Venezuela soberana, la elección de la mayoría

En tan lejano sitio como Australia, por solo citar un país, u otro tan cercano como Colombia, quizás no sepan que el pasado domingo en Venezuela el pueblo asistió a las urnas para definir su futuro. Sin embargo, las campañas de difamación contra el gobierno bolivarian  o llegan tan lejos que no resulta novedoso que en ámbitos de discusión y análisis, en los más diversos niveles de la sociedad en el orbe, solo se critiquen las presuntas irregularidades que podrían acompañar un proceso asediado como el que vive, hacia lo interno, el país latinoamericano.


Foto: Telesur

 

Se divulgan a gran escala supuestas “verdades” como estantes vacíos en supermercados y subidas galopantes de precios, sin decir que todo esto es inducido por grupos de poder económico de la derecha. Pero en esa Venezuela chavista y bolivariana, más de 1 millón 800 mil viviendas han sido entregadas al pueblo y se han creado varias Misiones y Grandes Misiones que implementan y desarrollan programas sociales en los ámbitos de la salud, el deporte, la educación y la cultura, entre otros; siempre en beneficio de los sectores históricamente relegados, y de eso, poco conoce el mundo.

Hubo titulares para los conflictos violentos que generó durante meses la derecha, para las visitas de representantes de la oposición a países injerencistas u organismos regionales doblegados a “ciertos” intereses, para líderes mundiales con declaraciones abiertamente intromisorias; pero lo que no se dice, lo que muchos prefieren callar, es que Venezuela no deja de apostar por la defensa de su soberanía. Lo sucedido en las recientes elecciones regionales es muestra de que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) continúa perfilándose como la fuerza política que mueve a las grandes mayorías.

Según el analista Marco Teruggi, “los resultados de la más reciente convocatoria a las urnas son una señal favorable muy fuerte, de cara a las próximas elecciones presidenciales; sin embargo, se debe trabajar en fortalecer las tácticas políticas de construcción democrática de la dirigencia con las bases, revigorizar el proceso hacia lo interno. Es vital resolver algunos problemas económicos como lo son el aumento de los precios, el abasto de medicamentos y frenar el dólar paralelo, así como tomar medidas que permitan estabilizar la economía”.

A pesar de lo infalible del sistema electoral venezolano, completamente automatizado, la derecha mantiene su postura de no reconocer los resultados. Fue su primera reacción la noche del domingo y, consecuente a sus métodos, con los cuales intentan subvertir el orden establecido, llamó a las calles a sus partidarios. ¡Cuánta descalificación les acompaña! ¡Cuánta falta de pulcritud en su comportamiento! ¿Cuán insostenibles serán sus argumentos cuando su poder de convocatoria se reduce a unos pocos irreverentes? Y es que, a la larga, tanto descrédito acumulado ha terminado por restarle confiabilidad como opción política para la gente.

La Asamblea Nacional Constituyente (ANC), en profundo acto de fe y confianza en el pueblo venezolano, adelantó las elecciones para elegir a los gobernadores estaduales. Consideró necesario encauzar su responsabilidad, escuchando a ese pueblo que le dio su voto el 30 de julio. Y la respuesta le consolidó como fuerza mediadora y decisoria en esa ardua tarea de imponer la estabilidad en todos los órdenes, al interior de la sociedad venezolana.

Las prioridades de la ANC, instancia ante la cual se juramentan hoy los nuevos gobernadores, están establecidas de antemano, pero en el camino se van sumando logros, con la anuencia de las mayorías, esa mayoría representada en los más de 10 millones de personas que ejercieron su derecho al voto y en ese 54 % que prefirió confiar en los continuadores del legado de Hugo Chávez, encarnados en el PSUV y su liderazgo en cada uno de los Estados.

Ante tantas evidencias, valdría la pena preguntarse ¿por qué el señor Luis Almagro insiste, con la tozudez y el desatino habitual, en calificar de ilegítimas las elecciones? ¿Qué autoridad y prestigio ha ganado él, al frente de la Organización de Estados Americanos (OEA), como para que alguien repare en “su” opinión contra los resultados del proceso? ¿A qué “abusos de los derechos civiles y políticos contra el pueblo venezolano por parte del régimen" se refiere, cuando todo el mundo sabe que su fuente es un grupo de resentidos, derrotados ahora por abrumadora mayoría?

Otra voz nada referencial es la del presidente de la cercana Colombia. A pesar de lo difícil que le ha resultado implementar un proceso pacificador en su país, mediación que le hizo acreedor, por adelantado, de un Premio Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos opina que la solución a la crisis son unos comicios generales, con veedores extranjeros y un Consejo Nacional Electoral independiente. ¿Dónde dejó la mesura y la diplomacia de no inmiscuirse en los asuntos internos de otro país, vecino por demás? ¿Hasta dónde puede llegar la osadía cuando pretende fijar una agenda “anticrisis” que violentaría la Constitución venezolana? Y digo más: ¿quién le ha solicitado tal receta?

En este mundo hegemónico y globalizado, los buenos ejemplos no son precisamente los que más atención reciben, porque mientras se replican en medios internacionales declaraciones como esas -de marcado sello injerencista- poco o nada se dice de comunicados como el del Partido de los Trabajadores en Brasil, que reconoció la victoria de unos comicios que evalúa de histórico, porque fueron celebrados en medio de una tentativa de cerco político por parte del gobierno de los Estados Unidos; o del Frente Guazú, de Paraguay, que calificó las elecciones regionales como una fiesta cívica.

Y por si esto fuera poco, la Red Salvadoreña de Solidaridad con Venezuela felicitó al pueblo y el gobierno por la victoria. Desde Nicaragua, su presidente Daniel Ortega y la Vicepresidenta, Rosario Murillo, cursaron felicitaciones por la que evaluaron de “gran victoria de la familia venezolana y el ejemplar modelo de democracia protagónica”. Similares mensajes llegaron a la nación latinoamericana desde Cuba y Bolivia.

Quizás las matrices de opinión repudien lo acontecido este domingo en Venezuela. Puede que en Australia, inviolable referencia de lejanía, dada su posición geográfica “al otro lado del mundo”, no conozcan sobre esta “otra visión” de los hechos; o en la cercana Colombia su presidente prefiera asumir argumentos muy cercanos a los que esgrimen los autodenominados “dueños del mundo”; pero si a algo puede contribuir esta modesta nota ,generada desde el lugar de los acontecimientos, es a validar que en Venezuela el proyecto social que propone la Revolución Bolivariana continúa siendo la opción predilecta de la mayoría.