“Todo lo que motive el pensamiento `a contracorriente´ es útil”

A propósito de resultar ganadora por Cuba de la IV Edición del Premio Especial “Una especie en peligro”, La Jiribilla conversó con Lillian Álvarez Navarrete.

Este lauro toma su nombre del discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio ambiente y Desarrollo, celebrado en Río de Janeiro el 12 de junio de 1992, donde se refiere al ser humano como una especie en peligro de extinción. ¿Cuánto ha variado la situación luego de 24 años?
En ese discurso Fidel dice que se estaba tomando conciencia de este problema cuando casi era tarde para impedirlo. La situación luego de 24 años es cada vez más alarmante y tenemos cada vez menos tiempo para actuar. El peligro real fue ocultado durante muchos años por los grandes medios, y también hubo muchas campañas dirigidas a cuestionar y desmentir los datos científicos aportados por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático o a acusar y ridiculizar a los movimientos ambientalistas. Hoy casi nadie puede negar que la temperatura en el planeta esté en aumento, pues ya es desgraciadamente un hecho demasiado ostensible, pero esto parece que no ha sido aún suficiente y no se enfrenta este escenario con responsabilidad.

Desde hace muchos años el saqueo de los recursos para satisfacer el modelo consumista y la consecuente quema de combustibles fósiles han provocado un gran cúmulo de desechos contaminantes de todo tipo. Las emisiones de gases de efecto invernadero —mayores responsables del calentamiento global— han  ido en aumento constante hasta colocarnos en una situación límite.


 

En pocos años podríamos estar asistiendo a una elevación de 2ºC a 4°C en la temperatura media global, lo que conllevaría una subida del nivel del mar con consecuencias desastrosas. Inundaciones, huracanes, sequías intensas, heladas, mayor propagación de enfermedades transmisibles, disminución en la producción de alimentos, escasez de agua potable, desplazados, guerras por los recursos, un dantesco panorama nos aguarda ; y si no logramos hacer algo realmente efectivo la especie humana simplemente asistirá a su propia extinción.

¿La alerta lanzada por Fidel sobre el peligro del cambio climático es imperativa? ¿En caso afirmativo, cuán inminente es el peligro que se cierne sobre la humanidad si no se toman medidas urgentes?
Primero habría que decir que no se trata de medidas que se pueden poner en una lista, y cumplirlas en un breve plazo. Ese es el mayor peligro. Se ha invertido mucho tiempo en luchar contra el negacionismo, es decir, contra las posiciones que niegan que estos cambios en el clima son resultado de la acción del hombre, y contra las campañas que he mencionado.

Ahora tenemos que denunciar y demostrar, por todas las vías a nuestro alcance, que la mayor parte de las soluciones que están proponiendo los países desarrollados y las transnacionales son cosméticas, que utilizan los mismos mecanismos de mercado que generarán otros problemas y ni siquiera se acercan a atenuar la desigualdad. Estas medidas, que sobredimensionan el papel de la tecnología, no lograrán resolver nada si no van acompañadas de cambios estructurales y culturales profundos, y en estos aspectos centro también mi trabajo.

Fidel, en una de sus “Reflexiones”, en el año 2009, dijo que hasta hace muy poco se discutía sobre “el tipo de sociedad en que viviríamos” y que hoy de lo que se trataba era de discutir “si la sociedad humana sobreviviría”. Para los que conocemos su capacidad de prever los acontecimientos futuros, estas palabras resultan estremecedoras. Y ya han pasado siete años.

En el 2015 se rompieron todos los records de altas temperaturas, y se pronostica que en este 2016 serán superados. Se habla, por ejemplo, de que producto del deshielo y de un rápido aumento del nivel del mar se producirán cambios en las líneas costeras que afectarían a muchas grandes ciudades e islas en este propio siglo. También se pronostica la extinción de un importante número de especies y decrecimiento en la producción de alimentos. Eventos extremos, como tormentas, sequías, deslaves e inundaciones, ocurrirán con mucha más frecuencia en nuestro planeta.

El acta del jurado que premió Koyaanisqatsi congratuló el reconocimiento que usted plasma en su trabajo en relación al pensamiento precursor de Fidel con respecto a esta temática, sobre la cual alertó en múltiples ocasiones, ¿cuán vigente permanecen sus ideas en torno a este tema? ¿Considera que esta visión fue adelantada para su momento?
La visión de Fidel en este tema es muy adelantada. Él se refirió al equilibrio del desarrollo humano con las leyes de la naturaleza y a la necesidad de no violarlas en fecha tan temprana como 1964. Aún no había comenzado el debate internacional sobre estos temas —en 1968 es que se celebra la primera conferencia internacional en la que se discuten contenidos ecológicos— y la mayoría de las catástrofes que pusieron al mundo a meditar sobre estos problemas no se habían producido: la de Seveso, Italia, las mareas negras provocadas por accidentes de barcos petroleros, los derrames y escapes de sustancias químicas de los 60 y 70.

Luego en varias ocasiones se refirió al reto futuro de enfrentarse a las consecuencias del actuar del hombre sobre su entorno. En 1992 es histórico el discurso que ya mencionaste. Duró solo siete minutos y tiene un nivel de síntesis verdaderamente asombroso. Cada línea contiene una profunda reflexión sobre la tragedia. Responsabiliza a las sociedades capitalistas desarrolladas con exportar modos de vida insostenibles a los países pobres, lo cual resulta particularmente trascendente para entender la dimensión cultural del problema, o sea, la idea de que el Norte no solo saquea los recursos naturales del Sur, sino que a través de los medios, la publicidad, la industria cultural y del entretenimiento, fomenta esos patrones insostenibles a escala universal. Hoy, con el proceso de globalización y los avances vertiginosos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, esto se ha convertido en un grave problema del cual no escapa ninguna sociedad y la magnitud de sus consecuencias es cada vez mayor.

Un aporte muy importante de este discurso a las discusiones es la idea de que no se puede culpar a los países pobres que han sido siempre explotados y saqueados y que la solución no puede ser impedirles el desarrollo a los que más lo necesitan. Habla también de la deuda ecológica que tienen los países desarrollados con los subdesarrollados y la necesidad de modificar el injusto orden económico internacional como premisa. También hay otro documento, un Mensaje a los Jefes de Estado presentes en esta misma Cumbre, en el que incluso critica ya  algunas propuestas basadas en la llamada economía “verde”, que ha adquirido después tanto protagonismo.

Diría que en el pensamiento de Fidel los países subdesarrollados tienen hoy una plataforma conceptual insuperable para encarar sus retos en el campo de las negociaciones y debates internacionales en estos temas.

La titular del CITMA, Elba Rosa Pérez, ha dicho que París (Conferencia de las Partes, París 2015, acerca de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático) constituyó punto de comienzo para una nueva etapa en el enfrentamiento de la humanidad al calentamiento global. ¿Cómo valora el impacto de iniciativas como este premio para llamar la atención y ganar en conciencia social sobre este fenómeno?
Pienso que todo lo que sea motivar el pensamiento “a contracorriente” es útil. Y debíamos lograr una mayor participación y difusión de concursos como este, que motiven el ejercicio del pensamiento crítico, que desarrollen una mirada descolonizadora, que cuestione, que desarticule, que rompa la lógica del mensaje dominante. El pensamiento hegemónico cuenta con todos los medios imaginables para su difusión, y penetra sutilmente y luego nos descubrimos admirando a nuestro enemigo por ofrecer una mínima solución a un gran problema del cual es el principal responsable.

Creo que hay que divulgar qué pasó realmente en la COP 21. Es verdad que se logró que todos los países se unieran en un acuerdo mundial y que el debate climático atrajera la atención de los medios, lo cual es algo significativo; pero hay que decir también que el acuerdo en sí mismo no resuelve nada. Es un punto de partida, sí, pero debiéramos estar ya en medio del camino, no podemos darnos el lujo de festejarlo como un logro. Es un acuerdo en el que los compromisos de disminución de emisiones presentados por cada país son de cumplimiento voluntario.

Se habla de una meta de evitar que la temperatura media de la atmosfera a nivel global aumente 2 grados con respecto al periodo pre-industrial, meta que equivale a una sentencia de muerte para muchos pequeños estados insulares que simplemente desaparecerán si esto sucede. Con el objetivo de acallarles, se incluye en el texto que se hará “todo lo posible” para que no llegue a 1,5. Esto es una burla si tenemos en cuenta que la suma de todos esos compromisos voluntarios lleva en su conjunto al incremento de 2,7 grados o más de temperatura de la atmósfera, muy por encima de lo considerado aceptable y que además la mayoría de estos compromisos están condicionados a que se les ofrezca a estos países ayuda financiera para poder cumplirlos.

Es un acuerdo que no habla de cambio del modelo energético, que no habla de derechos humanos, ni de pobreza,  ni de desplazados climáticos, que no obliga a nadie efectivamente a proveer del financiamiento necesario a los países pobres. Un acuerdo que excluye los sectores de la aviación y el transporte marítimo altamente contaminantes, que no critica al modelo agrícola que está intoxicando al ser humano, ni a las prácticas extractivas más dañinas. Un acuerdo vago e incoherente para satisfacer todos los gustos y tomarnos el pelo mientras los recursos se siguen agotando, los países desarrollados siguen derrochando y mientras poblaciones enteras son barridas de la faz de la tierra por desastres cada vez más mortíferos.

De un modo u otro la batalla para frenar el calentamiento global es una manera de luchar en defensa de la humanidad ¿Cómo considera qué puede contribuir este ensayo en materia de conocimiento y aporte de herramientas para quienes desconocen (o no) el tema y desean contribuir y sumarse a esta batalla a favor del medio ambiente y el desarrollo sostenible?
Trato de exponer mis ideas en el trabajo de manera sencilla y explicar qué sucede en este tipo de negociaciones. Denuncio algunas estratagemas que se utilizan: complicar o retardar el proceso de la negociación, favorecer opiniones no consensuadas ni aprobadas, falsear resultados, impedir la participación plural en la discusión de los textos, intentar definir los asuntos álgidos a puertas cerradas e influir por métodos turbios sobre organizaciones y representantes de gobiernos. Uno se imagina estos procesos mucho más transparentes: pero, cuando están en juego grandes interese, como es el caso de las corporaciones petroleras, por solo citar un ejemplo, estas tácticas se usan sin el menor fundamento ético, desde posiciones basadas en el egoísmo más feroz e irresponsable.

Por otra parte en el trabajo abordo también otros mecanismos de la construcción cultural del sistema  que pocas veces son objeto de análisis como parte del pensamiento ambientalista: el marketing, la publicidad, la obsolescencia programada percibida y por último el sistema de propiedad intelectual.

Es inconcebible que luego de años de negociaciones climáticas no se haya logrado el desembolso de una suma inicial de 100 mil millones de dólares para apoyar a los países más vulnerables y que en este mismo planeta se proyecte gastar este año cuatro veces esta cifra por concepto de publicidad. Una publicidad que se empeña en crear falsas necesidades para que haya un mayor consumo no importa de qué objetos. Sin atender tampoco cuántos recursos naturales se invierten en su fabricación ni cuántos desechos generará una vez que sea descartado su uso. Una sociedad no puede ser sostenible si su economía se basa en la búsqueda a toda costa de ganancias y no en la satisfacción de las necesidades humanas. Algo similar sucede con la propiedad intelectual.

¿Cómo podemos aceptar un sistema jurídico que nos exige esperar a que transcurran 20 años para hacer uso de una tecnología que nos pueda aportar una solución para revertir el colapso ambiental al que estamos abocados? Las corporaciones de los países desarrollados exigen el pago de altas sumas para transferir esas tecnologías sin tener en cuenta que cada vez queda menos tiempo y que lo que está en juego es la supervivencia de la especie humana. 

Creo que debemos escribir más, divulgar más estos temas y no esperar a que nadie nos diga qué debemos hacer. Es nuestra responsabilidad para con nuestros hijos y nietos, cuestionarlo todo, denunciar las maniobras esquivas, alertar acerca de cómo el modelo consumista, individualista, derrochador y competitivo, es el causante de esta debacle a la que hemos llegado y que solo un modelo distinto de convivencia responsable, que tenemos que construir nosotros mismos, lograría detener esta carrera loca hacia el abismo.