Xiomara y Armando, juntos para siempre
Foto: Claudio Sotolongo
 

Xiomara Palacios y Armando Morales se conocieron en el Guiñol Nacional de Cuba hace más de 50 años. La Distinción Hermanos Camejo y Pepe Carril que acaban de recibir consagra una amistad nacida en el teatro, a prueba de mil batallas, generadora de una infinita belleza que han creado con los títeres en sus manos prodigiosas y con Cuba en el corazón. 

Ella es una mujer dotada de gracia e inteligencia. De la Escuela Municipal de Artes Dramáticas fue al Guiñol Nacional motivada por su amigo Carlos Pérez Peña, quien ya trabajaba con Pepe Carril y los Hermanos Camejo. Llegó para quedarse; allí tuvo a su hijo, adquirió vasta cultura, protagonizó los grandes montajes de la edad dorada del grupo, sobrevivió al estropicio de los 70, preservó el legado de los Camejo y Carril. En esa agrupación protagonizó montajes como La cucarachita Martina; fue pionera en abrir los caminos del títere para adultos en Cuba con Ubú rey, La corte del faraón o Asamblea de mujeres, y comenzó su andar con Armando.


Entrega de distinción Hermanos Camejo y Pepe Carril a Armando Morales
 

Él es un hombre con vocación renacentista. Actor, escritor, pedagogo, gestor de encuentros, diseñador, director. Desde el populoso barrio de Mantilla, alejado del centro de la ciudad, llega a la salita del Focsa, se va hasta la Punta de Maisí, a la España de Lorca o a la llanura venezolana, porque tiene ansias de ver el mundo y presentar sus títeres a niños y adultos.

El Guiñol Nacional fue su casa, allí se formaron y protagonizaron una de las más grandes etapas del teatro cubano contemporáneo.Xiomara ha sido fiel colaboradora de los buenos humoristas cubanos. En La divina moneda, bajo la dirección de Osvaldo Doimeadiós, derrochó toda su gracia. Con Carlos Díaz subió al escenario del Teatro Trianón, en La loca de Chaillot, un texto que conocía muy bien porque fue parte del elenco del montaje que hizo Carucha Camejo de esa obra. No tuvo miedo al riesgo y participó también En Fábula del Insomnio, texto de Joel Cano y dirección de Raúl Martín; desde entonces, el Hada es un personaje irremediablemente unido a ella.

Desde Teatro Pálpito conmovió al público hasta las lágrimas en el personaje de la madre en Con ropa de domingo, puesta en la disyuntiva de permitir la partida del hijo soñador, o retenerlo a su lado. Muchos son los directores que le reclaman su presencia escénica, y es una suerte verla representando un personaje, leyendo en alta voz un texto o, sencillamente, como espectadora de cine, danza  y teatro, o asistiendo a la presentación de La Gaceta de Cuba.

Armando es un hombre infatigable. Con 75 años a cuesta no descansa nunca. Nos ha revelado la dramaturgia titiritera latinoamericana, léase Villafañe, Espina, Kike Sánchez Vera, entre otros. Los textos de Dora Alonso y Nicolás Guillén adquirieron otros matices cuando los llevó a escena. Los palpitantes versos del joven José Martí estremecieron al público en ese oratorio que fue su montaje de Abdala. Ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que he visto El panadero y el diablo, esa joya de la autoría de Javier Villafañe que, en la voz y el cuerpo de Armando, se transforma en una gran fiesta para niños y adultos. Discípulo de los hermanos Camejo y Pepe Carril, cercano colaborador de la gran Antonia Eiriz, convierte cualquier espacio del mundo en retablo para contar historias como La república del caballo muerto, de Roberto Espina, reflexión tremenda sobre la esencia humana. En numerosos libros Armando ha registrado sus valiosos conocimientos: obras teatrales, secretos del oficio, profundas reflexiones sobre la vida y el teatro.

Cada edición del Titim presenta el resultado del bregar diario y plantea nuevos retos a los titiriteros y al público.De extraordinarias podrían calificarse las trayectorias de Xiomara Palacios y Armando Morales. El Guiñol Nacional fue su casa, allí se formaron y protagonizaron una de las más grandes etapas del teatro cubano contemporáneo, bajo la inspiración de los hermanos Camejo y Pepe Carril. Desde la salita del Focsa salieron al mundo para multiplicar sus talentos y compartirlo con el público de todas las edades, también para transmitir a los más jóvenes todos sus conocimientos. La Distinción que lleva el nombre de sus mentores reconoce la obra de toda una vida consagrada al teatro de títeres, al teatro cubano, a la cultura nacional, a Cuba toda.

Y llegado este punto, debo aplaudir la feliz iniciativa de la UNIMA-Cuba, la Casa de la Memoria Escénica, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas y la UNEAC de Matanzas, ciudad que se ha convertido, en virtud del trabajo constante de sus teatristas, en el lugar ideal para el teatro de títeres. El Taller Internacional de Teatro de Títeres es fruto de la inteligencia y la capacidad de laborar y soñar de sus organizadores. Cada edición presenta el resultado del bregar diario y plantea nuevos retos a los titiriteros y al público. Este año trajo la buena noticia de que los titiriteros decidieron reconocer la trayectoria de sus miembros más ilustres, dado el olvido al que el Premio Nacional de Teatro ha condenado a aquellos que han convertido el retablo en fe de vida.

Xiomara Palacios y Armando Morales han sellado para la eternidad su amistad de larga data al recibir, al unísono, la Distinción Hermanos Camejo y Pepe Carril. El Guiñol Nacional los unió para siempre porque encontraron en el teatro de títeres un camino para ser felices y para compartir esa dicha con los espectadores.