El célebre cantante británico Ozzy Osbourne llegó este fin de semana a la capital cubana junto a su hijo en una visita privada que se extenderá a lo largo de casi una semana.
Cuando terminaron, que se despidieron tan respetuosamente y vi que no había nada más, fue que sentí que lo dieron todo.
Para muchos, ver a los Stones significó saldar una deuda con su juventud; para otros, un encuentro con la leyenda; algunos habrán visto la oportunidad de presenciar un derroche de tecnología como nunca antes en la Isla; y seguramente hubo quienes solo quisieron decir “yo estuve ahí”.
Nuestro pueblo ha tejido una lucha de resistencia admirable, de conservación y renovación de lo que tiene, entre ello, viejos carros, hasta lograr que estén nuevos tras seis o siete décadas de explotación. Con inteligencia, emprendimiento y tesón se ha logrado vencer el paso de los años… ¡Caramba! Eso mismo han hecho Mick Jagger y sus legendarios Rolling Stones, de ahí que los vea como los almendrones de la música británica.
Dicen que la multitud sobrepasó el millón. Cuando “Satisfaction” anunció el final, pensé que Los Terrestres habían adelantado en más de 50 años el inicio y el cierre de este concierto. Me quedé en el aire cuando se apagaron las luces, y de regreso a casa todos íbamos tarareando canciones, hasta hoy.
Tanto para los espectadores como para los protagonistas, el concierto del 25 de marzo en La Habana fue un acontecimiento socio cultural que quedará registrado en la memoria de los que tuvimos la suerte de presenciarlo. Cubanos y Stones quedaron desde ese día hermanados por la atmósfera de respeto y entendimiento que alcanzó este inolvidable concierto.