Urbi et orbi, el títere

Entre nuestras obstinadas iniciativas en torno al teatro, persiste en los últimos años Lente titiritero. Tenía que surgir en Matanzas, motivada por la urbe que encadena acciones continuas a favor de la escena titiritera cubana e internacional. Bajo el manto fundacional del Papalote de René Fernández y el permanente impulso de Las Estaciones, de Zenén Calero y Rubén Darío Salazar, ambos puntos en presente, la así llamada ciudad de los puentes cumple plenamente con su calificativo para el universo de la animación de figuras: traza, comunica, enlaza. De ahí que este boletín, por igual, y siempre en crecimiento, indague y refleje los caminos del títere en Cuba y el mundo.


 

Esta edición quiere significar en particular el papel de la juventud dentro de esta especialidad en nuestra isla, a propósito de los 30 años de la Asociación Hermanos Saíz. Por naturaleza una organización de participación y promoción de los jóvenes, pero cuyo horizonte no termina en ellos mismos, sino que irradia arte hacia todos los públicos.

Lente titiritero número 8, no puede reflejarlo mejor. De principio a fin desgrana imágenes de colectivos cubanos, de distintas partes del país, cuyos resultados no podrían concebirse sin el aporte decisivo de actrices y actores todavía en formación, después de su paso por las escuelas de arte, y ya sólidos en el desempeño y la voluntad.

Ahí están. Armando la orquesta de Superbandaclown los de Teatro Tuyo, de Las Tunas, payasos y animadores de objetos al mismo tiempo. Populares y simpáticos en el dueto de Los Pintores de Santa Clara. Exploradores delicados de nuevos espacios los del Guiñol Guantánamo. Volcados a la calle con figuras en el caso del Mirón Cubano. Y no había luz, de Puerto Rico, también son jóvenes que vinieron a clausurar el reciente Taller Internacional de Títeres de Matanzas. Y todos comparten páginas con el veterano Guiñol de Remedios, en homenaje a sus años y a su desaparecido director Fidel Galbán.

Siempre hay juventud en el teatro, pero no siempre es visible en toda su extensión, la cualidad que esparcen con su trabajo. Lente titiritero las focaliza en primer plano, como realidades y como representación de tantos, y abre el obturador.

Espero que Matanzas, a través de sus instituciones y autoridades, como advirtió hace poco Rubén Darío Salazar, no deje morir la hermosa iniciativa cuya primera destinataria es la propia ciudad, luego proyectada, también desde los títeres, al mundo.