Selección de poesía

Selección de poesía

Miguel Barnet

Salimos a la calle, caminamos bajo la llovizna,

entramos en un bar, bebemos, compramos una pizza,

la envolvemos, se enfría, la tiramos,

seguimos malecón abajo, las olas blancas

levantan sobre nuestras cabezas,

la noche es lenta, acuosa, no sé si triste,

tomamos café, tú casi no me ves, no me oyes

Te acompaño al ómnibus

No puedo articular palabra

Te vas en silencio

Yo tomo el ómnibus siguiente,

nada me molesta, ni el tumulto ni el vocerío,

me quedo en el puente,

las parejas jugueteando en la yerba,

demasiado lejos mi casa

Entro, subo las escaleras

Repaso mi vida, y en cada imagen estás,

en cada imagen perteneces,

abro la puerta, el apagón, qué maravilla,

me tiro en la cama, oscuro, silencioso,

Alguien llama al teléfono. No respondo.

Afuera es posible que siga cayendo la llovizna.

 

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Cuando los trenes rondan

como pájaros extraviados

mi cabeza

cuando chirrían y me estrujan los huesos,

como puñales de escarcha, como velas encendidas,

¿qué querrán de mi, sobre que pastos de mis sueños

irán a esparcir sus cenizas?

 

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Recorro el mismo camino de años atrás

El vaho de la noche escolta mi sombra

Llevo tiempo hurgando, viendo a ver si aparece

el preciado tesoro

Voy a mover los molinos gastados

Vengo de muy lejos, de donde siempre

y llevo esperma en las manos

El tesoro no es una ceiba heráldica,

ni un sicómoro

El tesoro se escurre en la aceitada maleza,

en el brillo de las hojas,

en el confín

Todavía voy marcando mis pasos

y huellas traslúcidas van quedando atrás

No es el tesoro un gato salvaje

Me abro la camisa y grito con Tarzán

A mi edad mi grito rebota en la oquedad

del monte

Tras muchas máscaras

vacío mis ánforas

a donde tantos vinieron a beber

 

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He vuelto los ojos a la piedra antigua

y sobre ella he grabado

mi discurso onomatopéyico

He andado y desandado

He creído y descreído

hasta encontrar el rastro

de mis huellas perdidas

Me he vuelto a colocar el antifaz de Jano

bajo un cielo de estrellas esquivas

Me he vestido de acróbata, de mendigo

He tratado de ocultar mi verdadera faz

Pero la suma de mi propio linaje

me desnuda

Ahora sólo aspiro a repartirme

en el tiempo que heredé de mis antepasados

 

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Cuando mi imagen se desdibuja

en el espejo

y máscaras remotas, enigmáticas,

se adhieren a mi rostro,

máscaras de tantos que dejaron sombras

indelebles, peregrinas en el tiempo

hurgo en el fondo de mi mismo

palabras sueltas, voladoras,

palabras de tanta estación,

de tanto azoro

que me den una respuesta,

una señal quizás,

cualquiera que sea su signo

para descifrar mi letra en el oráculo

 

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¿Hacía dónde me encamino,

bajo qué lámpara me alumbro,

en qué manta me cobijo,

dónde oculto el asombro

entre qué vidrios se escurren mis ojos,

sobre qué escombros me alzo en estupor,

donde pongo a volear mi alma

si el tiempo no alcanza,

si no basta una vida para llenar

el hueco donde pastan como despojos de orfandad

los sueños que acuné en la infancia?

 

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Tienen prisa los días

que me persiguen como una sombra

Tienen prisa y yo voy lento

porque no quiero llegar

Debe ser terrible llegar al veril

Se, sin embargo, que habrá un trofeo

que tendré que recibir con las manos abiertas,

con los ojos vidriosos,

con los pies desnudos

Oh, tierra, libérame de ese día infausto

conviérteme en medio del camino

en un caballo de crines azules

en una piedra de rayo

en una luz esquiva que se disuelva en la noche

 

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Yo te espero

bajo los signos rotos

del cine cantonés.

Yo te espero

en el humo amarillo

de una estirpe deshecha.

Yo te espero

en la zanja donde navegan

ideogramas negros

que ya no dicen nada.

Yo te espero a las puertas

de un restaurante

en un set de la Paramount

para una película que se filma a diario.

Dejo que la lluvia me cubra

con sus raíles de punta

mientras presiento tu llegada.

En compañía de un coro de eunucos,

junto al violín de una sola cuerda

de Li Tai Po,

yo te espero.

Pero no vengas

porque lo que yo quiero realmente

es esperarte.

 

 

Ficha:
Miguel Barnet: Ensayista, poeta, narrador, guionista, promotor cultural, profesor e investigador cubano. Nació en La Habana, el 28 de enero de 1940. Presidente de la Fundación Fernando Ortiz y de la UNEAC. Es el escritor cubano vivo más publicado dentro y fuera de Cuba. Colaboró en Revolución, Unión, La Gaceta de Cuba, Hoy, Casa de las Américas, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Islas y Actas del Folklore. De su autoría son: La piedra fina y el pavorreal, Isla de güijes, La sagrada familia, Orikis y otros poemas, Carta de noche, Mapa del tiempo, Viendo mi vida pasar, Con pies de gato y Actas del final (poesía). Autógrafos cubanos, La fuente viva y Cultos afrocubanos (crónica, ensayo, monografía). Akeké y la jutía (fábulas cubanas). Biografía de un cimarrón, Canción de Rachel, Gallego, La vida real y Oficio de ángel (novelas–testimonio). Ha escrito guiones de varios documentales cinematográficos y de los conocidos largometrajes cubanos Gallego, basado en su novela homónima y La Bella del Alhambra, inspirado en su novela Canción de Rachel. La Federación de Sociedades Españolas de Cuba le confirió la Distinción Miguel de Cervantes y Saavedra en el 2008. En el 2010 recibió la Distinción Maestro de Juventudes.