¿Teatro político en Cuba? A propósito de Peter Weiss

Dice Pedro de la Hoz, al recordar el centenario de Peter Weiss, que parece no estar de moda el teatro político.

Es una apreciación inexacta. El teatro político se sigue haciendo en todo el mundo. Ha cambiado de rostro, de lenguaje, de estrategias. No se parece, por supuesto, al preconizado por Weiss más de 50 años atrás, pero lo que importa, en definitiva, son los principios, los sustratos, las vísceras sociales en escena.

Teatro político en Cuba
CCPC, Teatro El Portazo, de Matanzas. Un cabaret político. Foto: Sonia Almaguer


Pongamos dos ejemplos calientes:

En la Semana de Teatro Alemán nos acompañó Stefan Kaegi, unos de los fundadores directores del equipo alemán de Rimini Protokoll. En el ciclo de conferencias que impartió en el Museo Nacional de Bellas Artes, mostró y comentó sus numerosas intervenciones públicas, realizadas en distintos formatos por toda Europa. ¿Quién podría decir que no es teatro político incisivo y anticapitalista, además de inteligente, creativo y brillante en el plano técnico y conceptual?

Acaba de finalizar la tercera gran visita colectiva a Cuba del grupo multinacional Odin Teatret, asentado en Dinamarca hace 50 años. ¿Quiénes vieron La vida crónica y Las grandes ciudades bajo la luna, no asistieron a un teatro político?

Los avatares de una sociedad futura, por desgracia presente, atravesada por la guerra, la pérdida, la dureza del “destino”, el dolor y la violencia, la emigración y los desplazamientos forzados en La vida crónica, ¿no es teatro político?

Los textos de Brecht y la propia memoria de la larga trayectoria del Odin Teatret, renovados por la realidad del mundo, presentados de forma transparente y profundamente emotiva, haciendo añicos tantos mitos sobre el propio grupo, son otra prueba al canto en Las grandes ciudades bajo la luna.

Del teatro cubano podríamos listar numerosos espectáculos que convierten la platea en ágora social y política. Pasa realmente que quienes no asisten al teatro, no se pueden enterar de que el teatro político está vivo y cambia.