Vivir en el teatro

Noventa y un años hubiera cumplido este 29 de enero el gran dramaturgo Abelardo Estorino, quien ya no está entre nosotros, aunque su pueblo se empeña en recordarlo siempre. Por eso, este viernes quedará inaugurada oficialmente la sala teatro que lleva su honroso nombre, en la sede del Ministerio de Cultura (MINCULT),  en calle 11 e/ 2 y 4, Vedado.

Un clásico como Las penas saben nadar ha sido el escogido por la Casa Editorial Tablas-Alarcos y los organizadores de este homenaje del 29 a las 6:00 p.m., con el que la sala-teatro Abelardo Estorino recibirá a sus primeros invitados, aunque, como enfatizó a JR Lizette Martínez Luzardo, responsable de la programación, “este es un espacio abierto al público amante de las propuestas de elevada calidad, y que pretende convertirse en un lugar muy cercano para la comunidad, lo cual le permitirá al Mincult no solo estar más próximo a sus artistas, sino además a la gente”.

De hecho, a partir del venidero fin de semana la entrada es libre para aquellos que requieran saludables emociones y no solo deseen ver a Lulú Piñera asumiendo un monólogo que la inolvidable Adria Santana hizo tan suyo, y con el cual se graduará este domingo del ISA, sino también de apreciar la exposición Parecen carteles que, con el apoyo de la Asociación Hermanos Saíz, curó Samuel Hernández Dominicis para celebrar las nueve décadas de Estorino.

Los mangos de Caín, El peine y el espejo, Ni un sí ni un no, El robo del cochino, Parece blanca y otras piezas firmadas por el Premio Nacional de Literatura y de Teatro, que inspiraron en 2015 a reconocidos diseñadores, ahora animan la galería situada en el lobby de esta acogedora sala, diseñada para casi 90 capacidades, climatizada y con las óptimas condiciones para la presentación allí de espectáculos de pequeño formato.

No se trata de un sitio exclusivo para las artes escénicas, esclarece Lizette, sino uno que le dará la bienvenida a todas las manifestaciones. El único requisito, insiste, es que no se extravíe el rigor. “Será la casa de todos: de los consagrados, y de esos jóvenes defensores de propuestas frescas, experimentales, deseosos de establecer un diálogo próximo con el público. Asimismo con frecuencia se transformará en un foro para le reflexión en torno a la cultura y la sociedad”.

De cualquier manera, Lulú se siente dichosa de tener la oportunidad de agradecerle una vez más al maestro, de quien tuvo noticias desde los dos años de edad. “Crecí viendo y admirando su obra y a Adria Santana, su actriz fetiche, a quien también conocí. Después, en la escuela, cuando empecé a estudiar su legado en profundidad, quise interpretarlo”, cuenta la Piñera a quienes muchos tienen en mente por su desempeño en Rascacielos.

“Hace dos años, exactamente ocho meses antes de su lamentable fallecimiento, yo necesitaba estudiarme algún texto, y entre debates y conversaciones terminó proponiéndome que montara Las penas..., con lo cual él aprovechaba y le rendía el homenaje que quería a la Santana, con el monólogo que protagonizó por tanto tiempo y que iluminó su carrera.

“Te podrás imaginar mi inmensa alegría. Así empezamos a trabajarlo juntos hasta que lo sorprendió la muerte, justo a mitad del proceso... Fue escaso ese tiempo de colaboración mutua con un texto tan difícil, pero resultó muy enriquecedor para mí. Una experiencia que jamás olvidaré.

“Para darle una conclusión realicé un estreno simbólico de Las penas... el 29 de enero de 2014. Ya ves: lo que inició como un ejercicio terminó siendo una obra teatral muy querida que he presentado en Cuba y por el mundo, y con la que me graduaré, eternamente agradecida”.

Fuente: Juventud  Rebelde