Un Zoom a Zumbado

Bajo ese título, y en octubre de 2012, Ediciones Líber, en su colección A reír, de la Editorial José Martí, lanzaba una antología dedicada a la obra del primer Premio Nacional del Humor, el Maestro Héctor Zumbado.

“¿Maestro? ¡maes-tropeado!, por no decir…”, tal vez hubiera respondido al oír el párrafo anterior y nos hubiera regalado otro nuevo término de los tantos que acuñó, como cagástrofe, prílogo, perplónito, o curdonauta. Pero, para consternación de todos los que de una forma u otra nos nutrimos de su legado, Zumbado tuvo a bien hace poco emprender su último viaje. Quizá de las pocas cosas que de él, no nos ha dado gracia.

Ante su ausencia física resulta imprescindible hablar del conjunto intersección que cada cual tiene con sus dichos y hechos. En mi caso, no tuve el honor de contar con su amistad personal. Conversamos en varias ocasiones, pero no dispongo del anecdotario de quienes, como Virulo, Tatica o Doime, gozaron —en el sentido amplio de la palabra— de la oportunidad de trabajar, compartir y demás etcéteras con quienes considerado, con justeza, el más grande exponente del humor cubano desde el Big Bang hasta nuestros días. Dejo a ellos, y a otros más, ese tipo de recordatorio.

Mis primeros contactos con Zumbado fueron como lector y espectador. Perseguía, como tantos en los 70 y 80, sus artículos en la prensa y los libros que cada cierto tiempo se publicaban, verdaderas colecciones de sus escritos. También asistía a aquellas sesiones de humor escénico en el Karl Marx donde acostumbraba a escribir y leer las presentaciones de los espectáculos.

Ya en los años 90 comencé a investigar su obra bajo la óptica de alguien más ligado profesionalmente al mundo del humor. En diciembre de 2001, en el evento teórico del Centro Promotor del Humor ¿Piensas ya en el humor?, presenté una ponencia sobre su obra que fue la génesis, luego de un proceso de enriquecimiento, de Un zoom a Zumbado, una década después. Y sobre esto quiero centrar mi sentido tributo.

La obra de Zumbado (antes de la aparición de este volumen y de la antología realizada por Ana María Muñoz Bach, ¡Aquí está Zumbado!, del propio año 2012) está recogida en los siguientes libros:

Limonada, con dos ediciones (1978 y 1981), en la que aparecen 38 estampas costumbristas, escritas entre finales del 60 y principios de los 70.

Riflexiones I y II (1980 y 1985), que recogen en dos tomos 91 artículos de la sección del mismo nombre que publicó en la edición dominical de Juventud Rebelde entre los años 1979 y 1981. 

Amor a primer añejo (1980), colección de ocho cuentos, entre ellos, el que le da título al libro.

The American Way (1980), artículos publicados entre 1970 y 1972 a través de la Agencia Prensa Latina, en los que satiriza diversos temas de la sociedad norteamericana.

¡Esto le zumba! (1981), donde están reunidos 26 cuentos, entre ellos, los ocho de Amor a primer añejo y El tipo que creía en el sol, a mi juicio, uno de los más logrados de Zumbado, un canto a la fe del hombre, del optimismo frente a descreimiento de “los comprimidos, los monocromáticos y calculosos, los plastilínicos y siempre dudosos”.

Prosas en ajiaco (1984), que contiene artículos de carácter publicitario, crónicas de viaje, críticas, sketchs, poemas, entrevistas a él realizadas, cartas de amor y minicuentos.

Nuevas Riflexiones (1985), con 38 riflexiones.

Kitsch, kitsch, bang, bang (1988), donde hay un ensayo sobre el kitsch, que contiene una frase genial que cito: “el mal gusto es el buen gusto de la gente de mal gusto”. Hoy es texto de la asignatura Historia del Diseño en el Instituto Superior de Diseño, universidad de la cual, por cierto, Zumbado fue profesor.

Perfume y olor (1998), edición en plaquette que reúne sus poemas, en su mayoría publicados previamente. 

Todo aquel que se zumbe esas 1498 páginas se percatará que el trabajo de Zumbado, aún a la distancia de los años, impresiona por la sagacidad con que penetra en los más profundos resquicios del entorno social. En efecto, salvo el ya mencionado El American Way, referido a Estados Unidos, su quehacer es un lúcido examen de la sociedad cubana a través del humor y una crítica certera a sus imperfecciones.

El espectro de temas que abarca es amplio, pero es posible señalar algunos blancos de sus disparos, que se desplazan desde el costumbrismo hasta la sátira más aguda, en un derroche de gracia, ingenio y fina ironía:

La burocracia. Este es su tema preferido, según confesión propia. Ahí están: Solicitud de personal, Ajedrez para Morfeo, Mmm... ¡qué curioso!, Las burocratiadas, Lo difícil de nacer.

Los medios masivos. Aquí se incluye la televisión, el cine, el teatro, el libro: La inocencia de la tele, Para bostezar, Triángulo de poliéster, Entre col y col, pechuga, El Noble.

El amor: Cartas de amor, la joyita, Amor a primer añejo, El ligue, Conversación con Cupido.

Los vicios de la conducta social: Ausencio, Timoncio, La desconservación, Los decibeles criollos, Los arboricidas.

El espectro de temas que abarca es amplio, pero es posible señalar algunos blancos de sus disparos, que se desplazan desde el costumbrismo hasta la sátira más aguda, en un derroche de gracia, ingenio y fina ironía.La ineficiencia en los servicios: Llanto por el cambio de turno, La croqueta, Cafencuesta, El tubo de pantalla, El guaguabol, Cómo el queso se convirtió en helado.

Hechos de carácter político: El error, Seis humoristas en Angola, ¡De pie!, El rescache.   

La chabacanería: La letra perfecta, No to er mundo canta ni televisa gueno, Chapucio, y en especial el ensayo ya citado Kitsch, kitsch, bang, bang.

El arte humorístico de Zumbado es la intención seria de decir cosas serias con una sonrisa, y es ahí donde revela un modo propio en el que mezcla, con la misma exactitud de un trago, su vasta cultura con el habla popular, dándonos un producto asequible a todos. Sus textos nos llegan palabra por palabra, así, llanamente. Nos divierten y hacen pensar; nos advierten de la profundidad y alcance del tema que tratan, e invitan a la reflexión, sin acudir a palabras rebuscadas, a aquello que con tanta mordacidad llamó helicrítica —porque tal parece que es hecha desde un helicóptero, inaccesible, y con todos los medios de la Teoría de la Incomunicación.

Sin pretender hacer un exhaustivo estudio de la zumbaescritura y la zumbaestética, es posible señalar algunas regularidades que se observan en una primera aproximación, algo así como un primer hervor al asunto. Estas son:

El uso combinado de lo más popular de lo popular y lo más culto de lo culto, gama en la que Zumbado se mueve con la misma agilidad de un gamo. Un ejemplo de ello es Para otra Marieta que estudia inglés.

La utilización del juego de palabras como recurso cómico que, dicho sea de paso, utilicé en la pleca anterior —por si no se percataron—; a veces, no solo en el texto, sino desde el mismo título, tal es el caso de La jalea está echada, Don Quijote de la Cancha o El asere aegypti.

El arte humorístico de Zumbado es la intención seria de decir cosas serias con una sonrisa.Comenzar con una explicación rigurosa del argumento para después caer, sorpresivamente y de lleno, en el discurso humorístico. Son varios los trabajos en los que aparece este recurso: La bicicleta, Los OBNI —objetos embotellados no identificados— y el ya mencionado El asere aegypti. Quizá el más conocido —por haberlo popularizado el actor y también Premio Nacional del Humor, Carlos Ruiz de la Tejera— sea La guagua.

Está claro que en tanto disección de los problemas sociales de una época, digamos las décadas de los 70 y 80, en las que Zumbado tuvo una incidencia prominente en la vida nacional, podría esperarse la pérdida de actualidad de su obra. Sin embargo, lo sorprendente es que la mayoría de los temas que volcó en sus trabajos siguen siendo válidos en nuestro contexto social, lo que permite establecer una singular empatía con sus nuevos lectores.

En tal sentido, pienso que la obra de Zumbado puede y debe ser fuente para los humoristas de hoy. En mi caso particular, bajo el título de La Ñuela, recreé su poema Rimas malsonantes de una fina sensibilidad erótica, con un resultado que, como él mismo diría, “sólo mi infinita modestia me impide elogiar como es debido.”

No es de extrañar que el mismo Zumbado haya sido fuente de inspiración para otros humoristas. Así lo hizo a principios de los 90 Enrique del Risco con su Plegaria a San Zumbado, en la que supuestamente se le achacan los problemas del período especial por haber sido tan criticón y que, en definitiva, la cosa no era para tanto. O posteriormente Núñez Rodríguez en su Nueva plegaria a San Zumbado, donde el autor le ruega que si está mejorando la situación, haga un esfuerzo por lograr una rebaja en los precios de los productos.

Gracias a la alineación de varios planetas, entre ellos la Editorial José Martí y el Centro Promotor del Humor, pudo ver la luz la antología Un zoom a Zumbado, como un sincero homenaje en ocasión de su 80 cumpleaños y un modesto aporte para dar a conocer las cosas que escribió, su modo de contar y de hacer humor. Sobre todo, a aquellos que no pudieron seguir sus crónicas en los periódicos, ni lo disfrutaron en el teatro presentando algún espectáculo, o, ¿por qué no?, tampoco lo vieron en algún bar, trago en ristre, practicando la curdonáutica.

Lo sorprendente es que la mayoría de los temas que volcó en sus trabajos siguen siendo válidos en nuestro contexto social, lo que permite establecer una singular empatía con sus nuevos lectores.El libro contiene 69 artículos (¡qué casualidad el numerito!... ¿o habrá sido intencional?), que están agrupados según las temáticas que abordó Zumbado, ya anteriormente mencionadas. También incluye un Miniglosario tomado de Limonada, imprescindible para recordar o aprender del vocabulario de la época.

Quisiera terminar con una anécdota personal —quizá la única que merezca contar—, por supuesto, un poco novelada. En marzo de 1996 debía asistir a una actividad en la UPEC donde sería agasajado Zumbado, concretamente con el Premio Marcos Behemaras, merecido por la obra de su vida. Entonces, decidí a hacerle un pequeño homenaje. Nada mejor que redactar algo para ser leído en esa ocasión.

Como la inspiración no llegaba y ya era inminente el día en cuestión, consulté diversas revistas y periódicos. Trataba de hallar artículos sobre otras personalidades que pudieran orientarme en cómo materializar mi objetivo. Al fin, encontré un trabajo en el que se hablaba del conocido músico Adalberto Álvarez, y que decía así:

“En estos días todos comentan el trabajo realizado por el destacado sonero cubano Adalberto Álvarez, por lo que conviene hacer un recuento de su obra”.

“Desde joven se interesó por el son, y en la escuela, en los actos, llamó la atención por su interpretación de El son de la loma y otros sones clásicos”.

“Formó parte de agrupaciones importantes, entre ellas, Son 14. Recordemos de esa época creaciones como Sonero soy, El son de la madrugada y otras”.

“Posteriormente fundó la banda Adalberto y su son, llevando el son cubano a planos estelares, para ganarse con justeza el sobrenombre de El Caballero del son”.

“Por eso, estamos seguros, que mientras exista gente como Adalberto se hace válida la frase de que en Cuba, señores: ¡El son no ha muerto!”.

Como quiera que yo estaba apurado para terminar, y viendo lo bueno que estaba este escrito, me puse a pensar en cómo adaptarlo a la figura de Zumbado sin hacerle muchas transformaciones. Después de analizar el caso concluí que esto era posible con solo dos cambios. El primero resulta evidente: donde dice Adalberto poner el nombre de Zumbado. El otro es más sutil, pero muy sencillo: cambiar la s por la r en la palabra son y en las que de ella se derivan.

Hecho esto, pude tener listo mi homenaje a Zumbado. Ya en la actividad, pedí la palabra en el momento preciso y leí:

"En estos días todos comentan el trabajo realizado por el destacado ronero cubano Héctor Zumbado, por lo que conviene hacer un recuento de su obra".

"Desde joven se interesó por el ron, y en la escuela, en los actos, llamó la atención por su interpretación de El ron de la loma y otros rones clásicos".

"Formó parte de agrupaciones importantes, entre ellas, Ron 14. Recordemos de esa época creaciones como Ronero soy, El ron de la madrugada y otras".                            

"Posteriormente fundó la banda Zumbado y su ron, llevando el ron cubano a planos estelares, para ganarse con justeza el sobrenombre de El Caballero del ron".

"Por eso, estamos seguros, que mientras exista gente como Zumbado se hace válida la frase de que en Cuba, señores: ¡El ron no ha muerto!"

Una vez concluida mi lectura, tuve la prueba más elocuente del agradecimiento de Zumbado: ¡me invitó a un trago!