Una imagen en lugar de muchos discursos

“El primer cartel producido por el ICAIC para la promoción de una película cubana de ficción fue Historias de la Revolución (1960) de Tomás Gutiérrez Alea, quien le encargó la obra al diseñador Eduardo Muñoz Bachs. Este cartel reúne elementos que lo identifican como una obra de transición, pues a diferencia de otros carteles producidos con posterioridad este no fue impreso en serigrafía y su formato fue el de mayor dimensión”. Así lo suscribe la intelectual cubana Sara Vega, autora del libro, El cartel cubano llama dos veces, un texto imprescindible para entender y apreciar la tradición de la cartelística del cine nacional.


Cartel  de Salvador de Cojimar


Este volumen fue presentado por el novelista y ensayista cubano Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura, acompañado por el Consejero Cultural de la Embajada de España en Cuba, el Sr. Guillermo Corral y por Ignacio González, director de Ediciones La Palma, de Madrid.

Financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional, en alianza con la Cinemateca de Cuba, el texto es el primero de una colección llamada La bitácora del cine cubano. Según palabras del Consejero Cultural, “el cartel en Cuba tiene una enorme tradición y también se ha ganado un gran respeto y prestigio internacional bien justificado.  


Cartel de Madagascar


Por su parte, Reinaldo González expresó que “el cartel cubano nos enseñó a ser sutiles, a sugerir, sintetizar y a poner una imagen en lugar de muchos discursos; también a construir el buen gusto en nuestra sociedad. Este libro es un objeto muy noble para trabajar con él y descubrir cómo se estructura. Es además un libro bello”.

Su importancia ─apuntó─, está también en la información que contiene. Desde el prólogo, escrito por Luciano Castillo, hasta el minucioso trabajo de Sara Vega, con su empeño de no dejar nada fuera y contar las historias que están alrededor del cartel mismo”.