Traspasos Escénicos: un camino
Fotos: Karla Puente
 

Comienza hoy, en la sede de la Universidad de las Artes, otra edición del Foro Internacional Traspasos Escénicos, cuyo eje temático central se enuncia como: “Oficios y destinos de las prácticas escénicas y culturales contemporáneas”.

Coincide, felizmente, con el aniversario 40 de la fundación de esta Academia, por lo que es indudable que afloren preguntas sobre esta coincidencia, y obliga, inevitablemente, a buscar el hilo de Ariadna que nos ha traído hasta aquí.


 

El pensamiento académico ha cambiado y las estrategias discursivas se han visto dinamitadas por el desarrollo de nuevas posibilidades creativas que emanan de la tecnología, las transformaciones sociales y su huella en la recepción estética; por lo que la perspectiva múltiple ha desplazado a una óptica de relación unívoca, y la identidad maestro-discípulo ha tenido que encontrar correlatos prácticos y teóricos para legitimar su eficiencia.

Sin embargo, en la idea fundacional de la institución, existe un vínculo entre aprendizaje y creatividad desde donde parten las estrategias básicas de un centro “formador” de jóvenes artistas. En el caso de la Facultad de Arte Teatral, el camino fue trazado por verdaderos maestros que, desde una perspectiva múltiple, fueron capaces de establecer una identidad entre maestro y discípulo. La perplejidad, la resistencia y la provocación, impulsaron una práctica pedagógica que eligió el cauce de la mayéutica en la búsqueda de las verdades individuales; de modo que los procesos de aprendizaje dejaran atrás la identidad estática de “alumno-que-recibe-saberes-de-un-profesor-que-suministra-información”, y se trasladaran al campo de la capacidad de elección, según la idea de Umberto Eco sobre el tema.


 

Entre esos guías que marcaron los destinos de la enseñanza del Arte Teatral desde una perspectiva de pluralidad y resistencia, hay que mencionar los nombres de esos tres maestros a quienes se dedica hoy este Foro: Rine Leal, Freddy Artiles y Graziella Pogolotti. Creo que no hay que hacer un recuento de sus aportes a la cultura cubana desde su accionar particular, por todos más que conocido; solo apuntar que, cuando se integran a la vida de nuestra Facultad, traen un cúmulo de saberes que ofrecen a los estudiantes recién estrenados con una generosidad ejemplar.

La perplejidad, la resistencia y la provocación, impulsaron una práctica pedagógica que eligió el cauce de la mayéutica en la búsqueda de las verdades individuales.Rine Leal, fundador del Departamento de Teatrología de la Facultad de Arte Teatral, trajo a esta escuela una reflexión en torno a la crítica, más allá de juicios taxonómicos. Asumía el hecho teatral en su esencia última, por encima de logros o deficiencias estéticas, lo que le permitió  trasmitir la idea del teatro como un hecho que se construye en un proceso colectivo y traza una espiral en su desarrollo. Cuando asume la tarea de organizar el Departamento ya referido, lo hace con la autoridad que le dan años dedicados a pensar el teatro, y trae bajo el brazo su investigación estrella, La selva oscura, un paradigma aún insuperable, no por su perfección ni por la impresionante acumulación de información y valoraciones agudas, sino por su capacidad de abrir interrogantes para sus lectores. Es así como propone un modelo de crítico y de la enseñanza de la crítica.

En cuanto a Freddy Artiles, hay que decir que gracias a él, la Historia del Teatro para niños en Cuba se organiza como un material metodológico. Sin la voluntad de Freddy de recoger esa historia, los estudiantes de Teatro de esta Universidad solo hubieran conocido de ella parcialmente y desde una óptica un tanto discriminatoria. A partir de su impulso inicial, este conocimiento se sistematiza y se integra al plan original de estudios, cuyo punto más alto es la creación de un Diplomado dedicado a esta disciplina por lo que, sin dudas, es uno de los pilares principales en la legitimación de una zona de creación que se enriquece  por su accionar en el mismo.

Graziella Pogolotti, o la Doctora, como  casi todos la conocemos,  es una figura icónica del pensamiento en torno al arte y la cultura. Llega a nosotros con un conocimiento práctico y teórico  de los procesos escénicos; baste mencionar su experiencia, mochila al hombro, y acompañada de un grupo de sus alumnos, en los años fundacionales del teatro Escambray, en las lomas del mismo nombre. Con un prestigio probado en las aulas universitarias, es capaz de ver en aquel grupo de teatristas que dejaban el cómodo entorno de una salita en la calle Calzada, un camino que se abría  para borrar las fronteras entre escena y sociedad.

El concepto de la obra teatral como un proceso social, los fenómenos de recepción estética y la legitimación de nuevos públicos, hicieron del Escambray la puerta por donde el teatro cubano encontraría los nexos con el quehacer latinoamericano, y un camino de experimentación que cambió los rumbos del devenir escénico en nuestro país, al demostrar que se podía llegar al gran público mediante un acto de comunicación alejado del populismo acrítico.

Graziella Pogolotti había llegado allí con una envidiable carrera, su espacio individual en el devenir cultural de este continente ya estaba asegurado; sin embargo, optó por el camino difícil porque sintió que era allí donde podía existir una alternativa para un movimiento que había chocado con el conservadurismo más oportunista, y solo con estrategias como esa —y desde el más profundo sentido ético— el teatro cubano podía recobrar su verdadera esencia. Esa es la mujer que llega a Elsinor, donde le espera otro desafío enlazado, directamente, a los destinos del movimiento teatral: la construcción de un vínculo entre pedagogía y arte capaz de ofrecer líneas de integración y participación activa a los procesos escénicos para esos jóvenes que se abrían al teatro a través de años de entrenamiento y formación. Es indudable que sin esa óptica, que defiende en su calidad de Decana de nuestra Facultad, la enseñanza del Arte Teatral en nuestro país hubiera caminado por derroteros excluyentes y poco cuestionadores, peligro al que se enfrentó la Dra. como un San Jorge tropical frente al dragón del esquematismo. Ni siquiera podríamos pensar en un evento como este que hoy nos reúne, sin la perspectiva múltiple desde donde nos enseñó a conocer y abordar los fenómenos escénicos. Su capacidad de involucrar a profesores y alumnos con este compromiso, es el que nos ha traído hasta el aquí y el hoy.


 

Somos resultado de estos Maestros que una vez fueron alumnos y seguidores de otros predecesores; nos integramos a ese fenómeno complejo e interactivo que es el teatro de hoy, a través del enlace con ellos, quienes, a su vez, dan la mano a otros creadores, intentos e iniciativas que hacen la historia de nuestro teatro.

De manera que para los actuales protagonistas de la escena cubana, se abre, gracias a ellos, un espacio  que deben asumir desde la iconoclastia, el rigor y una actitud cuestionadora y productiva que solo será posible si se enmarca en el más profundo sentido ético y de compromiso con el arte y la sociedad que hacemos y vivimos.
 

Nota:
Discurso de apertura del Foro Internacional Traspasos Escénicos, organizado por la Facultad de Teatro de la Universidad de las Artes, en ocasión de los  40 años de creada la carrera de Teatrología en Cuba.