Vivir el circo

Piruetas, acrobacias, fantasías, ilusionismo, habilidades extremas… Un torbellino de ideas y expectativas parece aflorar en la imaginación de los avileños cuando se anuncia la visita del circo. Y es que se ha vuelto como un amigo, de esos que siempre regresan cargados de sorpresas y nuevas energías, para no defraudar a sus seguidores, para lograr atraer a los incrédulos, a los menos fanáticos.


Fuerza, pasión por el circo. Fotos: Osvaldo Gutiérrez Gómez y Cortesía del Circo Nacional de Cuba

 

Todos quieren saber qué traen esta vez para complacer al público; la venta de entradas se dispara, la voz se corre, los niños llegan emocionados… Luces, sonrisas, aplausos. Todo lo anuncia: ¡Llegó el circo!

Lo que fue, lo que es…

Cuenta la historia que los orígenes del circo se remontan a la Antigua Roma, por lo que se reconoce como una de las más longevas representaciones de las artes escénicas.

En Cuba también tiene su trayectoria y, según reflejan algunas cifras, data de hace más de dos siglos su aparición, la cual ha tenido todo un decursar hasta llegar (sin restarle importancia a lo que constituyó su proceso formativo) a la aparición del Festival Internacional Circuba, en 1981.

Desde entonces, se muestra al mundo el quehacer de varias generaciones de artistas que apuestan por las variedades de esta manifestación. Hasta la Isla llegan invitados procedentes de numerosas partes del orbe, para confraternizar, para hacer de la capital cubana una gran fiesta.

Este 2017, entre junio y julio, Circuba volvió a conquistar corazones, a mostrar las más variadas técnicas contemporáneas. Pero la alegría no quedó solo en La Habana. A otras provincias se ha extendido parte de lo que allí aconteció, para que en otros rincones del país la gente sienta, se emocione, viva la pasión circense.

Espectáculo adentro

Del 14 al 23 de agosto, Ciego de Ávila abrió nuevamente los brazos a las maravillas que regalan estos artistas, en esta ocasión con el espectáculo Circo es…, que comprende dos actos y 16 escenas, con la participación de cubanos, quienes se unen a invitados de Rusia, Argentina, México y Uruguay.

José Manuel Cordero, a cargo de la dirección artística, explica las particularidades.

“Desde el año 2009, cuando se recuperan los recorridos de Circuba por toda la geografía nacional, las funciones habían sido del tipo tradicional, es decir, los números estaban yuxtapuestos, mediados por un maestro de ceremonia, pero sin contar historia alguna. Sin embargo, en esta oportunidad, optamos por hacerlo diferente, con una unidad temática central que sigue un hilo conductor.


Los payasos, una de las propuestas preferidas por los niños


“Próximo a celebrarse el aniversario 50 de Circuba en 2018, vamos preparando el terreno, y quisimos comenzar a contar su historia. Para ello nos auxiliamos también de los integrantes del Teatro Lírico Nacional y el Rodrigo Prats de Holguín, para combinar la música en vivo a partir de la interpretación de obras clásicas del repertorio mundial y nacional.

“Esto forma parte de una trilogía que comienza con Circo es..., el próximo año seguiremos con El circo por siempre, y luego Viviremos. Como el circo es el espectáculo perfecto de la familia, que reúne a todos sus miembros, este año seguimos el lema “Familia, tradición y esperanza.

“Hemos sentido la acogida del público, que siempre queda complacido con nuestras presentaciones; pero en este caso nos ha sucedido mucho que se nos acercan para felicitarnos, para agradecer a los artistas.

“En el caso de Ciego de Ávila visitamos los municipios de Venezuela, Ciro Redondo y Florencia, además de la ciudad cabecera.

“Tuvimos en Florencia lindas experiencias, en esta nuestra segunda visita. Debido a sus condiciones montañosas, no se puede montar la Carpa Azul, que es itinerante; por lo que tratamos de llevar el circo hasta allí y superó las expectativas. La gente lo vivió, lo sintió, y por eso pretendemos regresar en otros momentos”.

Hablan los artistas

María Lucía Rivero Hernández y Sixto Rodríguez Nogueiras tienen a su cargo el cierre del espectáculo, ese momento que se queda con mayor fuerza grabado en la memoria, por lo que tratan de dejar esa huella, los deseos de que el público decida volver cuando llegue nuevamente la noticia de que el circo se acerca.


Anastasia Klehskina hace gala de su talento en las Telas aéreas

 

Ella cuenta sus experiencias con el número:

“Lo que hacemos es el cambio rápido de vestuario, 14 veces en tres minutos y medio. Verlo en vivo es mucho más impresionante, pues cuando se pone, por ejemplo, en la televisión, la gente piensa que es cuestión de montaje. Nada más lejos de la verdad.

“Trabajamos juntos con esta propuesta desde 2013; se ha presentado en eventos nacionales e internacionales y ha obtenido numerosos premios.

“El público avileño es uno que siempre espero, porque en mi estancia en 2011 fue muy impresionante ver la cantidad de personas que asistieron a la Sala Polivalente Giraldo Córdoba Cardín y este año ha sido muy similar”.

Víctor Miñón, de la compañía independiente Patuá, de Uruguay, está en Cuba desde hace unos dos meses. Participó en la más reciente edición del Circuba y luego se fue de recorrido por la Isla.

“Trabajo con mi compañera Sofía García en un número de acrobacia mano a mano, con el cual hemos recibido la acogida de quienes vienen a vernos. Es la primera vez que estamos en la Mayor de las Antillas y ha sido una experiencia maravillosa el intercambio con los artistas de acá, la convivencia y el aprendizaje, compartiendo la forma de trabajo.

“El circo aquí técnicamente está muy avanzado, aunque, desde mi perspectiva, tiene que enriquecerse con orientaciones más contemporáneas”.

Las barreras del idioma solo pudieron dejar a Anastasia Klehskina, procedente de Rusia, expresar algunas ideas sobre su primera vez en el país, con buenos resultados en el certamen (su primer evento internacional). Comparte la opinión de que ha sido una estancia sorprendente. Su número es de telas aéreas, en el que ha laborado durante seis años, y es sorprendente verla en acción por la complejidad y precisión con que maniobra.


Los hermanos Fabián Enrique y Flavio Augusto González. Mástil

 

Fabián Enrique González y Flavio Augusto González, unos jimaguas de 11 años de edad, sobresalen por su elocuencia al hablar sobre su gran pasión.

Desde los siete años están en el mundo del circo, y aunque ya cuentan en su trayectoria con el Premio Revelación Artística del Festival de Perú, en 2015, es la primera vez que giran por Cuba y tienen el privilegio de ser los primeros niños incluidos en estos periplos.

Ellos hacen acrobacias en un mástil, para lo cual necesitan una fuerte preparación física y un alto nivel de concentración, según relatan.

¿Por qué el circo para su vida?, les pregunto. Y casi en sincronía me responden que porque aprenden a dominar el cuerpo y la mente, y se preparan de muchas maneras para enfrentar retos. Les sorprende la cantidad de personas que ha ido a las funciones, el mejor regalo que puede recibir un artista. Público agradecido que siente, se emociona, grita ante las complejidades de las piruetas, aplaude frente a la precisión y el talento. Gente que se deja seducir por la magia que envuelve al espectáculo y sale con una sonrisa; gente dispuesta a vivir el circo una vez más, cada vez que vuelva.