Una tarde con Lepecki

Por fin conocimos a André Lepecki, el teórico de la danza brasileño afincado en EE.UU., una lectura obligada desde hace dos décadas para quienes pretenden adentrarse en los vericuetos especulativos del veleidoso arte de la danza.

Su libro, Agotar la danza ha circulado profusamente en formato digital en los círculos danzarios y teatrales habaneros; en tanto la revista Conjunto publicó el pasado año, en su  Nro. 170 su artículo “El cuerpo colonizado”.

Ahora, mediante una gestión del Centro Teórico-Cultural Criterios y el apoyo de otros cooperantes del esfuerzo, se acaba de presentar en nuestra capital, en el inusual espacio de la Fábrica de Arte con una conferencia sobre sus indagaciones sobre la danza y la oscuridad.

Lepecki, un antropólogo de formación, se ha convertido en una de las más altas figuras en el estudio de las Danzas performáticas y de tópicos de la Teoría del cuerpo.

En la informalidad de la Fábrica, el brasileño —todavía joven para su rango de erudición y con ese hablar pausado pero al que hay que prestar atención, propio de intelectuales de su país cuando tratan de hablar en Español— con la mayor sencillez explicó que trataría de explicar las investigaciones de los últimos cinco años sobre la danza y la oscuridad. Explicó que durante ese tiempo había podido presenciar muchas piezas danzarias que se desenvolvían en el ámbito sombrío.

La heterogeneidad del público presente, mucha gente de la danza pero de diversas visiones y oficios, provocó las más disímiles lecturas de las palabras del brasileño. A la izquierda de este cronista, una estudiante del ISA, afirmaba que la cámara negra resultaba una asesina de la escenografía, en tanto una joven coreógrafa del contemporáneo confesaba que se marchaba con nuevas ideas para su labor creativa.

La profundidad del pensamiento de Lepecki que, a más que un antropólogo, es un filósofo en esencia, expuso diversas visiones de la contradicción luz-tinieblas. Citó un ejemplo de Immanuel Kant en Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime (1764), en plenitud de la Ilustración, en donde el filósofo alemán identifica la luz con lo bello y desdice de lo negro.

De forma amena fue narrando pasajes de la vida en EE.UU., en los que las personas negras debían alumbrarse con una luminaria para ser identificados en la noche.

Así, en una charla agradable, transcurrió el encuentro con el teórico radicado en Nueva York. No hubo debate, cierto, pero tal vez el muy diverso público y la presencia de un traductor no lo propiciaron. Pero ¡qué bueno! Tuvimos junto a nosotros al muy conocido André Lepecki, quien nos deja una grata impresión.