Si algún camino conduce al diseño, tal vez sea este…

“Estamos llamados —decía Bucky Fuller— a ser arquitectos de nuestro futuro, no sus víctimas”. Solo en un contexto estrictamente especulativo podría resultar verosímil la capacidad de prever escenarios con antelación e incluso actuar sobre ellos. El diseñador mexicano Andrés Valencia, sin embargo, cree que es posible ir a contracorriente del escepticismo que trasluce un razonamiento así. Y lo que es más importante, asegura que en aquella frase del arquitecto estadounidense pueden encontrarse algunas de las claves que definan un cambio de paradigma fundamental para el devenir de las industrias creativas.

Ya lo sabía cuando fundó en 2013 la compañía de innovación y diseño de futuros Change Consulting: visualizar escenarios ideales de a dónde uno quiere llegar, conlleva no solo la planeación de estrategias desde el presente, sino también la definición de alternativas que puedan favorecer algún cambio. Luego de sus estudios de diseño en Alemania, y principalmente después de cursar una Maestría en Innovación de Negocios en el CEDIM, comenzó a acercarse a esta filosofía de trabajo que desde el inicio revolucionó sus ideas.

“Primero, comprendí que no soy el único que piensa que se pueden cambiar las cosas; y segundo, me di cuenta de que existen herramientas, metodologías y procesos que hacen tangible al diseño estratégico, prospectivo; desarrollarlo es simplemente una cuestión de actitud y mentalidad”.


Fotos: ONDi


Invitado a impartir la conferencia “Diseño de Futuros” como parte de la XIV Semana del Diseño en Cuba, Valencia dialogó sobre la importancia de esta visión y su impacto en diversos ámbitos de la sociedad. Según indicó, además de influir en temas de cultura, salud, bienestar, tecnología…, este tipo de enfoque permite interactuar de forma más efectiva con “los cuatro pilares de la nueva economía del siglo XXI” (volatilidad, incertidumbre, complejidad de los escenarios no previstos y ambigüedad) y la emergencia de nuevos roles.  

“Nos debe importar el pasado y debemos conocer, por supuesto, cuál es nuestra historia; sin embargo, hay demasiadas personas, sistemas, paradigmas, que están más preocupados por el pasado que por lo que podría ocurrir en el futuro. Como afirmó George Orwell, tenemos muchos historiadores escribiendo lo que ya pasó, pero no hay gente escribiendo lo que quieren que ocurra.

“Entonces, creo que una de las principales preguntas es quién tendría interés en conocer lo que viene. Y más que eso, cómo podríamos ejercer influencia en el entorno para diseñar esos escenarios que puedan acontecer. Ello implica una nueva visión del diseño que trascienda los temas de branding o de productos: estamos hablando de un diseñador en la vida, para la vida y por la vida; independientemente de la aplicación final, lo que se diseñe debe convertirse en una interface entre el mundo y las personas”.

Una actitud prospectiva —explicó— supone también anticipar condiciones, explorar posibilidades, conocer puntos de tensión y entender cuáles son las nuevas dinámicas humanas para generar nuevo valor. Cómo lograrlo es, probablemente, una de las interrogantes cardinales; más aún cuando nos referimos a disciplinas que no solo están determinadas por la voluntad y la iniciativa individual.

Al respecto, el diseñador mexicano —quien también ha cursado programas de innovación y diseño de futuros en Stanford y en el Instituto del Futuro en Palo Alto, California— asegura que, como todo reto de innovación, el 50% del éxito del diseño centrado en las personas está en la forma en que se plantean las preguntas.

“En lugar de pensar, ¿cómo vamos a hacer para…?, deberíamos preguntarnos: ¿Qué tendríamos que hacer para…?, lo cual nos permite generar posibilidades, ideas, opciones. Es necesario situarnos en una problemática y en un contexto muy específico y, a partir de ahí, saber entonces lo que queremos hacer. No se trata nada más de imaginar, sino de llegar a un escenario a partir del estudio y análisis de múltiples variables, dinámicas y señales de cambio.

“Por otra parte, cuántas veces, al comentar lo que piensan o sueñan, lo primero que oyen como respuesta es: no se puede, es muy difícil, es muy complicado, es muy costoso…  En el momento en que estemos trabajando como creativos, debemos olvidarnos de la palabra no, de los ‘pero’. Que nadie les diga que algo no se puede hacer”, sugirió.



 

Durante su estancia en la Isla, Valencia reconoció la calidad del diseño cubano y las oportunidades de intercambio que genera la Semana del Diseño, evento que también programó dos workshops sobre los temas abordados en su conferencia y la posibilidad de su aplicación en nuestro país. Una alternativa perfectamente viable que, por lo pronto, dejó esbozada en un ejercicio a largo plazo: ¿Cómo imaginamos La Habana en 2050?

“Del mismo modo en que vamos a un museo a ver el pasado, comentó, podríamos imaginar una galería donde sea posible ver lo que viene”. Desde la Cuba de 2017 y aplicando una visión prospectiva, esa es una interrogante que hoy, con absoluta certeza, no deberían responder solo los diseñadores.