Ya te extrañamos

Actor en más de 40 filmes, Raúl Pomares alcanzó una gran popularidad por ese quehacer y su participación casi permanente en la televisión. Sin papeles protagónicos descollantes, este tunero (¿u holguinero?) por nacimiento, santiaguero por adopción y cubano por criolla raíz, marcó cada una de las obras en las que trabajó.

Versátil en la actuación, y por tanto requerido por directores de cine y TV, es más que recordado, querido por tal cualidad pero sobre todo por su esencialidad como ser humano.


Escena de la película El hombre de Maisinicú
Foto: Cortesía de la revista Cine Cubano 
 

Cargado de anécdotas, risueño y sobre todo bueno, el actor que se nos va de esta dimensión, marcó a artistas tanto de la pantalla grande como la chica:

“Mi experiencia con él (El hombre de MaisinicúRío NegroPáginas del diario de Mauricio) fue muy buena. Aportaba a lo que yo le pedía y tenía ángel para la actuación cinematográfica. Además de que era un excelente ser humano, con un sentido del humor, por lo menos en las películas en las que coincidimos, que hacía muy cómodo y agradable tenerlo en el equipo. Inolvidable”. Manuel Pérez, director de cine.

“Cómo desperdiciar la oportunidad de trabajar junto a ese ACTOR, mejor entre los mejores. Pero lo mejor era su humanidad, su disciplina, su sencillez ante la vida, los amigos y el trabajo. De Pomares sólo puedo decir que lo siento como una gran pérdida. Pero queda entre los grandes de la Televisión Cubana. Lo seguirá mi admiración por sus obras, mi amor eterno a su recuerdo. En El naranjo del patio hizo un personaje que en sí sólo fue una novela. Solo su mirada a la cámara y su don de gente hizo brillar sus escenas. Su palabra segura y sincera. ! Qué gran actor hemos perdido!”  Xiomara Blanco, directora de TV

“En El Naranjo del Patio, había una escena con Fundicheli, que interpretaba su nieto, recuerdo que se le enredó la lengua en un texto y siguió, pero Fundichelli no pudo seguir y la respuesta fue una explosión de carcajadas que todos estábamos aguantando. Recuerdo a Tony Sánchez haciendo acopio para operar la cámara sin que la risa lo descoordinara, pero cada vez que tenía que decir al texto había una explosión de risas que terminó en llanto silencioso… de risa. Xiomara cortó 45 min para contener y olvidar y poder seguir. Nunca lo vi iracundo, sí firme y con una sola palabra, propiciando un ambiente de creación y alegría...”.  Mariela López, directora de tv

“Lo conocí en Santiago de Cuba en 1963, cuando comenzaba mis investigaciones sobre Frank País. Aprecié  su criollez, su gracia y simpatía, a la vez que su seriedad y capacidad de profundizar. Lo vi crecer como actor, en el Grupo Escambray, en La Habana. Nos divertimos juntos con el guajiro, jefe de milicias, que me hizo en Tiempo de amar. Profundizamos la amistad “Setimio, sal pa´ fuera que no es ná!”. Luego la vida nos lo fue metiendo dentro.

“Anda, Setimio, sal pa´ fuera, que no es ná”. Enrique Pineda Barnet, director de cine
“Pomares primero fue mi amigo y siempre mi maestro compinche, crítico sin piedad y una de las personas con más sentido del humor que he conocido. Trabajé muy tarde con él, en el primer dramatizado que realicé; La vida según Nicolás y luego en Soledad, la segunda temporada de Bajo el mismo sol, ese fue su primer regalo. Un Simón lleno de vida, del que aprendí cómo llegar al actor. Y ahora, en La otra esquina, ya enfermo, se negaba a trabajar, por miedo a crear problemas, esperé, junto a mi equipo durante meses, insistí una y otra vez.  Yamila la guionista, adaptó el personaje, suprimió sus diálogos y de él nació, la cadena de acciones y el uso del silbato como elemento para llamar la atención. Solo puedo agradecer haberlo conocido, aprender a escucharlo y ver con que naturalidad ponía en sus personajes el extra que todo director busca. Y claro, agradezco el reír sin límite con sus ocurrencias”. Ernesto Fiallo, director de tv

“Perdí un gran actor y uno de mis mejores amigos.  A partir de un día decidí que siempre estaría en mis casting aunque fuese para decir ¡Buenos días!... y así lo hice,  por eso en varias ocasiones esperé  por su tiempo y le respeté sus 30 minutos de sueño después de almuerzo sin importarme la presión que existiera. Disfruté mucho escucharlo,  imponía armonía y sabiduría, además de ser el rey del buen ambiente. Nunca olvidó su bolso de anécdotas y vivencias constantemente  renovadas con ocurrencias que todos completábamos con cuentos que pasaban de boca en boca. Al explicarle una escena me esforzaba  para que entendiera la primera vez y un día supe que me hacia repetir para después reír con una carcajada insonora buscando relajarme de las tensiones que existen en un rodaje, además de hacer crecer una simple propuesta. ¡Qué clase de tipo!... era inevitable  decirlo. Llegué a quererlo  mucho, yo también, al igual que Fiallo en su novela,  le hubiera inventado un personaje inmóvil y  sin textos con tal de tenerlo. Ya no podré contar con uno de los actores más seguros que he conocido y las instituciones de la Cultura  perdieron  la posibilidad de  homenajear como era debido a un gran hombre y a un artista natural. Ya te extrañamos Poma…”. Rudy Mora, director de TV y de cine.