Vigencia de la prédica de Juan Formell

La cultura de una nación está conformada por la vigencia de hechos cuya trascendencia en el tiempo, les otorga una permanencia que paulatinamente, define la identidad de un pueblo. Por lo tanto, dicho proceso de acumulación, se encuentra en constante evolución determinada por las diferentes variables que inciden en cada momento histórico. En tal sentido, hay figuras del entorno de la música popular que quedan en el olvido, si no lograron el acople de valores artísticos imprescindibles para alcanzar la eternidad, independientemente de que pudieron haber provocado cierta conmoción, pero efímeras por la carencia de un avalado talento. Otras en cambio, como el egregio trovador Sindo Garay, un maestro en las teclas del piano como Ernesto Lecuona o el inigualable Benny Moré y su Banda Gigante entre tantos otros, gozan de la más profunda admiración y respeto del que se diga cubano ahora y para siempre.
 

Juan Formell y el Guille Vilar
Juan Formell en compañía del musicólogo Guillermo Vilar (el Guille). Foto: Cubadebate
 

Orgullosos de contar con semejante cota de profesionales creadores, el maestro Juan Formell cual ancestral patriarca, nos convoca a meditar en torno al alcance de su obra proyectada en la sociedad de nuestros días.

Dueño como nadie de la habilidad para hacer mover los pies mientras sonreímos con la alegría por haber nacidos en la amada Isla, esta indiscutible realidad representa de inicio, uno de sus mayores logros.

Cada vez que aparecía un disco de Juan Formell y Los Van Van, este se convertía en todo un acontecimiento social, pues no solo teníamos la nueva música en los oídos sino también en nuestras bocas ya que como pasa con las series nacionales de pelota, todos nos tomamos el derecho de dar nuestra opinión acerca de la aclamada orquesta. Aunque este sentido de pertenencia era reverenciado tanto por la radio como por las fiestas en nuestras casas, esas en que nadie salía a bailar hasta que no se hiciera escuchar algo de Los Van Van, pero el inusual vendaval emotivo provocado por el aliento patrimonial de la orquesta, tenía lugar en los conciertos. No importaba en qué temporada era ubicada la pieza que se estaba tocando, ni quien era el cantante que la interpretaba.

Se estaba bailando al pie de una orquesta culminante, estelar que no permitía quedarnos sentados. Decidirse a echar un pasillo con el indetenible desbordamiento de música agradecida, significa aceptar una invitación para compartir el hechizo de que mientras mueves el cuerpo bajo el influjo de un singular grado de euforia, a la vez te abriga la certeza de ser parte indisoluble de esa idiosincrasia que revela el universo de la nacionalidad, espontáneos sentimientos que nacen del profundo amor por todo lo que implican esas cuatro letras sagradas que nombran a nuestro país. Estar conscientes del poder de semejante estado de ánimo, es reconocernos al mismo nivel de intransigencia del trovador que clama por el mayor sacrificio en defensa ante aquellos que pretendan dañarnos.

Bailar o sencillamente disponernos a escuchar un disco de Los Van Van durante la etapa en que estuvo Juan Formell, encerraba una multitud de valores éticos, culturales y espirituales que contribuían a hacernos sentir como que dicha orquesta siempre ha estado entre nosotros, inequívoca vivencia por el grado de cohesión social alcanzado en torno a la misma.

Sin haber concebido su obra para que esta sea valorada entre los patrones apropiados de manifestaciones artísticas de exquisita factura como es el caso del ballet, no obstante, Formell logró impregnarnos de la garantía que implica recibir su música desde las excelencias correspondientes a una obra de arte de altura, pero para nada ajena a la nobleza de su basamento popular.

Al analizar los textos de sus composiciones o las aportadas por Cesar Pupi Pedroso al repertorio de Los Van Van, a pesar de saberse como la orquesta que durante más tiempo se ha mantenido en la cima de la música bailable, el maestro nunca se permitió la concesión de recrear letras de un carácter francamente grosero en torno al enfoque del tratamiento de la mujer en sus canciones como un modo rápido de ganar cuestionable popularidad. Una cosa es sonreír ante la picardía de determinada pieza, condimentada por el sabor de nuestro gracejo criollo y otra es tener que apagar la radio o abandonar el concierto por la insolencia desplegada en la obra  de determinados intérpretes del momento actual.
 

Pupy y Formell. Foto: Rafael Lam
 

Es que cuando se es previsor de la responsabilidad social de la obra que cada cual propone como lo ha sido Juan Formell, esto se debe a que, entre otros argumentos, dicha personalidad está signada por una humildad proverbial que lo lleva a renegar de la arrogancia en todas sus manifestaciones. Es a partir de este rasgo que lo caracteriza como persona, que humildemente Formell converge como uno más junto a otras relevantes personalidades, en el compromiso por contribuir con el desarrollo espiritual de la sociedad cubana. Mientras los hay que, por obtener dinero fácil, se permiten caer en la trampa de la banalización de la música por la imposición de modas propias de la sociedad de consumo desarrollada, el maestro jamás desestimó el valor de la tradición cultural heredada, referente decisivo en lo relativo a su capacidad para aglutinar al cubano en torno a la orquesta.

Quienes se crean que a partir de la superficialidad que los lleva a incursionar en el universo de la creación artística, van a enturbiar el profundo pozo de la musicalidad del pueblo, les decimos que no subestimen la capacidad de este para reconocer aquello donde predomina la precariedad de un proyecto determinado a diferencia de lo que verdaderamente constituye en sí mismo, un sólido pilar de nuestra identidad como nación. Tal es el caso de Juan Formell quien a partir del relevante proceder como director de Los Van Van durante tanto tiempo, su legado ha permitido a la orquesta estar en plena capacidad para continuar enriqueciendo la música de auténtica raíz popular.

Cuando se habla del megaconcierto del próximo 9 de diciembre en los terrenos de la Ciudad Deportiva, es mucho más que apropiarnos del lenguaje de moda para intentar exaltar a cualquier entidad que se presente. Es que no cabe otra palabra para anunciar el impacto que significa la reunión de dos leyendas vivas de la música popular bailable como las Orquesta Revé y Formell y Los Van Van. Estamos seguros que la explosión de entusiasmo al bailar con la energía desprendida de la música de ambas agrupaciones, esta será tan fuerte que llegará hasta los maestros Juan Formell y Elio Revé, orgullosos del camino conservado por sus dignos herederos.