Silvia Pérez Cruz: la nueva flautista de Hamelín

Por dos minutos mantuvo sus tacones, o tal vez menos, solo por el tiempo que demora atravesar el pequeñísimo escenario del Museo de Bellas Artes que, ya lo suponemos, toma de siete a diez pasos. Después nos acompañó en la más descalzada complicidad, como si estuviese componiendo en la misma sala de siempre, con los mismos muebles, el mismo clima.


Silvia Pérez Cruz. Foto: Internet


Silvia Pérez Cruz, española, 33 años, guitarra en mano, una banqueta, un micrófono, una luz, 500 miradas…. la noche puede resumirse en esa sola oración, porque no pudieron los ojos apartase de la catalana cuando abrió con Tonada de la luna llena, cuando siguió con Verde (tema de la banda sonora de Cerca de tu casa), cuando interpretó Mon amour, de Edith Piaf; el Pequeño vals vienés de Lorca, musicalizado por Leonard Cohen; o las letras de nuestra Marta Valdés.

No hubo tiempo para querer un descanso, porque cuando Silvia canta no se puede hacer otra cosa que escuchar y sentir después el deseo de seguir ahí, sentada, por otra hora, con la única condición de que sean la misma banqueta y la misma mujer descalza. Y si canta en portugués, te dice que es una canción triste pero no tanto, porque la samba brasilera no deja margen a las lágrimas; y si es en inglés te cuenta que es sobre un muchacho que creía tener su vida arreglada a los 30 pero las reglas cambiaron y ahora es “el perro de su casa”; y si es en catalán, que es una canción que compuso para el libro de cocina de un amigo suyo… Y así, hasta que no te pierdes nada, hasta que sientes conocerla hace unos años y hasta te crees su amiga, y te molesta que después de cada aplauso diga “muchas gracias” porque, vamos, ¡eso sobra entre conocidos!

Cantó sola por hora y media, aunque advirtió que casi nunca lo hace porque prefiere la compañía… “pero como estoy de vacaciones”, dijo. Y ciertamente lo parecía, lo estaba.

Silvia se siente en casa. Viene a Cuba desde los cuatro años con su padre Castor Pérez —fallecido en el 2010—, también cantante y estudioso de las habaneras. La Isla no es otro destino, es EL sitio que escoge para el refugio, para el descanso junto a la familia, y al que dedicó uno de sus discos: En la imaginación, fonograma que realizó en el 2011 junto al contrabajista Javier Colina y en el que revisan varios clásicos de la música cubana.

El fenómeno Silvia Pérez Cruz, como le llamó el diario español El País, nunca descansa. No solo ha resultado ser una de las “historias de éxito más inesperadas de los últimos tiempos en la música popular española” —como refiere el mismo rotativo—, con un ascenso súbito desde el lanzamiento de su primer álbum en solitario en el 2012; un Premio Goya a la mejor canción original ese mismo año, por la película Blancanieves; y una actuación muy aplaudida en Cerca de tu casa, por la que estuvo nominada al mismo galardón en el 2016, en la categoría de mejor actriz revelación.

A nivel internacional la cantautora también ha cautivado la atención de las más diversas audiencias, llenando teatros lo mismo en Europa que en el continente americano. Sus conciertos, comentan otros medios, terminan convirtiéndose en rituales.

Y es cierto: escuchar a Silvia puede convertirse en hábito, sagrado para quienes lo prefieran. Ya sea aumentando o disminuyendo la tensión dramática del recital, igual logra que no te muevas del asiento… a menos que sea para aplaudir por más de tres minutos, como ayer, justo cuando pensábamos que no había mejor modo de cerrar su concierto que con los españoles Divak, Javier Ruibal y los versos de Lorca: “Ay, qué trabajo me cuesta quererte como te quiero”, nos sorprendió con La tarde, de Sindo Garay, y El manisero, de Moisés Simons.

Recientemente leí en una entrevista suya que nunca había terminado de entender el arte de la interpretación… Si es así, me pregunto qué será de nosotros cuando “por fin” la descifre.