Trova con causa

La Casa de la Trova de la calle Heredia, de Santiago, cumplirá medio siglo de existencia. Foto: René Silvera

 

Canciones, voces y guitarras confirmarán, hasta el lunes 19, su reinado en Santiago de Cuba, ciudad donde nunca han perdido su trono. La versión número 56 del Festival de la Trova Pepe Sánchez es ya una realidad. Se trata del evento de mayor antigüedad entre los de su clase en el país, pues tuvo su primera convocatoria en 1964 y se ha mantenido contra viento y marea.

Su última jornada coincide siempre con la justa celebración del Día del Trovador Cubano, tradición que no solo honra la fecha de nacimiento en 1856 de Sánchez, autor de Tristezas, acaso el primer bolero documentado con credenciales propias en la Isla, sino también a todos los que a lo largo del tiempo han cultivado, reverenciado y disfrutado un modo de expresión que nos define.

Por siete años Eduardo Sosa ha presidido el Festival. No lo ha hecho a título honorario, sino consciente y plenamente comprometido con sus fines y destino. Esa vocación se advierte en las respuestas al cuestionario que le propusimos.

¿Qué puede marcar la diferencia de esta edición del Festival?

Ningún evento se parece al anterior aunque los fundamentos permanezcan inalterables. Cuentan las motivaciones, en primer plano, las que vinculan la trova con el devenir de la Patria. En Santiago surgieron grandes trovadores y en Santa Ifigenia reposan buena parte de ellos. Los restos de Carlos Manuel de Céspedes acompañan desde el pasado octubre, en entrañable cercanía, los de Martí, Fidel y Mariana en el área patrimonial de la necrópolis. Céspedes, como sabemos, cultivó las artes y entre estas la canción. Junto a Pancho Castillo compuso la primera Bayamesa, con versos de José Fornaris y cantada el 27 de marzo de 1851 a Luz Vázquez, novia de Pancho. Será muy linda entonarla entre todos ahora a la memoria del Padre de la Patria.

Coincide este festival con el centenario de cuatro clásicos de nuestro repertorio trovadoresco: Mujer bayamesa, de Sindo Garay; Longina, de Manuel Corona; Mujer perjura, de Miguel Companioni; y Ella y yo, de Oscar Hernández. Y pronto se cumplirá medio siglo de que la modesta vitrina de Virgilio, en la calle Heredia, se convirtiera en la que posiblemente sea la Casa de la Trova más famosa del país. Heredia, esta vez, será la calle de la canción, de arriba abajo.

Intentamos consolidar el perfil comunitario del Festival, con presentaciones en el Segundo Frente, Palma Soriano y otras locaciones santiagueras como el Tivolí, donde nacieron  tantos trovadores y canciones. Eso no quita que haya conciertos en salas como la Dolores. Quisiera destacar un momento especial: el que protagonizarán allí el domingo 18 Annie Garcés y la Sinfónica Juvenil del conservatorio Esteban Salas. Lo siento como testimonio de la continuidad histórica y, a la vez, de la renovación de la trova.


Eduardo Sosa, presidente del Festival de la Trova Pepe Sánchez. Foto: Yaciel de la Peña (ACN)

 

En medio de antiguas y recientes turbulencias mediáticas, no faltará quien piense que la trova, entre los jóvenes, está en retroceso. ¿Es cierta esa percepción?

Que haya modas no me preocupa. Que haya promociones desmedidas e interesadas de las modas, es otra cosa. La diversidad nos caracteriza; coexisten diferentes maneras de hacer y disfrutar la música, todas tienen su espacio, función y momento; y en cada  una de ellas, por supuesto, hay jerarquías. La trova ocupa su lugar y nada ni nadie podrá desplazarla. Claro que esto se manifiesta también de modo desigual. Santiago es una potencia trovadoresca que los músicos y el público se han encargado de defender, al punto que plantean cada vez mayores exigencias a las instituciones que deben promoverla.

En Santa Clara y Sancti Spíritus, por ejemplo, no pierde fuerza ni deja de renovarse. Alegra tener en Cienfuegos un dúo como Así Son, que estará con nosotros. Las tardes del Centro Pablo, en La Habana Vieja, y la peña de los Estudios Areíto siempre están concurridas. Los jóvenes responden, no digo todos, pero sí los suficientes.

Hace 50 años Silvio, Pablo y Noel dieron su primer concierto en la Casa de las Américas y la obra de ellos se halla más viva que nunca. Las canciones que honramos en esta edición del Festival también están vivas en la memoria de varias generaciones, parecen haber sido compuestas para nuestros días.   

¿Qué lugar ocupa Eduardo Sosa en la trama del Festival?

Desde que asumí la organización del Festival mi divisa es servir y no servirme. De ahí que me gustaría más que el público se fijara en lo que van a aportar Pancho Amat, Tony Ávila, Jóvenes Clásicos del Son, William Vivanco, José Aquiles, Annie Garcés, Pepe Ordaz, el trío Palabras, Son del Yayabo y el Septeto Santiaguero, con importantes carteles en el evento. Me han pedido que haga un concierto, pero lo he pensado  desde otra óptica. En una parte me acompañará Andy Ruibal al piano, un músico joven originario de Santiago, con mucho talento. También servir es cantar las canciones de otros y sumar voces a la mía.

¿Cómo piensas, desde ahora, el Pepe Sánchez, en lo adelante?

El esfuerzo tendrá que dirigirse, en lo inmediato, a la preservación y promoción de la memoria del Festival y a su articulación con otros escenarios del territorio oriental. Lo que se exponga y debata en el coloquio teórico no puede quedar ahí; habrá que encauzar su publicación. Los conciertos, previa selección de imágenes y audio, tampoco deben quedar en el momento de su realización. El disco y el audiovisual son imprescindibles. Pero una y otra proyección  dependen de los apoyos institucionales, como la idea de extender la programación a provincias vecinas. La causa de la trova se defiende sola, en verdad, pero se necesitan algo más que buenas intenciones.

Tomado de Granma