Un combo…dos combos… el combo…

Ya la década del 60 había definido su sonido: el Mozambique, que  comenzaba a permearlo todo o casi todo; pues en materia de música popular cubana la cohabitación ha sido la gran fórmula, y de ello se ha encargado el público, tanto el bailador como el que escucha. Pero el sonido cubano que se impone es totalmente local, no importa si en París algunos perdían la cabeza, se trataba de que el mundo estaba sublimado por la música pop que comenzaba a imponerse y del formato a ella asociado en ese momento y que trascendería: el formato del combo.

El formato del combo tiene sus antecedentes en los trío o cuartetos de jazz, y en los 60 ya las grandes bandas comenzaban a resultar inoperantes, que no es lo mismo que pasadas de moda, para el gusto de los hombres y mujeres que necesitaban expresar las ansias musicales y existenciales generadas en la postguerra. Entonces se entenderá que para nada resultó una novedad que los combos, como formato musical, se hicieran populares dentro de Cuba de este periodo y que se retomaran sus antecedentes. A fin de cuentas “combo” es una contracción de la palabra combination del inglés; y antes de popularizarse el término ya existían formaciones donde se combinaban, con economía de integrantes, instrumentos y tendencias; si lo duda recuerde el formato de agrupaciones como Los amigos o Los Llopiz-Dulzaidez.

El primer combo en hacerse notar en la música cubana de los 60 fue el formado por el músico argentino Eddy Gaitán, que se había establecido en la Isla a finales de los años 50. Gaitán poseía una forma muy particular de ejecutar la guitarra debido a su formación clásica, pero además en sus búsquedas profesionales había trabajado en el sur de EE.UU. por lo que para nada le resultaba novedoso el sonido del incipiente pop ni del rock & roll. Su música, aunque no imitaba a la norteamericana, estaba más cerca del naciente pop que de lo cubano.

Pero Gaitán no fue el único en formar una agrupación de estas características, que atrajo la atención de un sector de la población. Por este tiempo surgió el combo del guitarrista Senén Suarez; cubano y conocedor de los secretos del son, quien ya había hecho carrera como compositor de temas gustados por el bailador como el conocido “Soy guajiro”, que interpretara Benny Moré.

La novedad del combo a la cubana era, además de las dos guitarras, el bajo y la batería, la presencia del piano, que le daba una peculiaridad a su sonido y lo diferenciaba del pop norteamericano e inglés.

En el caso de Senén, en dependencia del espacio donde trabajara agregaba una tumbadora o un cantante más, para complementar el repertorio, en su mayoría interpretado por un sonero de la calidad de Estanislao “Laito” Sureda, que antes había hecho escuela en la Sonora Matancera.

Pero el combo que marcó pautas dentro de la música popular cubana de los 60 fue el que formó y dirigió el pianista Chucho Valdés y donde cantó Amado Borcelá, más conocido por “Guapachá”.

Integrado por Chucho en el piano, Emilio del Monte en la percusión, Paquito de Rivera en el saxofón y la flauta, Carlos Emilio Morales en la guitarra, Fabián García en el bajo y la voz de Guapachá; su sonido experimental para la época estaba cargado de referencias tanto vocales como musicales del jazz, que comenzaba a fusionarse con elementos musicales de aquel momento más toda la impronta del son; y es que Chucho además de un excelente sonero —lo había aprendido de su padre— estaba al corriente de la vanguardia musical de aquel momento gracias a sus estudios con Federico Smith y su amistad con Armando Romeu; quienes fueron los pilares en cuanto a la pedagogía musical contemporánea y los estudios de avanzada; el primero como profesor titular de muchos de los que hoy son nombres importantes de la música cubana; y el segundo no solo como orquestador, sino como trascriptor de los métodos de estudio para diversos instrumentos que se desarrollaban en las más importantes y prestigiosas universidades de música de EE.UU., fundamentalmente en la órbita del jazz.

Musicalmente el combo de Chucho estaba dentro de una vanguardia musical notable para la época y que se acercaba —sin el proponérselo, pienso yo— al sonido que para aquel entonces se estaba desarrollando en la costa oeste y en el medio oeste norteamericano, que involucraba a músicos generacionalmente convergentes y terminaría en el sonido de bandas como EWF, Chicago, BST, Comodoro, Toto y otras que definirán el sonido “beat” dentro de la música popular universal.

Pero Chucho se acercaba musicalmente más al jazz  de la época y  lo comenzaba a fundir con el sonido de las jazz band cubanas que habían tenido como orquestadores a músicos de la talla de Arturo “Chico” O´Farrill, a Ramón Cabrera, Generoso Giménez y a su mismo padre Bebo Valdés; un sonido que también tenía la influencia sonera que se completaba con la voz de Amado Borcelá.

Pero en el cenit de la popularidad de la agrupación la vida juega una mala pasada y Guapachá muere súbitamente, dejando sin asidero vocal un trabajo novedoso que entraba en contradicción con la visión escolástica que sobre la música popular y el jazz estaba imponiéndose y que se escudaba en supuestos dogmas ideológicos.

Pero la música siempre ha sabido superar las visiones erradas que por momento le rodean. Chucho y sus músicos se repliegan y aparentemente pasan a un segundo plano, que consistió en fortalecer su trabajo jazzístico; una labor que convergió en la formación musical más completa de aquellos años y cuya influencia ulterior en la música y la cultura musical cubana, aún no ha sido estudiada en su totalidad: la Orquesta Cubana de Música Moderna, donde convergerá todo el talento de vanguardia de esos años.

Los combos y su música no quedaron en los 60, pero en sus postrimerías aparecerán algunos de marcada importancia para el futuro como Los Cañas y Los barbas, entre otros; que serán los precursores del rock cubano que hoy conocemos.

Otros acontecimientos ocurrirán en estos años 60 que serán decisivos para el futuro de la música, la cultura cubana y continental; y de alguna manera los hasta aquí mencionados tendrán su reflejo en esos sucesos.