Son con trompeta, cornetín y clarinete

La primera trompeta

El primer sexteto en incorporar la trompeta —al menos en disco— fue el Grupo Apolo, del cual poco o nada se sabe, salvo que realizó sus tres únicas grabaciones en La Habana el 22 de abril de 1927, dos de ellas instrumentales. Hasta hoy se ignora el nombre del trompetista que tocó.

El famosísimo Sexteto Habanero utilizó en sus primeras grabaciones un cornetín de llaves, a cargo de Enrique Hernández. Por primera vez apareció ese instrumento en la conga “La Chambelona” (versión que no posee letra de intención política alguna), grabada para la misma casa discográfica —Víctor— el día anterior, o sea, el 21.


Sexteto Habanero, 1929. Fotos: Cortesía del autor


Por aquellas fechas, los técnicos de grabación experimentaban con los planos sonoros de captación del sonido a través del procedimiento eléctrico que entonces apenas contaba con dos años de haberse implantado. Nada de extraño tendría que las tomas del Grupo Apolo sirvieran para “buscar” el mejor modo de registrar el sonido de la trompeta.

Aunque con anterioridad, desde los tiempos del cilindro, se habían grabado bandas de música y sobre todo orquestas típicas de danzones —con trombón, fligle, flauta, clarinetes…—, resultaba un reto conseguir un balance eficaz de un solo instrumento de viento en el ambiente del grupo de son —tres, guitarra, contrabajo, botija, maracas, claves—, además de hacer inteligibles las voces del coro y destacar el papel del cantante solista; tarea ardua para un solo micrófono. Por esa razón, conjeturamos, es el carácter instrumental de dos grabaciones del enigmático Grupo Apolo (“Clara” y “Tus pupilas”), raras muestras de son cubano sin canto. Todo parece indicar que se trata de episodios fonográficos experimentales.

El tercer registro impreso por el Apolo (este sí, cantado) fue “Los hombres no lloran”, que en la placa comercial fue atribuido a María Teresa, razón que obedece a que el Sexteto Occidente de María Teresa Vera había grabado y popularizado este son.

En la etiqueta del disco del Occidente, “Los hombres no lloran” aparece con la firma de Julio Torres [Biart], tresero de ese grupo y compositor de números del repertorio occidental, como “Adriana” y “Ven a verme, Soledad”, grabados en 1926. Otros dos sones de Torres Biart, “No te preocupes del mundo” y “Si me lleva a la playa voy”, fueron impresos en placas de 1928 por el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro.

Después del cornetín de “La Chambelona”

No aparecerá instrumento de viento en discos del Sexteto Habanero hasta los seis números que realiza en Nueva York el 20 de octubre de 1927: “Cómo está Miguel”, “Rosa, qué linda eres”, “Trigueña”, “Pájaro lindo”, “Elena la cumbanchera” y “Romántica mujer”. En la misma sesión, y al día siguiente, el grupo actuó como sexteto en quince caras de disco [1].

Aunque en el mes de febrero de 1928 los habaneros grabarán algunos números como sexteto [2], la mitad de ese año marcará la inclusión permanente del cornetista o trompetista en la nómina del grupo: el lugar de Enrique Hernández será ocupado por Félix Chappottín a inicios de 1928 y este será sustituido por José Interián hacia noviembre de 1929.

El mismo día 28 de mayo de 1928, en que el Trío Matamoros hace su debut en disco en un estudio de Camden, New Jersey, el Septeto Habanero graba su versión de “Olvido”, que tiene la peculiaridad de poseer un montuno, a diferencia de la interpretación de Siro, Cueto y Miguel, que imprimirán en placa Aunque quiera olvidarme, ha de ser imposible al día siguiente.

Quizás los del septeto aprendieron este son de Matamoros durante la travesía Habana-Nueva York, pues —contratados por la misma casa discográfica— viajaron en el mismo vapor.


Septeto Matamoros


El clarinete llega al septeto

Miguel fundó su septeto Matamoros en La Habana antes que terminara el año 1928. Su brillante voz prima descollaba en la alineación original de este grupo: Miguel Matamoros y Rafael Cueto, guitarras; Siro Rodríguez, voz segunda y maracas; Mozo Borgellá, tres; Francisco Portela, contrabajo; Agérico Santiago, clarinete y Manuel Poveda, timbales.

A diferencia de la mayoría de los grupos soneros —de los que realizaron grabaciones—, el Septeto Matamoros tenía la peculiaridad de integrar dos instrumentos que venían de las orquestas de danzones (clarinete, timbales) y prescindir del bongó, instrumento emblemático de sextetos y septetos.

El 10 de diciembre de 1928 este primer Septeto Matamoros grabó ocho caras de disco en La Habana, entre ellas “Tú verás”, de Miguel, y “Déjame gozar mulata”, de Siro Rodríguez, números que el Trío llevaría al disco años después en varias oportunidades [3].

El ejecutante de clarinete que durante mayor tiempo tocó con el septeto y luego con el conjunto Matamoros fue Francisco Repilado, quien estaba muy lejos de imaginar que en sus últimos años se convertiría en artista de fama mundial con un modesto sobrenombre: Compay Segundo.

 
 
Notas:
1. “El florero”, “El pobre Adán”, “Esas no son cubanas”, “Pa Cantón”, “Qué dirán”, “Rosa roja”, “Eres mi lira armoniosa”, “Divina Silvia”, “India inglesa”, “Berta”, “Cruel desengaño”, “Las cuatro palomas”, “Nieves de mi vida”, “A Portugal, muchachos” y “Ofelia mía”. Las fechas de las grabaciones han sido extraídas de la colosal Discografía de la música cubana 1898-1960, de Cristóbal Díaz-Ayala.
2. “Tincuntán”, “Recuerdo imperecedero”, “Estela”, “Dónde estás, corazón”, “Oye, Teresa, mi amor”, “Ay mamá Inés”, “Criolla carabalí”, “No juegues con los santos”, “Alma guajira”, “Quiero que me des un besito a mí” y “La campana”.
3. Ese día el Septeto Matamoros grabó además: “Quienes son las mujeres”, “Mi Teresa”, “Oye mi coro”, “Los carnavales de Oriente”, “El fiel enamorado” y “Falsa Eva”.