Stefanowicz no es solo un contratenor

 

El registro vocal masculino más agudo es de por sí llamativo. El maestro Leo Brouwer reunió en La Habana a varios de los más emblemáticos representantes de esa cuerda en el Festival Contratenores del Mundo, un acontecimiento singularísimo, pues, que sepamos, en los circuitos internacionales de música de concierto no existen antecedentes.

La importancia de la cita, sin embargo, pasa por el sedimento cultural que deja. Más allá de las muestras de virtuosismo de los intérpretes, la capacidad de estos para recrear artísticamente y comunicar los repertorios permite asegurar la siembra de referencias perdurables en los auditorios.

A la convocatoria de Brouwer respondió un músico excepcional: el polaco Artur Stefanowicz, quien comenzó a despegar cuando en 1990 se alzó con el primer premio en un concurso mozartiano de canto celebrado en Viena. Desde entonces se ha presentado con éxito en festivales efectuados en Londres, Palermo, Innsbruck, Dublín, Estrasburgo, Amsterdam y Montreux; ha asumido papeles operáticos en teatros norteamericanos, británicos, franceses, italianos y alemanes; y acumula una consistente discografía en la que sobresalen álbumes dedicados a Mozart, Handel, Monteverdi, Pergolesi y Scarlatti.


Fotos: Kike


Stefanowicz concentró su concierto habanero, en el teatro Martí, en dos autores: Mozart y el italiano Nicola Porpora. Del genio salzburgués seleccionó arias de óperas escritas en el tránsito de la adolescencia a la juventud: Apolo y Jacinto (1767) —en realidad un entreacto escrito bajo los principios de la ópera barroca italiana— y Ascanio en Alba (1771). De tal manera, el público cubano pudo acceder a piezas apenas frecuentadas en nuestro medio.

Las obras de Porpora fueron para muchos un descubrimiento. Este músico napolitano, nacido en 1686, tuvo hace algunos años un fugaz paso por las pantallas de los cines como personaje casi irrelevante, dentro de la película Farinelli. Si el filme logró alguna trascendencia fue por haber tocado un tema aberrante, como es el de las atrocidades que, en la búsqueda de cierta belleza musical, la sociedad europea cometía sobre niños prepúberes que tenían la mala suerte de cantar bien, y en haber recurrido, además, a ciertos recursos tecnológicos inusitados para crear un tipo de voz que pudiera ser identificada como propia de un castrado.


 

Porpora fue el maestro del castrado Farinelli. Pero también escribió óperas atendibles y enseñó los secretos de la composición a Haydn. Entre sus obras vocales destacan las que Stefanowicz regaló al público habanero: Destatevi, destatevi o pastore y Abbandonato e solo, cantatas para alto que figuran hoy entre los repertorios recuperados para las voces de contratenor.

La voz de Stefanowicz sobresalió por el fraseo con que abordó las obras incluidas en el concierto. En el estilo está su fortaleza.