Trump presidente

Siempre menciono el libro de Eric Fromm Miedo a la Libertad, porque de ese libro aprendí que hay momentos en la existencia personal y de una nación en que se avanza o retrocede, en que si los pueblos no ven una salida optan por la regresión, o por soluciones de ultraderecha que les devuelvan la seguridad en su incierto futuro.

Fromm analizó el surgimiento de Hitler y su promesa de “Hacer Grande a Alemania de Nuevo”, después de su humillación en la Primera Guerra Mundial, y el fracaso de los socialistas en entender que ese herido orgullo nacionalista era más importante que las reivindicaciones sociales que prometían para la clase trabajadora.

Como los mexicanos hoy, los judíos fueron los elegidos como responsables de la crisis económica del imperio, vieja táctica del Fascismo de buscar culpables externos a sus debacles sociales.

Hoy escucho a los paneles de opinión decir que la culpa de la victoria de Trump la tienen los demócratas por haber optado por una candidata del “establishment”, frente a la única opción que podía provocar entusiasmo y una alianza verdaderamente interracial en la juventud: Bernie Sanders.

Temerosos de su denuncia de Wall Street y del poder corporativo que sustenta los partidos Demócrata y Republicano, no entendieron que después de Obama solo un discurso radical les podía ganar el favor de las masas, tan hartas de la política convencional que eligieron a un profesional de la lucha libre como gobernador de Minnesota en las elecciones pasadas.

Eso lo entendió Trump, cuyo discurso es radicalmente contrario al de Bernie: El retorno del bienestar norteamericano a todo costo y a toda costa, en este caso, de la humanidad.

El cineasta Michael Moore lo había predicho desde julio: Trump ganará porque el pueblo norteamericano en un 70% no confía en Hillary; porque los John Wayne norteamericanos jamás aceptarían a una mujer como presidenta; porque el racismo es una realidad en la mayoría blanca de los Estados Unidos; por el fracaso de la política de Obama, boicoteada por la derecha en todas sus iniciativas, como están haciendo en Venezuela; y porque la clase trabajadora se siente excluida del “American Way of Life”, hecho manipulado por Trump hasta la saciedad como si el resto del mundo y los inmigrantes fueran culpables de que las corporaciones norteamericanas cambien de país en la búsqueda de mayores ganancias.

Es muy pronto aún para decir que Hitler ha renacido en un hijo de inmigrante alemán y escocesa, en Norteamérica. Es tiempo de observar y esperar, mientras cultivamos el jardín propio. Y, para los y las creyentes, rezar no ya por el progreso del 99% de la humanidad, sino por la paz del mundo.

 

Fuente: Blog REDH Cuba