Tropezones en la tribuna

Por el triángulo en que Cuba remata hacia el Oriente, andaba haciendo campaña electorera, hace casi un siglo, una delegación del Partido Liberal. 

Llegaron a  Las Tunas. En el parque se reunió una multitud, en la cual las mujeres formaban mayoría aplastante. Teniendo en cuenta este detalle, el orador que primero subió a la tribuna —por cierto, joven y muy apuesto—  comenzó sus palabras diciendo: “No voy a hacer un discurso. Solo vengo a conversar con la atractiva mujer de esta villa, tomando sus manos entre las mías, depositando mi cabeza cansada sobre su seno tibio...”.


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Y ahí mismo se oyó que un guajiro tunero, quien no estaba para que lo mareasen con imágenes poéticas, gritó indignado, con voz que estremeció a todo el parque: “Oiga, ¡lo que es con la mía usté no va a hablar !”.

Las tribulaciones de aquella gira continuaron en Bijarú. Entre los vecinos del pobladito nororiental se contaba cierto Tranquilino, quien quedó designado para presentar a los oradores en el mitin local.

El lío consiste en que Tranquilino tenía sus pespuntes de poeta, y la emprendió con símiles ornitológicos. Al presentar al primer orador, dijo con voz engolada: “Viene a deleitarnos con su verbo el señor Fulano, quien habla como un sinsonte”. Llegó el turno al segundo orador, del cual aseguró el maestro de ceremonias: “Nos acariciará los oídos el amigo Mengano, cuya palabra nos hace recordar a un zorzal”. Y así, el que siguió hablaba como un canario, y el otro tenía la musicalidad de un ruiseñor. 

Pero abusó tanto Tranquilino de aquel recurso, y fueron tan numerosos los oradores, que llegó el momento en que se vio agotada toda la fauna canora. Fue entonces cuando dijo: “Ahora nos deleitará el doctor Esperencejo, quien habla como... quien habla como... bueno, quien habla como otro pájaro”. Y aquello terminó mal, porque el aludido trinó.

Sí. Trinó con una palabra obscena que se oyó como a una legua de Bijarú.