“Y Dios estuvo de acuerdo” o la entrevista recuperada a Jesús Cos Causse

Tras un coral negro habita Cos Causse en Santiago. Su silueta quijotesca, su barba irreverente, son parte de la ciudad. Cierta madrugada atrapó una rara luciérnaga calle arriba, Isla abajo. Cree en la inspiración. Sin su voz, no puede pensarse la poesía cubana.

Un arte inflama al otro. Un poeta se detiene en las Antillas y traza un puente entre el Istmo y el Caribe, dígase: Panamá y Cuba.

“La poesía de Jesús Cos Causse es totalmente libre… reconozco que el poeta es dueño de esa rara facultad que convierte en oro la arcilla común… hay una honradez profunda que anima el corazón callado de las cosas… Los títulos del poeta insisten en imponer esa música extraña y raizal, profunda y primigenia”.


Foto: Tomada de Internet
 

Más que letras, resulta este un abrazo (un almazo) del poeta y crítico panameño Pedro Correa Vázquez a Jesús Cos Causse, en la antología Los años, los sueños (Revista Littera, 1995). Sea un pretexto, un buen pretexto, para saldar la deuda con el autor de Con el mismo violín y Balada de un tambor y otros poemas. Un empeño por definirle, por tocarle…

¿Qué valoración esencial le merece a Cos Los años, los sueños, este libro cuya base es precisamente su propia poética?
Quien selecciona es, en realidad, el autor del libro. Todos los poemas que aparecen ya están publicados, escogidos muy al gusto de Correa, un gran crítico que me ha dado esta alegría. Ha sido un  trabajo muy serio, de mucho amor hacia la poesía y realizado con gran rapidez, con el propósito de que saliera en 1995, durante el Festival del Caribe. El prólogo es interesante y lo que dice en torno a mi poesía. 

¿Cómo descubres ese misterio, la savia oculta del poema?
La poesía es un misterio del hombre. Creo que afortunadamente nadie, ni los mismos poetas, saben qué cosa es. Quizás el día que se sepa, comience el fin. Uno tiene que explicarse de alguna forma el mundo y todos buscan una definición para justificar la propia existencia.

Es una historia tan sencilla como compleja. Tuve una infancia un tanto marginal. En mi adolescencia, el primer contacto con la poesía fue a través de la música. Era asiduo a escuchar música en los bares. Recuerdo boleros de Pacho Alonso o de Vicentico Valdés, algunos con cierta calidad en sus textos.

Antes de leer a José Martí, Guillén o a otros poetas, escuchaba programas radiales donde se escuchaba a José Ángel Buesa, que después ha sido muy criticado,  ¿por qué ocultarlo?  Todo eso me ayudó a dos cosas: a mantenerme directamente unido a la gente de pueblo, y a descubrir en lo cotidiano la inmensidad del hombre en su más limpia expresión, fuera de los libros y las lecturas intelectuales.

Cuando por primera vez tuve en mis manos un  libro de “poesía real”, me fue fácil entenderlo, más allá de las palabras y los versos. También guardo en mis memorias controversias de cuando estuve en la campaña de alfabetización. De niño tuve que vender periódicos y, académicamente, mi formación fue bastante inestable. Mi temperamento no me permitía estar sentado durante mucho tiempo, y mis estudios universitarios de Letras fueron a través de Waldo Leyva Portal, amigo y poeta, en mi propia casa.

Recuerdo una anécdota que sucedió con Nicolás Guillen en 1974, en Jamaica, donde le habían invitado a un recital. Allí dijo el poema “Sensemayá”. Muy pocos hablaban español y todos le entendieron. ¿Por la música del texto, por la sugerencia de su voz, por la comunicación humana que portaba? ¿Cómo explicarlo? Entonces, ¿qué cosa es la poesía?

Tu libro Concierto de Jazz (1994) es una experimentación estilística bien ajena de aquel primero, quizás más ingenuo. ¿Definitivamente partes hacia a otras dimensiones? ¿Cuáles proyectos ocupan esa especie de tamiz con el que purificas las palabras?

Concierto de Jazz es un libro abierto, hace hincapié en tratar de llevar de alguna forma al lenguaje poético las improvisaciones características del jazz.  Es un lenguaje más elaborado, que formó parte de un festival de ese género en Cartagena de Indias. Ideas en torno a la vida, la muerte, los poetas cubanos y caribeños; y por otro lado, un homenaje a las grandes figuras del jazz norteamericano y a Chano Pozo.

Mi primer poemario Con el mismo violín, es el más fresco, sin mucho alarde de oficio ni sabiduría: un muchacho que quiere conquistar la vida y está despojado de muchas técnicas o azares literarios. Fue una fiesta de la juventud. Concierto de jazz es una conversación con la vejez. Es el mismo poeta, pero otro hombre. Por eso he decidido escribir algunas reflexiones en torno a mi infancia, mi vida, mi familia, mis amigos, y acabo  de terminar el libro de versos Cuídame ese cadáver.

¡¿Un rejuego con la muerte, desde ya… a los cincuenta años?!  ¿Cuánto  te ronda la vejez?  ¿Cuánto la sientes? Me sorprende eso de que andas escribiendo  tus memorias…
Ya cumplí cincuenta años, no es poco. No quiero dejar que pase el tiempo para escribir mis recuerdos, no son memorias como tal. Después es más difícil, ahora que hay fuerzas y un espíritu permanente de trabajo, es la hora de hacer esos apuntes.

Cuando comencé a escribir, algunos colegas eran jóvenes; otros, personas maduras. Ahora  son ancianos o han muerto. Tres ejemplos: Fayad Jamís, Wichy Nogueras y Manuel Cofiño, ya no están. No es una ilusión.

¿De cuáles poemas te arrepientes? Algunos críticos consideran que te mueves mejor en la creación extensa como Balada de un tambor o La rebelión de la alborada
No me arrepiento de ninguno. Hay muchos otros que no están en ningún lado, porque no debían estar. Incluso una vez un poeta amigo, extranjero, me decía que él entendía mucho mi poesía de amor, no así mi poesía política: no entendía cómo podía moverme entre dos aguas tan distintas.

Cuando escribo un poema no me propongo que sea largo o corto. Termina cuando cesa la imaginación. Uno, como “La rebelión de la alborada”, dedicado a Maurice Bishop, o “El Quijote negro”, donde encuentro en la rebeldía, tradición e impacto con otro mundo, la leyenda del esclavo, un empeño de amor comparable con la del Quijote; ellos reúnen elementos de tanto interés como “Walt Whitman” o “Poética”.

Retomemos la interrogante de aquel poeta, ¿qué respondiste sobre esas dos aguas, lo íntimo y lo político?
Le dije que el problema es que escribo lo que miro y lo que siento. Y no hay poemas políticos ni poemas amorosos: hay solo, como dijo Vallejo, “poemas humanos”.

¿Podemos inferir entonces que Vallejo está entre tus autores de cabecera?
No únicamente César Vallejo. También Miguel Hernández, Manuel Navarro Luna, Guillén, Regino Pedroso…están en esa relación; pero confieso que Vallejo y Pablo Neruda… Vallejo es la nostalgia. Lees un poema suyo en un cuarto solo y tienes que salir a la calle. Si lo haces con Neruda, te sientes acompañado. Lo he comprobado en mis viajes, donde viajo más con libros que con ropas.

En tu obra, rindes tributo permanente a poetas idos, a tu abuelo Braulio, en ese poema tan especial y traducido…
Sé del desgarramiento y la alegría de escribir un poema. Esas personas, Heredia, Whitman, Casal, Javier Heraud, La Avellaneda… se pasaron su existencia, como dijo Rimbaud, tratando de cambiar la vida, y por ello no merecen el olvido. Recordarlos es una forma de darse fuerza a uno mismo.

El poema “Braulio Causse” es la relación con mi abuelo, un emigrante haitiano.  Fue una relación efímera, pues murió cuando yo tenía ocho años; pero su ternura y su carácter me marcaron.  De él aprendí algo muy relacionado con la esperanza: se puede tener de todo o nada, pero lo que hace falta siempre es un corazón, no solo aquel que late, sino el que comparte y alumbra. Mi abuelo fue mi contacto más íntimo y personal con la poesía.

No es errado afirmar que Cos Causse es el poeta cubano que más ha incluido el tema caribeño en su obra, tratado además en crónicas. ¿Qué singularidad hallas en ese contexto geográfico que es el Caribe?
El Caribe es una forma de ser, de proyectarse con características propias dentro de este universo. Muy sencillo: estando en Jamaica, donde viví como diplomático de 1973 a 1975, me sentía como en Santiago. En Alemania, por ejemplo, me sentía en otra galaxia.

Esta parte del mundo tiene un sentido distinto que no tiene que ver con tambores y mulatas. Es un asunto sanguíneo, y es, ante todo, la historia que nos define. Esa es la raíz secreta que nos comunica más allá de idiomas y razas. Esa es la identidad que une a un cartaginés, un barbadense, un jamaicano, un panameño y un guyanés.

Mi abuelo vino de Haití. ¿No soy entonces un poco haitiano? De Jamaica me traje la presencia de Marcus Garvey, la influencia musical y social de Bob Marley. ¿Acaso no soy también un poco jamaicano?  En la historia común está la identidad, de la cual se desprende la cultura en su sentido más amplio.

Tu obra aparece en antologías, estudios, citas, libros. Eres el coordinador general del Taller de Poesía que sesiona en cada Festival del Caribe. ¿Cómo asumes esa condición de poeta reconocido, de inspiración de otros poetas?
Cuando comencé a escribir, leía en la Historia de la Literatura nombres que me parecían inalcanzables: Eliseo, Cintio, Retamar… Luego tuve la suerte de conocerlos y comprendí que aparte de su talento y sus glorias, eran seres humanos normales. Hay  algo muy importante: la obra se va por encima del hombre, se independiza para ser tesoro, documento y herencia legítima de otros hombres.

Casi nunca leo poemas públicamente. Considero que la lectura del poema es algo íntimo, y prefiero que los míos los conozcan una vez publicados. En los Talleres de Poesía he ganado muchos amigos. Siento y considero que no he llegado todavía a cumplir con mi deber. A la vida le debo el poema que aún no he podido escribir.

RE-CREACIÓN

Jesús Cos Causse

El poeta le dijo a Dios:
Tú creas el mar, es decir,
sus aguas, sus olas, sus espumas
pero yo creo los caracoles.
Y Dios estuvo de acuerdo.

 

Nota:
Entrevista publicada en la revista impresa Iniciativa Socialista, N.40, junio 1996, Año VIII, Madrid. Las notas iniciales han sido cotejadas y revisadas. La entrevista ha sido enriquecida expresamente para esta ocasión. Muchas de las respuestas del poeta respuestas fueron premonitarias: Jesús Cos Causse falleció en 2007.