resultado una sinalefa que hubiera podido confundirse con Héroes de espaldas saladas, por el efecto fonético. Raúl se dio cuenta y ese fragmento me costó porque estoy acostumbrada a ligar frases, como la flauta. Y ahí entonces vino el Maestro Pérez Mesa y me dijo: “Recuerda que el silencio también es música”. Esa frase fue la que me ayudó a terminar la grabación y por suerte creo que salió bien. Le agradezco que me hablara de músico a músico. Nunca voy a olvidar eso. Y que contara con mi conocimiento académico, porque a veces uno quiere liberarse de eso porque en el mundo de la trova no es usual. El trovador es un juglar. No tiene que ver mucho con la academia. Lo aprende en la calle y encuentra sus propios recursos; a mí me resulta difícil porque me considero música de atril. Yo disfruto la parte sinfónica, la música de cámara, leer la partitura.

Cuando salí del estudio, nunca imaginé la repercusión tan grande que iba a tener ese tema.

Yo creo que rompió todos los cálculos…

Sí, y yo llegué a sentir mucho miedo porque veía que lo repetían mucho en televisión y a veces eso tiene un efecto contrario en la gente. Y fue al revés. Hoy día lo ponen menos, pero la gente me sigue deteniendo en la calle para preguntarme por qué no siguen poniendo “Cabalgando con Fidel”. Fíjate si fue grande que en El paquete salió la canción. Muchos amigos me llamaban para decirme que lo habían copiado de allí. Me sorprendieron.

¿Y la gira?

La gira me encantó, pero resultó muy agotadora. En Santa Clara sentí el cariño de mucha gente, sobre todo de los niños. Me pasaron dos cosas por allá muy impactantes. Lo primero fue que en Remedios un niño autista me cantó la canción completa. Me cogió la mano y me dio un beso. Normalmente estos niños son como más cerrados. Les cuesta socializar, salirse de su mundo. Hablé con un médico y le pregunté cómo era posible si él no me conocía, y el médico me respondió que el niño sí me conocía, me veía todos los días en la televisión, en el teléfono, y me había incorporado a su mundo. Lo segundo fue que en Camajuaní un coro de niños sordomudos hicieron “Cabalgando con Fidel” con señas. Eso sí pudimos filmarlo. Yadniel Padrón, un joven realizador audiovisual que trabajó con nosotros, lo subió. Esos dos momentos me conmovieron muchísimo.

Después fuimos a Santiago de Cuba. Esa provincia se ha convertido en uno de mis lugares preferidos del mundo. Por allá hicimos 15 conciertos. Nueve oficiales y seis extra. Estuvimos en Chicharrones, un lugar que mucha gente tiene etiquetado como marginal, con gente de bajo nivel cultural y tal.

A mí me molestan mucho esas clasificaciones. Yo prefiero populares.

Sí, a mi también. Pero fíjate si las clasificaciones a veces son injustas y uno trae prejuicios, que cuando yo estaba cantando “Pensamiento”, había niños cantándola. Niños de enseñanza primaria y secundaria. Y yo no lo podía creer. Ahí me enamoré de Santiago. Pudiera estar mucho tiempo por allá. Me encanta.



 

¿Y qué has hecho después?

He tenido que reorganizar mi rutina de trabajo. Todavía no la tengo muy ordenada que digamos (ríe). Yo regresé muy enferma. Tuve una responsabilidad muy grande al tener que ponerme al nivel de estos tres, y otros, músicos ya consagrados. Me estresé un poquito porque soy muy exigente con mi trabajo. Mis músicos me odian porque yo ensayo, ensayo y ensayo. Necesito que todo esté perfecto. Tengo que confesarlo. Así que cuando viré estuve un tiempito de descanso. Ahora me he tenido que acostumbrar a la falta de privacidad. Yo soy muy cariñosa. Me encanta interactuar con la gente. Me sale muy natural y no puedo dejar de hacerlo. Me falta mucho por hacer. Apenas estoy comenzando, pero me llena de alegría que la gente me quiera ya desde tan joven.

¿Planes mediatos e inmediatos?

Quisiera que el trabajo que hice con la banda tuviera más repercusión. En el DVD insertamos un videoclip que se llama Rascacielos de dolor, es un tema de Christopher Simpson, con imágenes del making off; a la gente que lo ha visto le ha parecido muy bien. También quisiera desdoblarme en mi trabajo. Quiero ser una intérprete que sea capaz de cantar todo lo que pueda. Me gusta probarme. Igual siempre hay que estar consciente de los límites. Me interesa mucho seguir trabajando en la conducción del programa Cuerda Viva. Al principio me ponía muy tensa, pero ahora es como una fiesta. Estoy aprendiendo mucho con Ana Rabasa y hay un ambiente genial allí. Aunque Maggie y el resto del grupo dicen que yo soy la seria.

Ahora mismo estoy preparando un concierto que intuyo podría cambiar mi carrera y mi relación con el público y con la crítica. Hay que tener un equilibrio en eso. A veces la crítica considera geniales a algunos músicos y el público no los conoce, y en el caso contrario abundan los ejemplos, por desgracia. Entonces me he propuesto lograr un equilibrio, aunque estoy muy consciente que no es algo fácil de lograr.

Estoy preparando un concierto junto al maestro Enrique Pérez Mesa —le doy las gracias por darme esta oportunidad— con la orquesta de cámara Nuestro Tiempo de la Sinfónica Nacional. Tendrá arreglos de Wilma Alba Cal, que es una de las jóvenes compositoras y arreglistas de música más talentosas de su generación. Y además fue profesora mía en el conservatorio. Será un homenaje sinfónico, con un total de diez y seis16 canciones, a la Trova. Intentará abarcar todas las generaciones y puedo decir que empezará con “La Bayamesa”, de Céspedes, Fornaris y Castillo. Estoy completamente enfocada en eso para que salga perfecto. 

¿Cuándo es?

El domingo 23 de julio en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional a las 5 p.m. Te espero.

No me pierdo eso por nada del mundo.