Un salmo que es un son

 

Cuando decidí escribir sobre este libro me di cuenta que a sus páginas, y por extensión, a su autor, lo acompaña, lo empuja una fe que él mismo crea, y que, por ende, aborrece todo aquello que se le intente vender con significados. ¿Para qué, si él es capaz de crearlos? Por consiguiente, el cuaderno se aleja de lo poético, pues “lo poético es lo contrario de la poesía […] lo que aparece como poético en una cultura quiere decir que ya fue asimilado, deglutido, organizado.” Y aquí “de lo que se trata es de hacer poesía inventando algo que no era poético pero que puede ser poético” [1]. En tal sentido, Lingua Franca [2] vuelve a mostrar una poesía que siempre fue inquisitiva, cuestionadora y de instinto antropológico. Ayer, un tanto más mordaz; hoy, más sabia, humana y lúdica. Por eso somos alertados contra las apariencias, pues en la mesura, en las buenas maneras, en la aceptación, también pervive lo falso. Estos poemas, de elocuente título, nos adentran en los insondables mundos que trazan asuntos como la identidad y la comunicación, y las disímiles relaciones que entre ellas se establecen, pues se aspira al entendimiento común entre las personas más allá de su lengua materna, a través de una combinación entre el español y “la revelación de palabras que introducen otros lenguajes” [3].


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Dicha comunión tiene como premisa la preocupación por la lengua y la estela viva y mutable de sus significados, asuntos que podemos apreciar en todos los libros anteriormente publicados por el autor. Y en aras de ella se buscan nuevas vías, por ejemplo: el autor echa mano a todos los resortes que ponderan y saborean la oralidad, dígase la vuelta a la rima, el reflejo de la copla callejera y la tonada ―quiere unir canto y conocimiento, algo propio de la poesía popular, cuando no pareciera estar de moda―, el término y la oración religiosos, el desvío o recombinación de la sintaxis de un refrán en busca de un nuevo conocimiento; la invención de palabras, o el despliegue de un virtuosismo que toma cuerpo a través de la improvisación preñada de sabiduría, donde aflora inevitablemente el espíritu de los Versos sencillos, de José Martí, o el instinto lúdico [4] a través del cual fructifica la creatividad, la elocuencia, la profundidad y la eficacia expresiva.

En estos poemas la oralidad en sus bordes traviesos apunta a lo cubano, a la copla callejera que Guillén bien reflejó, pero con temas más espirituales [5]. El poeta mezcla ciertos sesgos de la poética de Pound y Eliot con el lenguaje popular, e incluso el tono criollo y mulato de la poesía de Guillén, para hablar de libertad ―tema capital del libro y me atrevería a decir que de la poética del autor― y trazar una filosofía que recurre a lo lúdico como parte de su urdimbre, pues desenfado y rigor se unen a la hora de abordar el lenguaje. En tal sentido hallamos un salmo que es un son [6]. Tal concepto de libertad conlleva una identificación tan fuerte del ser consigo mismo que en ello radica uno de los pilares de su identidad. El cuerpo, el ser, la libertad y las maneras son una misma cosa. La vileza y el egoísmo del mundo convidan, inevitablemente, a inventar la maravilla en tu cuerpo, el castillo en ti mismo sin miedo. Por eso en el poemario se enuncia que la existencia por sí sola tiene sentido, sin esperar nada de nadie, ni albergar o figurarse grandes expectativas; respirar como opción suficiente, suprema, bordadora de vida. En un mundo tan perverso solo te queda ser bueno y construir tu mundo: el que levantas tú sin la bondad ajena. Verdades que a primera vista pudieran resultar amargas nacen aquí en forma de canción, junto a marcas de la filosofía Zen que permanecen, y toda la agresividad que pueda pervivir es la que describes tú con tu cuerpo para alcanzar el saldo que el mundo “debe ofrecer”. El mundo mejor forma parte del mundo peor y viceversa, y ser bueno es la única postura que, aunque parezca increíble, pudiera dar algún destino o dividendo.

En aras de comunión, fe y entendimiento se construye esta poesía y toma cuerpo esta poética. Aquí la poesía es ritmo, entonación, cadencia, canción, copla que pasa, nombre que suena, procesión de nombres que desfilan por la mente con todos y ningún sentido, pero están y avanzan; eticidad que se percibe con las palabras de todos los días, con las metáforas que me permite construir el ámbito del asere; esencia de lo cubano: lo grave y lo ligero dando vueltas en su naturaleza [7]. Son muchos también los guiños a la tradición, palpables en varios rezumos de  su poética, emparentados con las relaciones que se establecen entre existencia, creación, verdad y belleza, lo fructuoso del dolor, y la poesía y la vida como lugares para el sentido sin condicionalidad [8]. El afán comunicativo o la honda comprensión en estas páginas prueban que la poesía, como decía Coleridge, es la facultad que permite al hombre el más pleno conocimiento del mundo a través del equilibrio y reconciliación de cualidades opuestas y discordes: de lo igual con lo diferente, de lo general con lo concreto, de la idea con la imagen, de lo individual con lo típico, de la sensación novedosa y reciente con objetos antiguos y familiares, de un estado superlativo de emoción con un nivel superlativo de orden. Entre el instinto humano, superhumano y la curiosidad o la ansiedad lingüística transcurren los afanes de este libro.

Notas:
1. Edoardo Sanguinetti en Entrevista a Guillermo Piro. Archivo 3 puntos. Blog El palenque, julio de 2007.
2.  Omar Pérez. Lingua Franca. Ediciones Unión, La Habana, 2009.
3.  Ver nota de contracubierta del libro.
4. Dicho instinto toma cuerpo en varias de las intertextualidades que percibimos en el libro, sobre todo en las martianas:
“el amor, Dante, a la tierra
No el apego del veterani”
                                    “Dante's Fool”, p. 21.
“El amor, madre, a la tierra
veamos si es fácil apagarlo…”
                                     “Etnos”, p. 54
En estos puentes con “Abdala” apreciamos la violencia sintáctica de silenciar un sujeto, un complemento y comenzar otro período por la porción que le parece más intensa. Sugiero igualmente  la lectura atenta del poema “Compré ojos”, cuya sintaxis es ejemplo de creatividad y maestría donde un sustantivo puede muy bien esclavizar a otros o darse a si mismo prestancia, y que además ofrece una filosofía de la vida y una lección de historia y metafísica contemporáneas. O del poema “My Jail is blue” que, al igual que la portada del libro sin el nombre del autor,  funciona como una carta de presentación o mano que se extiende, como documento de infinita comprensión, de suprema sinceridad y pacto de paz entre todos los seres humanos.
 
5. Véase el poema “Buffalo Flamenco”, P. 10:
La Metafísica
La Metaespíritu
La meta meta
Dónde la meto?
Dónde la meto?
Plata y picante
Me prometiste
Luna y alambre
tú me dejaste
tú me dejaste
La Metafísica
La Metaespíritu
La meta meta
Dónde la meto?
[…]
En la fiesta del Caballo
Donde yo te conocí
La fiebre tuvo su término
Pero no la calentura
Pero no la calentura
 
6. Véase el poema “Salmo”, pp. 27 – 28
7. Consúltese los poemas “Martí.doc” y “Maceo.doc”.
8.  “como un niño que corre a contárselo todo a su abuela
La repugnante tarea de escribir
Y el reverso debe ser tan bello
Como el verso, caramba.”
                                               “Balade (Promenade), p. 32.
 
“Pues, como sabes, el destino incruento del logos
es hallar en la vida una ceniza ardiendo,”
 
                                                 “Etnos”, p. 54.
 
“Qué harás con tu juguete de estilo,
tu estilete
pues a ti, el escudo, la llave o trozos de basura
no te importan.
Sin ritmo, cero comida
Ni madre que se la meta.”
                                                      “He vivido el jolgorio de las letras”, p. 64