Tiza, sí, pero indeleble

Más que un punto de giro, la Primera Bienal de Diseño de La Habana colocó un gran signo de atención sobre el trabajo de esos profesionales en la Isla y su inscripción en el contexto internacional. Por varias décadas, la Oficina Nacional de Diseño (ONDi) y otras instituciones relacionadas con esa labor en el país han procurado elevar la calidad, el rigor y la importancia de la rama en las diferentes esferas del desarrollo, desde las más simples y cotidianas, hasta las más abstractas o complejas, como puede ser la percepción de la “imagen Cuba”.

El saldo de este primer encuentro, en el que participaron cerca de mil personas entre representantes cubanos y extranjeros, puede resumirse en la conquista de espacios necesarios —y merecidos, debo añadir— para el diseño y sus profesionales. A ello tributó, precisamente, la primera edición de La Tiza, revista especializada de la ONDi que, como expresa su introducción, “abre puertas y ventanas a todo aquel, o aquello, que lata al ritmo del diseño cubano, dentro o fuera de las fronteras isleñas”.

Bajo la premisa “Diseño es prosperidad”, La Tiza recoge en sus páginas varios artículos sobre la evolución de esa materia en Cuba y algunos hitos de su historia. Entre estos vale mencionar la fundación de la ONDi, en 1980; la inscripción de 2200 profesionales durante el 2015 en el Registro Nacional de Diseño; y el lanzamiento de la Marca País.

Bajo la premisa “Diseño es prosperidad”, La Tiza recoge en sus páginas varios artículos sobre la evolución de esa materia en Cuba y algunos hitos de su historia.En cada uno de estos trabajos destaca la intención de fomentar la cultura del diseño en Cuba y llamar la atención sobre las oportunidades de crecimiento que ofrece en aras de la innovación y el desarrollo.

Sobresalen en ese sentido “Cuba y su Marca País”, de Gisela Herrero García, quien expone las potencialidades de ese instrumento de competencia en el entorno nacional e internacional; y “El diseño gráfico en la era de la comunicación”, ensayo escrito por Joan Costa “con admiración para los diseñadores cubanos, profesionales, autodidactas, investigadores y docentes”, como expresó el mismo autor.

Otros artículos abordan, en cambio, diversas iniciativas encaminadas a visibilizar la presencia del diseño cubano en los nuevos escenarios económicos y en la vida cotidiana. Para ello Roberto Miguel Torres, Ibet García y Carmen Gómez recurrieron a las experiencias de Diseño en todo sentido y a Razones para vestir lo nuestro, campañas que en el 2015 impulsaron la creatividad de los artistas del patio y movilizaron varios sectores de la industria nacional.

Con un colectivo inicial de nueve autores y el auspicio de la ONDi, La Tiza pronto se erigirá como la revista por excelencia de los diseñadores en Cuba. Ya vimos sus primeros trazos, y por lo profundo de su calado podemos decir que esta tiza, “la nuestra”, será indeleble.