“Siempre veo las cosas con los ojos de una mujer”

Marilyn Bobes tiene el don del asombro. No cansa los argumentos, no cesan sus premios, no repite las respuestas por múltiples y repetidas que sean las preguntas y entrevistas.

Marilyn Bobes es una mujer. Y muchas a la vez. En ella descansa la historia de esas tantas que palpitan en sus cuentos, el drama de muchas que respiran en sus líneas. Marilyn las protege, las libera.

Marilyn Bobes no teme los argumentos. Dialoga con igual fluidez sobre literatura femenina, periodismo, edición o industria cultural. En ese afán multicultural y con ese espíritu liberador, quiere ser escritora andrógena. Lo cree difícil, pero ha definido la meta.

Marilyn Bobes… Marilyn Bobes…

Marilyn Bobes no puede ser otra que ella misma…


Foto: Internet


Recientemente recibió el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar con su relato “A quien pueda interesar”. ¿Adelantos?

Es muy difícil contar la historia de un cuento sin que al hacerlo pierda toda la sorpresa y el interés del lector. Pero digamos que, en general, es el monólogo de una mujer deprimida por la pérdida de dos grandes afectos, la cual lanza una mirada sobre su entorno, quizás un tanto pesimista y crítica.

Según sus palabras, fue precisamente Cortázar su primer entrevistado cuando incursionaba en el periodismo. ¿Qué recuerda de aquella conversación?

De aquella conversación, que tuvo lugar en el Hotel Nacional de Cuba, recuerdo muchas cosas. Era mi primera entrevista y yo comenzaba mi trabajo en la Redacción Cultural de Prensa Latina. No sabía manejar bien una grabadora, porque siempre he sido muy torpe en lo que a tecnología se refiere. El inmenso Cortázar se percató de mis dificultades y él mismo manejó el aparato. Yo era muy joven entonces. Tendría unos 21 años. Pero él respondió a mis preguntas como si yo fuera una periodista experimentada. Le confesé que escribía. Cortázar me pidió que le llevara al día siguiente algunos textos míos. Pero no me atreví a hacerlo, porque darle mis poemas de principiante a uno de mis ídolos literarios más paradigmáticos me producía una inhibición. Creo que si él estuviera vivo, también ahora me sentiría intimidada si me leyera.

Pero no ha sido usted una escritora intimidada. Gracias a la antología de cuentos femeninos Estatuas de Sal, hecha junto con Mirta Yáñez, y a otros volúmenes compilados, contribuyó a visualizar la presencia de la mujer en la narrativa nacional. ¿Cuánto falta?

Hemos avanzado mucho desde entonces. Ya la mujer es considerada y respetada como escritora tanto por la crítica como por los lectores. Son muchas y muy buenas en nuestro actual panorama, tanto las poetas como las narradoras o las ensayistas.

A su criterio, ¿qué características ideo-estéticas definen a la narrativa femenina cubana en la actualidad? ¿Cuáles son los puntos de encuentro y desencuentro con épocas precedentes?

Hemos rebasado el momento de las reivindicaciones feministas. Aunque veo una conciencia de género y una tendencia a la experimentación formal, las mujeres escribimos hoy como los hombres en cuanto a los temas. Son los hombres los que se están acercando más a ese espacio privado que antes era recurrente en la literatura femenina. Sin embargo, muchas veces me parece que las mujeres seguimos teniendo una mirada más aguzada para describir la subjetividad. En todo caso, a veces es difícil, si no conocemos el nombre del autor de un texto, identificar si fue una mujer o un hombre quien lo ha escrito.

Por otra parte, en una entrevista usted aseguró que “ser mujer es casi una ventaja sobre ser hombre a la hora de publicar y colocarse en el mercado, sobre todo en esos mercados comerciales”. ¿Sucede así en Cuba?

No, en Cuba no sucede igual. Sin embargo, creo que las novelas y los cuentos escritos por mujeres son muy demandados por los lectores. Habría que tener algún dato estadístico para decir si más o menos que los escritos por los hombres.

En una ocasión usted aseguró aspirar al escritor andrógino. ¿Cuán difícil es?

Para mí, muy difícil. Siempre veo las cosas con los ojos de una mujer y la mayoría de mis personajes principales son mujeres. Pero también he tratado de ponerme en la piel de los hombres y creo que los resultados no han sido tan malos.

En otra entrevista usted confesó que quería “dar la imagen de todas las mujeres posibles”. ¿Lo ha logrado?

Ahora pienso que era una aspiración demasiado ambiciosa. No creo que haya conseguido tal pretensión, aunque sí me gusta acercarme a las mujeres para saber cómo ven la vida, o tomar de ellas algún que otro motivo para un cuento o una novela.

¿Y las y los lectores? Usted aseveró en una ocasión: “los escritores pensamos poco en el lector, pensamos más en la resonancia crítica, en el mercado internacional. Y el lector ¿qué?, un poco relegado cuando es, para mí, el principal destinatario de lo que uno escribe”. En otra entrevista afirmó: “En mi opinión, es un error considerar al receptor una masa homogénea con iguales intereses de recepción”.

Pienso que, como mismo existen los públicos y no ´el público´ para cada una de las manifestaciones artísticas, incluida la televisión, cada lector tiene intereses diferentes y niveles de apreciación de acuerdo, digamos, a su formación cultural. Los escritores, al contrario de otros creadores, como los músicos, por ejemplo, nos hemos pasado la vida pensando en el éxito de acuerdo a las opiniones de los especialistas y de nuestros colegas. Pero ocurre que, en estos momentos, cuando el interés por la lectura decrece y se consumen, sobre todo por los más jóvenes, fundamentalmente audiovisuales, comenzamos a entender cuán importante es el lector. Ello no nos debe conducir a hacer concesiones para gustar tanto a los receptores como a esos editores mercantilistas que vienen a nuestro país y a otros, buscando una literatura fácil y efectista con fines comerciales. Nuestro deber es contribuir a elevar las exigencias de quienes nos leen y ofrecerles un libro que les resulte inolvidable porque los cambió, de alguna manera, como personas, o los estremeció desde el punto de vista intelectual o emocional.

En ese aspecto, hace unos meses ocurrió una polémica entre Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, y el escritor Ricardo Riverón, sobre los Premios del Lector 2015, otorgado por primera vez en la Isla. El diálogo se suscitó sobre la pertinencia del premio y la valía asociada a un libro de cocina. ¿Qué opina?

El Premio del Lector es importantísimo y muy bueno que el Instituto Cubano del Libro lo haya establecido. Los escritores debemos saber por dónde andan las preocupaciones de nuestros destinatarios. En realidad, hubo muy poca divulgación del resultado de ese certamen en el que fueron ganadores una decena de libros. El gran Premio fue otorgado al profesor Manuel Calviño y no al libro de cocina. Por otro lado, la cocina es una parte importante de la cultura y la identidad de un país o de una región, y no se debe subestimar la importancia de mantener nuestras tradiciones en el ámbito de la gastronomía, sobre todo cuando en el mundo se está consumiendo tanta comida chatarra.

Usted también es editora. Algunos especialistas consideran que el editor es el escritor invisible de un libro. Desde su experiencia, ¿qué piensa?

Para nada. Un editor tiene sus funciones y un escritor las suyas. Es cierto que en la historia de la literatura muchos buenos editores mejoraron ostensiblemente el estilo de ciertos autores. Ahí están los casos de Hemingway o de Raymond Carver. Pero considerar al editor ´el escritor invisible de un libro´ me parece una exageración.

No descansa tampoco su profesión y vocación de periodista. ¿Qué elementos considera que posee, y de cuáles carece, el periodismo cultural hecho en Cuba, especialmente el realizado fuera de las revistas culturales?

Es un periodismo que, por lo general, prioriza lo informativo sobre la opinión. Existe muy poca crítica cultural en los medios nacionales y me parece que se debería dar espacio a escritores y figuras prominentes de la literatura y el arte para que colaboraran en ellos. En mi caso, nunca he tenido problemas para publicar mis comentarios en la prensa escrita y digital. El caso de los excelentes artículos de la doctora Graziella Pogolotti es un ejemplo de cuánto podrían aportar otras figuras a nuestra prensa y no solo en el ámbito de la cultura, sino también en el de lo social.

Como amplia conocedora del entorno literario y su desarrollo editorial en Cuba, ¿qué opina de las recientes modificaciones que implican convertir a las editoriales en empresas? ¿Cuáles son sus riesgos y beneficios?

No conozco mucho sobre esas modificaciones, pero quizá son necesarias para racionalizar los cuantiosos gastos de la industria editorial. Espero que la conversión en empresas de nuestras editoriales no afecte el contenido fundamentalmente cultural que deben tener nuestros libros. Creo que es posible conciliar el aspecto comercial con lo cualitativo, si se trabaja con eficiencia y profesionalidad.