Selección de poesía

Edith Piaf y yo bailamos sobre un piano

 

Te busqué entre mis lejanías,
en las portadas de ahorcados
que colmaron tu nombre.

En el ave indócil
que arremetió contra los espejos
gendarmes de humo
con mendigos a cuestas.

De pronto fue Paris,
y las arpas lloraron
al ver los cantaros vacíos.

Juro que te busqué
en todas las estaciones.

 

Anónimo de los días

Nadie sabe que no existes.
Tal vez por eso
han decidido asomarse a los siglos
donde guardas tu sonrisa.

Nadie ha visto la boina azul,
ni los calendarios donde se mece el cénit
de cada velero tocado por las hojas
que cubren tu desnudez.

Que eres el preludio del silencio,
un homicida entre las ramas
buscando cualquier excusa para morir.

Nadie sabe que recoges caramelos para un infante
aún, en la ausencia de los días.

 

Licantropía (Otro poema al lobo)

                   “Tan sin un solo

                   colmillo”

                                       Como tú*

En algún lugar
se escucha el fluir de la sangre,
gritos como juncos
van conformando el eco.

El dolor inunda la capa vegetal
de nuestras sienes desgarradas
por los cuervos que se confunden en la ciudad.

Los arbustos cubren su parte
al ver los novios comiendo salmón,
que arqueados enarbolan la esbeltez
de sus espigas de carne.

Solo quedó Mederos,
una espiga en forma de Y
y el Poema del Lobo.

* Frank Abel Dopico.

Simplemente

Ella duerme en mi silencio,
y yo intento rozar sus manos
con el halo de la madrugada.

Se reclina convertida en mar,
convertida en éxtasis
es por un rato Dios
para luego abandonarse.

Habita dentro del ángel
que se tornó arcoíris,
luego poeta.

Smoke

Al llegar la noche,
crepúsculos rotos se derraman
en la inmensidad de otras pupilas.

Lágrimas que laten en la memoria
de cualquier contorno
donde canta la luz.

Así,
el parque parece una alucinación
de poetas etéreos
que habitan en las voces del laurel.

Por eso,
al llegar la noche
nos dibujamos sueños sin mirar al inquisidor
que día tras día pasa el cerrojo.

Secuencia

Esta mañana,
arropé con mis luces
los cuervos de tus ojos.

Me desgarré la piel
con los sonetos que dejaste,
sobre este sueño donde confluyen
todas las geografías.

Dibujé en el viento
pájaros mudos,
y me lancé sin paracaídas sobre ti.

Esta mañana,
reescribí tus paisajes
con el azar de otras vidas.

 

Bajo el metal de los días

 Ante el sopor de la ciudad,
vamos muriendo
como hippies
que no conocen la pascua.

Los bancos son nuestro hogar,
y la gente el cazador
que siempre nos apunta con sus comentarios.

Así transcurren los días
desde cualquier palco,
desde cualquier persiana
nace un torrente.

Algo nos arrolla en su motocicleta
aun así:
pretendemos regresar.

S/N

Aún retumban en los muros
los ecos de la ciudad dormida,
esa niña adolescente
que nos divisa desde el polvo.

Los actos como pasadizos
de otros aires que se pierden
en la edad.

Nombres en sueños de canela,
a punto de ebullir
en el intersticio de la noche.

Aun retumban en el tiempo,
las profecías que nunca habitaron nuestras luces.

Comunión

Quisiera desandar los espacios donde habita la fe
sin importar la multitud.

Abrir el portón,
bañarme en el afluente
donde no llueven preguntas.

Convertirme en paisaje al pie de la cruz,
y adentrarme en la sinfonía
de tu abrazo.

Para luego encontrarnos,
detrás del cáliz.

Poema de la casa

Esta casa guarda
la lluvia y tu silencio.

El crepitar del arcoíris
donde enclaustramos el mar,
tan solo por un instante.

Los pecados de nuestros pies
cuando solo éramos axilas coloreadas
en los misterios delacreación.

Los relámpagos
de nuestros primeros tigres,
versos de maíz sin reborde
ni paraguas.

FICHA
Alejandro Tomás Román Olivera. Poeta. Licenciado en Estudios Socioculturales. Ha publicado artículos y poemas en la revista CÓMO de la Asociación Hermanos Saízde Villa Clara, al igual que en la publicación Brotes. Recibió primera mención en el Encuentro debate municipal de talleres literarios de 2015. Reside en Santa Clara, provincia de Villa Clara.