¿Un director de escena?

Ante todo, es una profesión que ocupa un largo período en la vida de quien se decide por ella. No se construye un teatro, una poética, una artesanía como director, si no pasas años insistiendo en ello. Los cambios en este oficio no los decides tú mismo, sino que llegan lentamente, desde dentro, por secretas necesidades que descubres en cada etapa de tu vida. La peor tentación que tiene un director en su camino es cambiar cuando una teoría o una poética llegan y lo presionan a seguirlas. Los que hacen teatro derivado de teorías terminan estériles, fuera del oficio, incapaces de renovarse tras los primeros intentos de aprender. Un director trabaja con las paradojas que lo cercan, también con la memoria, la biografía secreta e individual de cada actor, con su propia subjetividad; para lograrlo crea entrenamientos, imágenes, poéticas que serán, tal vez, en algún momento, modelos teóricos de lo que antes fue lenguaje, herida. No al revés. No podemos perder de vista ese orden natural que hace del teatro un espacio instintivo, radical, diverso.No podemos perder el instinto que nos empuja a hablar de lo que somos en los términos que más nos perturben.


Foto: Sonia Almaguer

 

No podemos perder el instinto que nos empuja a hablar de lo que somos en los términos que más nos perturben.

La ficción y la realidad se dan las manos en la oscuridad de este oficio. Nadie puede tener la certeza de cuál es la forma, la metodología definitiva que atrape el presente, que haga entender el presente. Solo hay preguntas que no envejecen: ¿Qué busca un director en el teatro?, ¿para qué lo hace?, ¿por qué insiste en seguir haciéndolo? Puedo dar torpemente mi respuesta: no lo he dicho todo, no lo he contado todo, lo que he visto, lo que sospecho que es decisivo contar y no se cuenta. Quizá no logre encontrar las palabras, las formas, la estrategia para hacerlo, por ello no paro de fracasar, de luchar conmigo mismo junto a mis equipos de trabajo hasta devolver cada vez algo personal, libre de miedo, de la angustia de las influencias, más allá de las dicotomías que hacen perder tiempo y pulso, de las polémicas que desplazan el impacto del suceso teatral en el público. Un director de escena debe avanzar siempre, con todo en contra o con todo a favor. Hasta el final.

Nota: Texto tomado de la Guía del Teatrista, 16 Festival Nacional de Teatro de Camagüey, 2016.