Del borrador al Premio: radiografía a varias voces

 

José Miguel Sánchez Gómez (Yoss). Presidente del jurado de Ciencia Ficción. Premios Calendario 2017.

Yo ya conocía a cuatro de los autores de los libros y del quinto tenía grandes sospechas de quién se trataba. Los cinco libros eran perfectamente publicables, pero dentro de ellos había dos que destacaban. Aunque nunca nos reunimos y todas las veces que nos contactamos fue a través de la vía telefónica, al final la decisión fue unánime.

El libro ganador, La peregrinación de los dioses de la escritora Malena Salazar Macías, destacaba por encima de los demás.

Tenía un dominio histórico de la mitología egipcia, una cuidadosa construcción y sistema de personajes —los cuentos están entrelazados, de manera que los personajes principales de una historia son los secundarios de otra— y un dominio del lenguaje superior a los demás participantes.

Por una cuestión generacional, los jóvenes son nativos digitales y están bombardeados por los audiovisuales, por lo que escribir fantasía y ciencia ficción es parte de su pensamiento. Hoy se puede decir que el género está mucho más fortalecido que hace 20 años.

 

Eduardo Heras León. Presidente del jurado de Narrativa. Premios Calendario 2017.

La calidad no fue muy alta; están muy bien escritos, pero no sobrepasan la media.

La ganadora utilizó la temática neocriollista, a la cual le dio nuevos bríos y aportó valores originales, aunque está un poco gastada. Se aprecia en su obra un gran dominio de la técnica, elemento que supera los libros premiados en ediciones anteriores.

 

Martha Acosta Álvarez. Libro: Paraíso Perdido. Ganadora en la categoría de Narrativa. Premios Calendario 2017.

Me propuse escribir sobre la Cuba rural contemporánea, que ha sido un tema poco tratado. Me siento muy satisfecha por este premio porque desde pequeña leía los libros galardonados del Calendario, el lauro más importante para los jóvenes escritores cubanos.

Soy de la provincia de Camagüey y me inspiré en las historias contadas por mis abuelos, ancianos, y en otras que uno se inventa como escritor; pero siempre observando la realidad y tratando de ser lo más fiel a ella.

Desde hace dos años soy ingeniera informática, aunque siempre he tenido inclinación a la literatura y por ello pasé cursos en el centro Onelio Jorge Cardoso.

El año pasado obtuve el premio Pinos Nuevos en narrativa y me propuse que el próximo libro tendría una calidad superior. Creo que lo he logrado, y mis planes son seguir creciendo como artista.

 

Malena Salazar Maciá. Libro: Las peregrinaciones de los dioses. Ganadora en la categoría de Narrativa. Premios Calendario 2017.

No sé qué valores encontró el jurado para premiar mi obra, pero todo indica que le gustó.

Una vez una amiga, Soledad Cruz, leyó el libro Nade premio David 2015, y me dijo que era una novela casi profética y que ojalá nunca se llegara a ese futuro que yo profetizaba. Las peregrinaciones de los dioses es una precuela de este libro que va cincuenta años para atrás y nos da una visión más profunda de lo que se va a leer en Naden.

El público va a ser mi mejor crítico, es el que me va a decir lo que le gusta, lo que no le gusta, y me va a ayudar a ser mejor escritora.

Soy graduada del Centro Onelio Jorge Cardoso y me sentía incapaz de escribir; solo después de asimilar los contenidos recibidos y de leer muchos libros, comencé a crear mi obra.

Siempre fui una niña con mucha imaginación y mi familia me inculcó estos elementos. A pesar de que siempre me cautivó la fantasía, ahora estoy escribiendo ciencia ficción, pienso que por impulso de los premios.

 

Natalie Roque Vega. Libro: Paisajes de vida interior. Premio en la categoría de Ensayo. Premios Calendario 2017

El Premio Calendario se encuentra actualmente entre los más importantes reconocimientos que se otorgan en Cuba a noveles escritores. Sus jurados involucran a intelectuales de prestigio. Se ha convertido quizás en una especie de “rito de iniciación” para muchos autores que desarrollarán un quehacer posterior más o menos consolidado.

Para quienes comenzamos a escribir no solo representa la oportunidad de publicar, es también el privilegio de acceder a un amplio circuito de divulgación que incluye espacios televisivos, foros culturales, sitios y revistas especializados. Los libros se presentan y se distribuyen por todo el país en el evento editorial más importante. Tal vez por ello el Calendario ha tributado a la configuración de un registro de voces emergentes; de alguna manera, ha fijado y difundido una imagen de nuestra “literatura joven” a través de los años.

 

Elaine Vilar Madruga

Narradora, poeta y dramaturga

Obtener dos premios Calendario en el año 2013 (el de la categoría de ciencia ficción, por mi novela Salomé y también el de literatura infantil, por el libro de cuentos Dime, bruja que destellas) marcó sin dudas un antes y un después en mi carrera literaria. En ese momento, el campo de la promoción se abrió para mi obra con suficiente fuerza como para permitirme dar una larga escalada en un único y gran salto. Valoro estos premios, sobre todo, porque son eventos de vida en la existencia de un escritor, que muchas veces no se repiten, y que por ende permiten una cobertura prolífica para el trabajo y para la visibilización de la obra que el creador inteligente sabe aprovechar, no como un ejercicio boca-a-boca, de recibir la influencia de los buenos vientos y dejarlo luego todo atrás, sino con las virtudes del arquitecto y el orfebre: gracias a ellos se puede construir una estructura compleja para la promoción de tu obra, solo se requiere una mano fina.

También marcó, en mi caso particular, una mayor cercanía con la AHS como parte de su sistema de colaboradores. De alguna manera, esos premios ayudan a que tu obra sea mejor valorada y más confiable, incluso, para el sistema de editoriales de nuestro país. Es una salida de la sombra, no por el hecho de que el otorgamiento de un premio otorgue mayor luz a una cabeza —asunto este que niego por ética de trabajo—, sino simplemente porque es un instante en que muchas miradas —algunas de ellas significativas— están sobre ti. Emocionalmente, para mi creación, fue también una inyección de adrenalina. Recuerdo entonces que supe, racionalmente y no solo por instinto, que el camino que recorría —si bien largo y a veces agotador— era el correcto, que sus curvas conducían a buen puerto y que no debía temer a los barrancos.

Luego, también, es un premio esquivo: cuesta mucho repetir la hazaña de volver a obtener un galardón, de ahí que existan pocos escritores que sean premiados en diferentes categorías. En el mundo literario joven, puedo decir de primera mano, se espera con inquietud, placer y zozobra, el momento del otorgamiento del premio; se debate, incluso, la labor de los jurados (lo que pienso es también positivo pues genera un pensamiento crítico no unilateral, que siempre es tan útil para todo creador). Los meses previos a la ceremonia de entrega del galardón son siempre momentos importantes para la vida de los escritores jóvenes del país. Todos aguardan, con esperanza, ese Premio Calendario, ese momento de la existencia que puede cambiarlo todo. Y por breves instantes cada uno de esos jóvenes se siente ganador.