Traspasando roles

Escribo “Traspasos Escénicos” y se agota el ensayo. Escribir de lo que es cercano siempre es difícil, tal vez para otros sea un acto menos complejo; pero en mí lo cercano se enlaza con lo emotivo y se me entumen los dedos en el teclado. Durante los últimos tres años he querido hacerlo, pero siempre lo he pospuesto.

 

El proyecto que encabeza el profesor Eberto García Abreu ejerce una fuerza telúrica sobre muchos que como yo, no les importa el horario laboral interminable. Trabajan durante todo un año para llevar a feliz término este encuentro de unos días, movidos más por la pasión que por algún beneficio económico.

Estoy casi seguro que muchos de los participantes, invitados o maestros no me recuerdan, pero he estado muy cerca de todos y de cada uno de ellos, casi como una sombra. En esta oportunidad, también he sido conviviente sin estar en ningún taller.

Sin embargo, estoy convencido que lo que nadie ha podido pasar por alto en todo este tiempo ha sido la organización y sobre todo las meriendas, almuerzos, brindis, etc. Tal vez si menciono esto, si se acuerden de mí pues siempre estoy inmerso en estos menesteres organizativos.


Performance de inauguración por La Quinta Rueda. Foto: Isabel Cristina Hamze


Algunos amigos me cuestionan e incluso se asombran que durante las jornadas donde el ISA es inundada por “la pandilla de Eberto”, yo deje de accionar como creador y me convierta en un personaje, una especie de funcionario múltiple de pantalones cortos y tenis. Durante esos días guardo el vestuario de escritor o el del director para asumir cuantos roles sean necesarios: gastronómico, mensajero, negociante, abogado, tramoyista, escenógrafo, coordinador, entre otros. Yo ignoro sus preguntas, a veces los malsanos comentarios pues traspasos también me ha hecho crecer como artista.

Creo y defiendo que todo acto creativo reside en las respuestas que seamos capaces de encontrar, de una manera original, a los problemas de difícil solución o que se creen sin ella. Por lo tanto buscar estas respuestas prácticas es también un entrenamiento físico e intelectual que hace que tenga que desplazarme de mi zona de confort. Entonces los coloquios, la observación durante unos minutos de un taller, las conversaciones agitadas, las interrogantes se mezclan en mi cabeza mientras tengo que repartir el tan agradable jugo de naranja o mientras cargo las meriendas y tantas otras cosas. Durante estas horas de descanso que todos los participantes aprovechan para comentar, yo realizo mi entrenamiento: mi cuerpo ejecuta las tareas rutinarias de servir, de contar, de recibir tiquets y mi cerebro revuelve los conceptos teóricos, las conferencias, degusta el convivio con un sorbo de café apurado.

Ya sé que muchas veces mi imaginación completa lo que no puede ver, lo que solo escuché cuando a toda carrera, interrumpí a un maestro para preguntarle por una cuestión administrativa; pero ese acto me genera siempre preguntas que después encuentran su cauce en la teoría o en mi misma obra.

¿Cómo pasar por alto la dramaturgia y el universo del teatro de objetos que Rubén Darío explicaba a sus alumnos?

¿Es posible pasar por alto para el trainig de mis actores el trabajo con la respiración, ritmos, resistencia y dilatación del cuerpo desarrollado por la Isla Secreta?

Por supuesto que no, por eso los muchachos que integran el grupo de teatro que dirijo son “talleristas” de cada convivencia. Ellos serán los protagonistas de nuestra propia poética; pero como casi siempre suele pasar en el teatro, contaminada de herencias, interpretaciones y traspasos de muchos mentores.

Soy consciente que es una oportunidad única para ellos que la semana próxima vendrán a ensayar conmigo, un estudiante de Dramaturgia, un maestrante de Dirección, un guía del trabajo también en construcción. Me regocija saber que escuchan de la boca de mis maestros, Carlos Díaz y Carlos Celdrán, los principios digeridos e implementados en nuestro trabajo de una manera única, como una experiencia viva que como a mí, puedo asegurarlo, los marcarán.

Sé que tal vez en el próximo Traspasos, cuando haya dejado de ser estudiante, otros compromisos laborales me alejarán de mi personaje multi-oficio, pero nunca de este proyecto. Creo imposible abandonar la pandilla. El sacrificio, el ingenio y la entrega del jefe de esta se ha traspasado a mi manera de entender el teatro y el arte.

Termino de servir los casi 200 vasos de jugo de naranja… el olor se mezcla con el recuerdo de la función de Teatro Tuyo… me convenzo que en el ritual de hacer teatro todos los roles son importantes.