Esa podría ser una de las maneras de sintetizar la labor realizada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en estas dos décadas de esfuerzos, solidaridades, riesgos y otras hierbas (aromáticas o no), que han poblado estos segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años contenidos en la cifra que ahora celebramos, a lo largo de este 2016, acompañados de tanta gente fraterna que hizo posible, junto a nosotros, esta apuesta a favor de la imaginación y la belleza.
Ahora los hermanitos del éter de La Jiribilla han preparado este dossier para repasar, en las voces de colaboradores de ambos territorios (periodistas, escritores, ensayistas, historiadores, especialistas, amigos y amigas), algunos de los tantos acontecimientos que el Centro Pablo realizó en estos años, dentro de sus programas culturales, siempre con la participación decisiva de sus principales hacedores: trovadores, artistas de la plástica y el arte digital, diseñadores, gentes de la investigación y el pensamiento.

En estas palabras necesariamente breves para iniciar esta fiesta de la complicidad que La Jiri ha organizado, no cabrían los recuentos pormenorizados ni alcanzaría el espacio para los agradecimientos múltiples y queridos.
Por eso la síntesis de lo que quisiéramos compartir en esta breve introducción es la que aparece en el borde superior del texto: la palabra memoria. No es fortuito ni caprichoso que muchos de los programas, las acciones, los sueños y las realizaciones del Centro Pablo lleven esa palabra en su denominación: cuadernos y boletines electrónicos Memoria, Premio Memoria, Ediciones La Memoria, Premio Documental Memoria, libros Arte digital Memoria y Memorias de A guitarra limpia…
Esa memoria mencionada, convocada, rescatada, difundida ―a través de diversos lenguajes artísticos, navegando por distintos senderos de comunicación― ha sido nuestra inspiración y razón de ser.
Esa memoria mencionada, convocada, rescatada, difundida ―a través de diversos lenguajes artísticos, navegando por distintos senderos de comunicación― ha sido nuestra inspiración y razón de ser. Hoy continúa acompañándonos en esta voluntad de seguir siguiendo, de recordar, revivir y agradecer lo que ha sucedido en, desde, gracias al Centro Pablo, en estas dos décadas que no han tenido un desarrollo lineal o fácil ―como recordábamos recientemente―, pero sí la inmensa fortuna de comprobar ―salvo excepciones mínimas, ínfimas, mediocres― la capacidad de dar y recibir, de compartir, de crear a pesar de las dificultades, de no erigir nuevos obstáculos en los caminos de la imaginación y el pensamiento por obra y (des)gracia de las prácticas burocráticas.
En esa labor que muestran seguramente los trabajos incluidos en este dossier, se recuerdan seguramente los hechos que construyeron la memoria que les decía. A la necesidad de contribuir al rescate y la conservación de la memoria de la nación cubana (inspirados en la vida y la obra fecundas de Pablo de la Torriente Brau), incorporamos la creación de lo que será ―ya es, en estos 20 años― la memoria del futuro.
En estos tiempos complejos y difíciles, en que la amnesia ―interesada o ignorante― propone no mirar al pasado, resulta útil, necesaria y prácticamente imprescindible ―en muchos sentidos y territorios― esta vocación que hemos practicado durante dos décadas: saber de dónde venimos, para comprender quiénes somos y hacia dónde vamos. Esa vocación es necesario ejercerla con profundo sentido ético y (auto)crítico, para que los fantasmas siempre tentadores del triunfalismo, la banalidad y el oportunismo, no impidan ver (y tratar de esquivar) los obstáculos que tenemos en los caminos que hoy transitamos. No hay otro camino: recordar para entender, participar y construir. Y seguir siendo y siguiendo.