Una publicaciĆ³n punzante: Fragua

“Sátira, humor, actualidad… y mucho más” se lee debajo del título de esta revista que comenzó a publicarse semanalmente a partir del 23 de agosto de 1936 bajo la dirección de Juan R. Reyes. Tres de los integrantes de su cuerpo de redacción ya eran figuras que frecuentaban los ambientes culturales: José Zacarías Tallet, Miguel de Marcos y José Manuel Valdés Rodríguez. El primero, poeta y periodista, había participado, junto con su amigo Rubén Martínez Villena, en la Protesta de los Trece, en la universidad popular José Martí, en la Falange de Acción Cubana, en el Movimiento de Veteranos y Patriotas y en el Grupo Minorista, acciones todas que colocaron a la intelectualidad cubana en una posición de vanguardia política, en tanto lo eran en el orden intelectual; Miguel de Marcos, también periodista, ya había publicado un libro: Lujuria. Cuentos nefandos (1914), y más tarde alcanzaría reconocimiento con dos novelas: Papaíto Mayarí (1944) y Fotuto (1948). Por su parte José Manuel Valdés Rodríguez se desenvolvía en el mundo del cine en tanto crítico y promotor del bien llamado séptimo arte. Los tres, sobre todo Tallet y Marcos, estaban unidos por un espíritu humorístico y sarcástico, del cual el primero hizo excelente gala en su poesía, no recogida en libro hasta 1951, bajo el título La semilla estéril.

Las páginas de Fragua recogieron artículos sobre problemas políticos, temas literarios y obras de ficción como cuentos y poemas. Tuvo una sección fija redactada por el periodista Juan Luis Martín sobre la recién iniciada Guerra Civil Española. Colaboraron en sus páginas Juan Marinello, Guillermo Martínez Márquez, Gerardo del Valle, Marcelo Salinas, Mariblanca Sabas Alomá y Raúl Roa, entre otros. Como dato de interés contó con la presencia de un nutrido grupo de dibujantes como Silvio, Vergara, Hercar (Hernández Cárdenas) y Roseñada, quienes ilustraron las páginas de la publicación.

De José Z. Tallet aparecieron poemas en los cuales se subraya su espíritu renovador en la poesía, representante esta, como ha subrayado el crítico Guillermo Rodríguez Rivera, del prosaísmo, “sin lugar a dudad, ha expresado, mucho más audaz y renovador que el típico prosaísmo postmodernista” y sitúa sus composiciones, “con mayor propiedad, dentro del marco del prevanguardismo”. Muestra de esta postura lírica es su poema “Confesión treinteña”, texto de gran importancia para entender su noción del mundo:

Yo solamente soy un pobre diablo

que vive su existencia con el perenne afán

(legítimo y humano, desde luego)

de mantener

siempre encendido su farol;

y cuantas cosas escribo o hablo

van

(jugar con fuego)

encaminadas a obtener

que se confunda con el sol.

O como se lee en este fragmento de “Proclama”:

[…]

Yo he cantado las congojas del hombre que no

             puede ser de mañana

y no quiere seguir siendo de ayer:

angustias que a nadie interesan, más que

               experimentan

cuantos, como yo, no son de mañana ni de ayer,

y que están retratados en mis cantos,

con sus debilidades, sus dudas, sus anhelos

y los frenos que no saben o no se atreven a romper.

[…]

Estas y otras muchas composiciones de Tallet estuvieron presentes en Fragua, cuyo último número apareció en febrero de 1937 para acumular un total de 22.