Una revista de la amistad: Cuba y la URSS

El primer lazo diplomático que unió a la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) con Cuba data del año 1943. Mientras en Europa se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial, el embajador soviético ante los Estados Unidos, Maxim Litvinov, estableció la primera embajada en La Habana. Posteriormente, Andréi Gromyko fue embajador alterno ante ambos países y tras el fin de la guerra los gobiernos de Ramón Grau San Martín y Carlos Prío trataron de aislar a los comunistas cubanos. La llegada al poder de Fulgencio Batista, tras el golpe de estado del 10 de marzo, marcó el fin de las relaciones diplomáticas, reiniciadas breve tiempo después del triunfo de la Revolución cubana y consolidadas hasta los días actuales.

En aquel momento inicial se fundó el Instituto de Intercambio Cultural Cubano-Soviético y poco después, el 1ro. de agosto de 1945, apareció el primer número de la revista Cuba y la URSS, dirigida por un reconocido periodista de origen canario, Luis Gómez Wangüemert (1901-1980), establecido en Cuba definitivamente desde los 16 años, vinculado a revistas como Mundial y Bohemia, y creador de una literaria nombrada Talía.  Fue también crítico de teatro y jefe de redacción de Heraldo de Cuba y, posteriormente, jefe de información del diario El Mundo, del que fue director entre 1961 y 1968. Fue secretario del Movimiento Cubano por la Paz y vicepresidente de la Asociación de Amistad Cubano-Soviética. Lo acompañaron en la misión de dirigir Cuba y la URSS el pintor, escultor, grabador y ceramista Domingo Ravenet (1905-1969), de origen valenciano,   también radicado en Cuba y de una larga trayectoria en la plástica insular; Ricardo Riaño Jauma, que había sido activo luchador contra la dictadura de Machado, escritor y periodista, autor, entre otros títulos, de José Ingenieros y su obra literaria (1933); Antonio Quevedo (1888-1977), igualmente de origen español, crítico musical, quien junto con su esposa, María Muñoz, desarrolló una amplia labor, concretada en la revista Musicalia (1928-1932) y en las creación de dos sociedades: de Música Contemporánea y Coral de La Habana, y Emilio del Junco, prestigioso arquitecto. Posteriormente integraron su directiva el poeta y ensayista Ángel Augier (1910-2010), Serafín Ruíz y Raúl Macías.

El contenido variado caracterizó esta publicación mensual, que estuvo dirigida a divulgar noticias sobre distintos aspectos de la vida en la URSS. Además de conocidos intelectuales soviéticos colaboraron los cubanos Juan Marinello, Mirta Aguirre, José Luciano Franco y Félix Pita Rodríguez.

En un artículo debido a Juan Marinello, decía el reconocido ensayista:

La Unión Soviética es como una Babel al revés: los idiomas numerosos no son allí razón de fracaso, como en el caso bíblico, sino ocasión de entendimiento superador. En el choque inicial luce todo allí como seccionado y distante; bien pronto se descubre que la gran fuerza del conjunto soviético está en haber dejado a cada nación su impulso genuino y raigal: la raíz intacta y voluntariosa hasta crecer el árbol patrio; su floración, poderosa por su autenticidad, contrasta y colabora con la de los árboles vecinos. Por eso allí los árboles no impiden ver el bosque; ni el bosque enturbia la vista de los árboles.

El calor de la solidaridad se percibe en este fragmento de “Tríptico de salutación”, de Ángel Augier:

Para tus rojas lunas marineras

como pájaros sueltan su recado

nuestras voces de azúcar prisioneras,

y atraviesa tu espíritu blindado

con su rumos de trópico y palmeras;

¡Salud, ciudad de Lenin, Leningrado!

Textos antifascistas de Mirta Aguirre vieron la luz, como “Palabras por los niños de Kerch”, del que tomamos este fragmento:

[…]

Alguien, en Kerch, mandó que fuera a la

escuela,

las madres supieron encontrar pan fresco,

suaves hogazas rubias,

redondeadas manzanas, un podo de almíbar rezagado, alguna

alegre, dorada, joven, mágica ciruela.

Porque hasta hay guerra y sombre y odio

los niños tienen hambre en la escuela a

mediodía.

Poco después de perpetrado el golpe de estado de Batista, Cuba y la URSS apenas pudo salir en una o dos ocasiones, la última correspondiente a mayo-junio de 1952. Concluía así una etapa de acercamiento entre ambos países, que esta revista llevó a cabo con notables aciertos, poniendo a disposición del lector cubano los más variados temas y problemáticas del que entonces fue el primer estado de obreros y campesinos del mundo.