Un musical de lujo

Explícito homenaje del cine cubano al teatro vernáculo, La bella del Alhambra (1989) es, en realidad, mucho más. Enrique Pineda Barnet (Mella, Aquella larga nocheVerde Verde) se introduce en el melodrama, también literalmente y nos devuelve el esplendor, decadencia y caída de una época y un personaje, emblema de la corista devenida símbolo: la mujer que luchó por ascender social y culturalmente, y en buena medida lo consiguió a golpe de talento y voluntad.

De manera admirable, la cinta, que como se sabe bebió de fuentes literarias (Canción de Rachel, de Miguel Barnet, quien también colaboró en el guion) se torna algo que pudiéramos considerar en realidad una “tragicomedia” musical, donde este último elemento deviene auténtico protagonista.

De modo que, compartiendo escena con esa mulata negada a prostituirse en pro de hacer triunfar el arte, su arte (la letra y la solfa) nos enfrenta a un período y un estilo, que el trabajo de Mario Romeu lleva al mejor puerto, devolviendo la esencia mediante un tratamiento contemporáneo que si bien actualiza y enriquece, nunca extravía.

Otros factores complementan ese mérito: dirección artística impecable que recrea esa época, los años 20 del siglo pasado, con la delicadeza y los trazos de un cuadro vanguardista.

Nos devuelve el esplendor, decadencia y caída de una época y un personaje, emblema de la corista devenida símbolo: la mujer que luchó por ascender social y culturalmente, y en buena medida lo consiguió a golpe de talento y voluntad.Nos devuelve el esplendor, decadencia y caída de una época y un personaje, emblema de la corista devenida símbolo: la mujer que luchó por ascender social y culturalmente, y en buena medida lo consiguió a golpe de talento y voluntad. (no repetir, pues está más arriba en el texto)

Resulta destacable la manera con que el realizador logra hilvanar el trasfondo sociopolítico con el drama personal de la estrella, de modo sutil y pericia dramática, lo cual no evita, sin embargo, ciertas caídas en el folletín, con algunos momentos un tanto cursis. Pero no cabe duda, estamos ante una de las obras importantes del cine cubano de todos los tiempos, algo que el público (y la crítica) reconoció en su momento con sonado espaldarazo: La bella del Alhambra ha sido también una de las películas más taquilleras del período revolucionario.

Beatriz Valdés es simplemente, Rachel. Protagonizó una labor encomiable: cantó, bailó, actuó con verdadero derroche de simpatía, gracia y saber hacer. Carlos Cruz (como su inefable maestro), Isabel Moreno, Omar Valdés, Verónica Lynn y un nutrido elenco, la secundaron con análogas profesionalidad y convicción.

Inserta en una modalidad fílmica que aún no tiene la continuidad esperada, La bella del Alhambra constituye, sin duda, reverencia, patrimonio, joya cinematográfica, que recuerda el apotegma martiano: “En la sencillez está la grandeza”, lo cual se confirma hoy, a más de 25 años de su estreno.