Selección de poemas

Nota introductoria

Rosario es una ciudad que no tiene fecha de fundación y que se fue desarrollando a partir del agrupamiento progresivo de caseríos.

Pero aun en esos difusos orígenes encontramos, ya en 1801, un primer poema, “Décimas”, de Pedro Tuella.

Y luego poetas como Fausto Hernández, Felipe Aldana, Facundo Marull, aquellos agrupados en torno a revistas como El Lagrimal Trifurca, La Cachimba, y tantos otros, han ido conformando con una intensa producción el corpus poético de una ciudad de pampa, río, puerto, inmigración, comercio, mafia (célebre durante la década del 30 y tristemente reciclada en la actualidad). Una ciudad de contrastes, de rock y de tango.

En ese ámbito, y dentro de la variedad de voces, una pequeña muestra de cinco poetas, generacionalmente próximos entre sí, que perciben cada uno de una manera particular esa urbe en el complejo entramado que da lugar a sus textos.

Estos poetas creen que hay sitios con resonancia provocando estas horas: las avenidas mojadas, o bien que, bajo los parques y sus singulares artificios, un pájaro quieto bajo la lluvia ofrenda costados de lunas.  Y será posible entonces lo que dice una de ellos: también nosotros construimos el paisaje.

 

Alicia Salinas

Poeta. Nació en 1976 en Rosario (Argentina), donde vive. Trabaja como comunicadora y docente, escribe poesía y teatro. Publicó dos libros de poesía y fue incluida en varias antologías locales y nacionales. Poemas suyos fueron traducidos al inglés y al italiano.

 

Poemas (8)

 

Intemperie

Los hijos de los pescadores

Ribereña

Noche de San Juan

Níspero

La cicatriz

Exordio

Ciudad con río

 

Intemperie

 

Como niño sin comida

me muero de tu frío.

Como todo niño de las calles

sobrevivo.

 

Quién nos canta la canción de cuna

que si no escuchamos ya

de nada servirá más adelante.

 

Los hijos de los pescadores

 

Alegría de las gentes sencillas se eleva

como vapor de la olla por el campo y sus bordes,

a la orilla de este vasto río donde los niños

son ya hombres. Bella

su risa cuando preparan redes y despiden

a las madres, como si fuera el trabajo

un juego.

 

Brillan los ojos junto al improvisado guiso

en tierra, con la angustia callada de las mujeres

por nubes que persiguen de cerca a las canoas.

Se alzan las manos y las sombras, brota

en algún sitio de la pampa una semilla

que nada sabe de esto.

 

Y todos hacen bromas, retruécanos del alma

que suspira. Se aleja la barca

hacia la isla. A la tarde

algo le duele por las dudas, en potencia,

mientras llegan de a poco los colores

de la noche.

 

Ribereña

 

Años después de vivir contra el río,

lo que fluye

persevera y purga.

Amarronada agua,

siempre adelante.

 

En la orilla se remeda todo pasado,

vuelvo al ruedo. En qué cuenco

el silencio de los ceibales.

 

Desde la isla resplandece

la dentadura vertical de las torres,

antes patios con jazmines.

Dónde está quien espera,

quien no olvida.

Como el río enloda los ramajes,

arrastro siempre una pena.

¿Y si busco lo que no es posible?

¿Han demolido también la casa

de los que me amaron, ya no saben

cómo encontrarme?

 

Falso Manhattan, la soledad era esto.   

 

Noche de San Juan

 

“Todos aquí para mirar arder y consumirse este fuego”.

Juan L. Ortiz

 

Por qué le dicen penita si es tan grande

este insecto. Alimenta y azuza

la remembranza inútil.

 

Una sombra se proyecta

hasta cubrirlo todo

y cuando abro los ojos no puedo

y cuando puedo es muy tarde.

 

Más camino rumbo a ese punto,

más la astilla se clava.

 

A quemar los colores del alba,

el muñeco en la hoguera.

Siempre es posible decir no

y, muchas veces, necesario.

 

Contemplación del fuego

desde lejos,

ejercicio de la libertad.

 

Níspero

 

Del jardín algo cesa.

Al camino de grava

percude el césped

en su conquista del espacio.

 

Quizá convenga

el próximo desbarajuste.

 

A veces las apuestas fracasan

y se impone comenzar de nuevo.

 

Como la efigie de un níspero,

pequeño y áspero, tras una verja

ajena. Fuente de los alquimistas

que desata los nudos.

 

La cicatriz

 

Un hilo atraviesa el campo,

de poste a poste corta

el cielo con su filo. Tanza

indómita desangra el progreso

del próximo pueblo.

 

Noche de estrellas perfectas

a la salida de la ciudad.

Fuimos a comer lejos del ruido,

se hizo tarde sobre el negro mar

sin horizonte ni puntos cardinales.

 

Dónde buscar ya no el daño

sino la cicatriz.

 

Exordio

 

La tranquilidad del jardín.

Hasta el caracol se ha vuelto una línea.

Sobre él escribo este poema.

 

Ciudad con río

 

Difícil la contemplación

en el centro de la ciudad

que provoca el síntoma,

remueve la cuchilla,

deja encinta a la mujer del prójimo

y después vuelve el rostro.

 

El río en cambio sirve para pensar.

La vertiente de una verdad

revelada más tarde, dentro

de muchos años.

 

En estas aguas no quiero

estancarme ni tengo la culpa

de todo lo que pasa, pero fui

verdugo de un hombre alguna vez

aunque no llegué a cortarle

la cabeza.

 

El río,

conciencia que susurra.

También nosotros construimos el paisaje.

 

Lisandro González

Poeta. Nació en 1973 en Argentina. Ha publicado Esta música abanica cualquier corazón, Leña del árbol erguido, Hobbies de hotel, Intervalo lúcido, Los cauces vacíos, Política del otoño y Poemas lumbares.


 

Con la fina arena con que los relojes defienden su esencia

Con el viento ya cansado de repetirse siempre

Con la música deshecha y los espejos partidos, reciclados en espejos menores

Con la comida fría y su olor que antes era gozo

Con la mirada atroz de un ojo vacío

Con la lengua seca de un ojo ya vacío

Con los despojos del amor y los despojos aun mayores de los roces sin amor

Con los restos cotidianos que van a parar a las películas de ciencia ficción apocalíptica

Con el abuso de la primera persona en poesía, digo yo

 

______

Para lanzar dardos que caigan y digan “no es infinito”

Para lanzar pensamientos que continúen y digan “es infinito”

Para hacer café y quedarse dormido en la espera

Para tomar un sueño y ponerlo en la espera

Para soñar que el café no tiene gusto

Para esperar el vuelo de las aves que no vuelven

Para tomar el vino y dejar que las gotas que caen escriban lo que escriban

Para cancelar las tormentas

Para esperar el agua helada de otra lluvia

Para conocer y olvidar

Para esquivar las imágenes muertas que la prisa y el medio dejan caer cerca

______

 

Por esta noche y sus productos

Por el cuerpo tan frágil de la noche

Por el oscuro cristal con que la nombran los que secaron sus voces

Por el que conoce el día de su muerte

Por el que lo conoce y casi ha muerto

Por el ruido de las aguas cuando rozan las espaldas de la noche

Por el silencio de las espadas que tajean la noche y crepitan otra sustancia

Por un espacio de flotación y otro de velocidad

Por los que flotan y se agitan

Por los que corren y esquivan

Por aquella la noche que decíamos

 

 ______

 

Sobre el liquen de los patios abandonados

Sobre la ropa arrugada y sucia de los que ya no están

Sobre párrafos enteros caducos y la brisa marina

Sobre el filo de los cuchillos herrumbrados

Sobre la piedad, el estruendo y una silla rota

Sobre tus manos que se vuelven todo lo que tocan

Sobre todo lo que tus manos no tocan por diversas razones

Sobre los versos de los surrealistas que queremos alejar pero que el mar de lo que sea regresa nuevamente

Sobre los versos aquellos de Residencia en la tierra que preferimos olvidar por sofisticación o por pose

 

______

 

En la sombra quebrada de cristales

En la tibieza helada de la ausencia reciente

En la esperanza del frío del regreso

En almanaques viejos

En la fragancia a eucalipto de las estrellas marinas

En la siesta de los encantadores de serpientes y sus sombras

En crucifijos

En los desplazamientos del alma entre sustancias combustibles

En la propagación en forma de ondas elásticas

En el arte de combinar los sonidos y el tiempo

En la montaña que de cerca desconcierta

En cuestiones no resueltas y los rostros de la incertidumbre

En lo que callan o dicen de más

En los crucifijos 

Desde las quillas dejadas en pensiones de marineros

Desde frascos abiertos con dulces agrios

Desde milagros imperceptibles

Desde panes y vinos, y los peces

Desde trópicos de luces quietas

Desde la curiosidad de la nieve que no deja de ser lluvia

Desde el olor a menta y la reconciliación

Desde el aroma de las infusiones y las balcones

Desde idiomas alambicados que sólo piden un pedazo de pan

Desde los poemas enumerativos y los inventarios

Desde la antipoesía que es poesía

Desde la que no lo es

Desde la sábana de fuego de un sol nocturno

Desde tristes canciones olvidadas

 

______

Ante las marcas parciales y definitivas que deja el dolor

Ante la mañana que grita su color con alivio o ironía

Ante la verde habichuela y el frescor del arroyo de Bayley

Ante el movimiento del aire en la atmósfera

Ante los símbolos culturales de clase y populares

Ante la transmisión del saber a las generaciones futuras

Ante los instrumentos que miden la presión sanguínea

Ante los integristas, neoconservadores, moderados y progresistas

Ante las puertas abiertas de la terapia tras la moderación del síntoma

Ante la enumeración de la poesía beat

Ante el reciclaje de los atardeceres en paisajes diferentes

 

______

Bajo el manto espeso de los mares

Bajo sueño decantado por siestas interminables

Bajo el corazón de la conciencia

Bajo donde metabolizan los peces sus fantasías terrestres

Bajo redes rotas de la memoria

Bajo influjo de aquellos cuya sangre continúa

Bajo el peso exacto de las criaturas marinas

Bajo el pie peregrino

Bajo todo lo que se pie ha aplastado por accidente

Bajo las medusas y su danza de púas

Bajo los parques y sus singulares artificios

Bajo recursos estilísticos

Bajo interminables lecturas de poesía

Bajo poetas moderados en sus lecturas

Bajo un público sólo de poetas

Bajo piadosas imágenes

 

______

Entre la transitoriedad de ciertas especies y las zonas escarpadas del amor

Entre el estruendo y las máquinas mudas

Entre reclamos y postergaciones

Entre postes que señalan posibilidades sin indicar cuáles

Entre las grietas de la conciencia

Entre el deseo y deseos

Entre una puerta estrecha

Entre esta vida y su consecuencia mediata

Entre la muerte y su consecuencia inmediata

Entre la conciencia divina y la humana palpitantes

Entre los fuegos artificiales y un hombre solo en un bar

Entre seres que no abandonan el ansia y los que piden perdón por tanto dolor

Entre la posteridad de uno mismo

 

______

In a warm wet circle

Like a mothers kiss on your first broken heart

Marillion

 

Como la belleza de lo artificial y la naturaleza palpitando con el vértigo

Como herencia del fuego en su polisemia

Como persistencia unívoca del agua

Como algún caos dialéctico

Como metáfora, metonimia, imagen o el rocío al amanecer

Como el absoluto de la muerte

Como última instancia del perdón

Como una manzana verde partida

Como los límites imprecisos de la plástica

Como el marco de un cuadro

Como mariposas y su inmanencia

Como gestos de un primerizo ante la nieve

Como las formas geométricas en el huracán

Como la trascendencia

Como la vida, poesía, el amor y otros lugares comunes

 

María Paula Alzugaray

Poeta. Nació en Rosario (Argentina). Licenciada en Letras. Especialista en Comunicación Política. En 2006 publicó El inquilinato de Don Genaro (sainete, en colaboración con Marta Blanco) y en 2008 Lo albergado (poesía); en 2014 publicó Estampados, haikus con dibujos de María Zulema Amadei.

 

 

Si no fuera por la lluvia

 

Día con día la prenda,

el garabato, el idioma despertado,

el avispero por levantar, temperaturas elegidas,

líquidos exóticos, la arrogancia.

 

Mensajeros químicos. El escándalo,

el dilema de la piel

una ruta comoquiera no importa dónde.

 

El desastre. No te culpo.

 

Tiene la noche un asalto y concentrados dardos,

del sótano una caja, la herencia que regresa.

Tiene una escuela especial, un diosero con permiso… no sé,

lo inmediato destrozado, las hormigas grises de la neblina.

 

Pucha, cómo llueve de exceso de entraña, llueve el desencanto,

el reto y la cosa vacía, el secreto desdichado

la belleza azul a paso de galgo

por las malezas, llueve.

 

El ardiente cadáver, del folclor: el comienzo.

El impasible, los destellos, lo inmediato.

El amor.

 

 

Una tarjetita de julio de 2014

 

Hace frío y acá estamos todos abrazados.

Somos cuatro en la cama grande: Rosario, Francisco, mi hermana y yo.

Tengo una sensación de no necesitar nada más que esta habitación,

esta casa

en la que ahora duermen repartidos debajo de frazadas profundas,

los afectos familiares.

 

No necesitar más que esto: ‘los lugares comunes’.

Lo otro pasa afuera.

El que al cielo pide poco es un loco.

 

Apóstoles urbanos

(Ah… tus ojos conoides relámpagos

diluvios, fulminantes alaridos que no les doy.

Evangelización pluviosa).

 

Hay sitios con resonancia provocando estas horas:

las avenidas mojadas, el alma de las jaulas.

 

Me sorprendo sin aire, como agua estancada.

 

Está relampagueando orgullo ahí afuera de las vacaciones,

un gran martirio las alarmas de esos coches

ruedas rechinantes de un colectivo recién,

pescuezo de acero pidiendo carne con sueños.

 

Enorme pedrada, esos hastiantes chismes

esos reproches. Se diluye el domingo flemáticamente

injusto como un zoológico.

 

(…es un loco.)

“La lucidez es la herida más cercana al sol”.

René CHAR

 

 

El ciego en el río

 

verano de 2011

 

Fuimos con mi hermana al río a que los chicos se bañen.

Me quedé embobada sobre el terraplén

oyendo gritar a un joven ciego

 

Tengan cuidado, vengan más para acá

 

que miraba hacia los ruidos de sus hermanos menores

peleándose con agua y riendo.

 

Tiresias era el lazarillo. El mediador sin vista.

 

Cerré los ojos y mastiqué los gajos de la mandarina

persiguiendo entrar en el olvido estético.

Anaranjadas chispas líquidas bebí

pretendiendo quitar transparencia a la situación.

“Me desvela la tarea de desnudar las apariencias”.

Susana THÉNON

 

Tan el momento

 

de decir y no        

tan adecuado escenario, tanta obscenidad en el vestuario

tan para ajustar números, valores, cuerdas y razones.

 

Pero mi interior yace tenso en esta botella recién vaciada

un animal abyecto al que alguien apunta.

 

Cuento hasta en cautelarme,

a inclinar el alma y des parecerme

me concentro en empellejarme de mí.

 

Un cuerpo es un arma potencial. Pero vence. Tic tac.

Tan el momento y no.

 

 

Sobremesa

 

Sobra de conversaciones

que salpican, que nadie pidió como postre.

De recuerdos ablusados en hazañas cremosas,

fábulas elegidas porque sí, que nadie ordena.

¡Tanto espamento con las migas, che!

 

Gente que habla fuerte sobre platos saciados

que cree que sus cosas son necesarias de contarse,

que los demás no estamos en su escenografía.

Hablan, son atrevidos.

 

Se debe reír para tapar tanta pena, es domingo. Hablan.

 

Ajenos, lejanísimos hechos. Cuajados como leche con los ecos de fiestas mezcladas.

Carreras de zanjas de caballos de cosas compradas en Martínez y Cía. Ltda.,

de perejiles obesos, vinos dulces y Dios

que llega al campo en carreta

que lee la borra del café en terrazas no en tazas mal enjuagadas, desmultiplicadas.

 

Tremendas diapositivas, tremendos los perros conjeturales

que soltaban el hilo y se iban tras el costillar mascado.

Nada de perros tullidos para la conversa.

 

Ensayamos términos con qué cantar también, ah sí sí

al costado de las avispas y de alguna milonga.

“Acá se muere de 90 años… quién enterrará a quién…”.

“No es que se saqueen las palabras, hay otras… como tercerizar”, hablan.

 

Gamuza de color, la siesta dice: acá estoy.

 

“Tal vez extrañaría la arena, los caracoles… quién sabe, los separó su madre…”

Lloraban sin comprender.

Lloraban de sobremesa.

Y también eufórico, el invitado cuando todos se fueron, volvió y me besó.

 

 

Los ominosos

 

a Dante, Susana y los demás que estábamos.

 

El primero de enero nos amanecimos en el campo con un cartel

que decía “malos vecinos”

como en veinte agravios, algunos en francés.

Calladísimos y orquestales los loros en actitud de arreglá tus cosas, se fugaron.

 

Malyevados entre nosotros mismos,

borravinos intercambiamos miradas bizcas cada veinte minutos.

2014 nos ponía en jaque y no hay tutía.

 

El retardado vegeta flema, lo escucho,

ven que está el hacha,

es perverso, torturan con voltaje,

hay una cosa ahí dando vueltas,

hiede la decapitada, se tocan en remojo…

 

Y muchísimos eventos ocultos multiplicaron las teorías conspirativas

exageradas en sus colores, dramáticas.

Minga de ágape, atormentados

lívidos como sachets secos, quedamos.

 

De metales de algún dios tarado se nos fundió el año; ¡y a desconfiar!

 

“What if God was one of us…”

Joan OSBORNE

 

 

Una tarde con Dios en La Posta de Pozo Del Tigre

 

De profesión cuidabas un algarrobo de cuatrocientos años.

Hospedado de un mundo muy exterior apareciste

con dos perros desde una casa tímida

y ahí nomás hiciste llorar de epifanías, por abundar lo sencillo.

Nos revelabas cómo amar la contundencia de un pomelo

imperando en el misterio de los galponcitos

no en la dualidad de los ecos

ni en lo turbio ni vaivenes. No confundiste ni juzgaste.

 

Dios: arena entre vos y yo.

Si existiera aparecido espeso: eras vos.

Discreto como clavo de ataúd.

Vos con cariño anunciando a tu amigo:

un mandarino torvo, este tiene cien años.

Certera charla de verte, de dejar de arder en preguntas.

¿Demostrabas indiferente que nos querías?

 

Si pudiera secar la levedad

y con un sorbo guarecer

la confidencia de ese cielo con Él, con Raúl y con Dante

cuando el yaguareté nos miró verdaderamente fijo,

sostenerme en ese frenesí suave

ante cada vacío insembrado que

siento tener.

 

 

Las corpulentas

 

De buenas dicen cosita linda a la tevé.

 

¿Pero de qué modo son fuerza?

 

No alcanzan a cruzar los muslos

las amolda su propia forma precipitada,

recostadas en su sueño, manejan motos

cosechadas en cuerpos ocupados de paciencia,

de bancos atardecidos.

 

Minga del sudor de la noche en que dormimos la piel

y ese asunto de las mechas bordadas con yuyos;

carbonatos violetas a las patas,

panorámicos pollos asfixian: pormenores para desentenderse,

comen canciones en dormitorios floridos.

El día está pesado: ojo de bife alzando el macetón.

Redondas, laboriosas sin hartura.

 

Cuando la abeja va a la uva es que está a punto:

paqué salir, mejor espiar de la persiana.

Probablemente no alcanzaría

con desovar goce en bailes groseros.

Paqué saltar cascada, mejor hornear esponjadas harinas

quedarse en el valle de la cama

hacer callar lechuzas, cavar potes color fiesta.

La costumbre es su estadío original.

 

¿De qué modo?

Las corpulentas distinguen:

cualquier campana no es quimera.

 

El acabamiento: sus cuerpos a los canes.

La naturaleza no reconoce geografía.

¡Qué les importa!

“Sobre todo, no cometas esta falta:

no digas que tu oído te ha engañado

o aquello no era más que un sueño”.

Konstantinos Petrou Kavafis

 

 

 

En eso que ahí fue claro

 

a Mario Castells

 

Recordas Mario

que te paseaba en una camioneta

por esas curvas de junio

 

que yo llevaba un sombrero gracioso para vos

y que nos reíamos, erizos de sol

trillando la ruta doce

y que avanzamos embobados

en esa instancia

que allí fue verdadera

y exageradamente revelada.

 

Recordas que me convenciste de cruzar desde Corrientes al Paraguay

que acepté cediendo mi terquedad.

Podes recordar Mario, el olor a aceite quemado

las masitas en la guantera

ese calor tolerable con Los Palmeras

los pomelos arracimados que robamos,

nuestra simetría en relación a las pieles, a la siesta?

 

Florecíamos en el bienestar de esa dimensión

sin comprenderla aun

pero seguramente.

 

¿O nada hay de lo que soñamos Mario?

 

Miguel Culaciati 

Periodista y escritor. Nació en 1965 en Rosario (Argentina). Libros publicados: Contracorriente (2000), Tierra Prometida (2003),  Aguarriba (2012)  y Cien estrellas (2016). Es creador del espacio “Poesía Esencial" en Facebook e Instagram, en el que integra una docena de antologías de poetas de su ciudad natal.

 

 

Llevo el sol y la sal

bajo los párpados.

Bajo la lengua

no sé

si algún día

saldrás de mí...

 

Valeria del mar.

En Contracorriente.

 

______

 

Vivir sin imaginar

es renunciar a volar.

Es desperdiciar el infinito.

Es morir de realidad

Día a día,

miedo a miedo,

renuncia a renuncia...

 

 

En "Cuadernos Errantes"  2015 / 17

 

______

 

Tengo un otoño rojizo

un pájaro quieto bajo la lluvia

la misma ventana.

Tengo bajo las nuevas hojas

los mismos senderos.

Tengo viejos sueños, nuevos misterios...

Algo que resiste

entre el silencio y la maravilla,

 

______

 

Me dejo naufragar en tus brazos

porque de ellos nacen los pájaros

que me hacen libre...

 

______

 

 

A escondidas de la luna

un ángel de sensibilidad infinita

se balancea

Pende luminoso de la frágil piel de luz

que abriga la tierra

 

Con la ayuda del ángel

nuestras cansadas almas hacen frente

y dan batalla

a las miserias y horrores del mundo

 

Para, a pesar de todo, seguir creyendo

para, a pesar de tanto, seguir amando

 

 

(Este texto acompaña la foto de portada

de Poesía Esencial)

 

______

 

Escribo desde este temblor,

a  partir del asombro,

contra el abandono.

 

Escribo aferrado a la luz,

atravesado por la injusticia,

sostenido en la utopía.

 

Escribo cielos nos amparen,

vientos que nos animen,

palabras que nos acerquen.

 

Con tozuda obstinación

escribo soles en cada estación

y  lunas para navegar

cada vez que el mar se torna abismo.

 

Poemas de vapor escribo,

letras biodegradables,

confesiones de náufrago.

 

Cuando escribo vida escribo amor 

y  cuando escribo tu nombre me justifico.

 

Porque no me resigno al extravío: escribo

Al  filo del derrumbe, desconcertado,  semidesnudo 

con el último sorbo de vino rojo en la boca: 

escribo.

 

Lleno de locura

falto de tiempo

rebalsado de fe              

cada día, cada lluvia

escribo resistiendo,  escribo amando

escribo muriendo,  escribo  resucitando…

 

"Tránsitos "  VII  - 2017

 

 

______

 

 

Voy

por la boca

de esa palabra

flotando hacia el Sol

que amanece de tus ojos...

 

______

 

 

Tú cóncava, yo convexo

Tú luna, yo sol

Tú remanso, yo torbellino

Tú puerto, yo mar

Dos navegantes de cielos y utopías

tripulantes de naves aladas

viajeros de un sueño infinito...

 

Sé bien que tu cuerpo fue hecho para mis manos

tu boca para mis labios

tu corazón para mi esmero...

Es hacia tu exacta y luminosa piel que migra mi deseo

mi anhelo, mi sexo

Estemos donde estemos y como estemos

contigo no hay distancia

no hay adentro, no hay afuera

no hay par ni impar, no hay frontera

 

Es en las cristalinas aguas de esta bendición,

de esta creencia

que diluimos serena y gozosamente la otredad:

hace tiempo que parte de uno vive en el otro

Que inspiramos, exhalamos, caminamos,

saltamos, tropezamos y caemos juntos...

Reímos, lloramos, transitamos el resplandor

el asombro, el milagro

también la zozobra, el desencanto...

 

Buscando el sosiego

el equilibrio, la tierra prometida

luchamos, sudamos, nos transmigramos

morimos y volvemos a nacer

tan sólo para confirmar

cómo nos amamos

cuánto nos amamos...

 

"Acerados"

 

______

 

 

Sí, es verdad,

como las golondrinas de marzo

han pasado sueños, soles y años.

 

Sigo sin embargo e inexorablemente

empapado de vos...

 

No hay instancia

ni encuentro rincón

donde no me siga lloviendo

tu nutriente, fresquísima

y pacífica lluvia...

 

______

 

 

Somos dos pasajeros más

en este carrousel de sueños, desvelos

empeños y desgarros

Vamos girando,

contemplando milagros y miserias del mundo

en trescientos sesenta grados

La fuerza del misterio prístino y cierta obstinación

nos impulsan

 

Mientras giramos y giramos

vamos enhebrando delicados segmentos de luz,

destellos de amor, con paciencia de orfebres

 

Como el fugitivo en el oscuro túnel

anhelamos la claridad definitiva

o al menos

un manto de misericordia

para nuestros cansados corazones.

 

Orlando Valdez

Poeta. Nació en Ramallo (1961). Entre 1962 y 1985 vivió en San Nicolás. Desde 1986 vive en Rosario (Argentina).  Ha publicado El mezquino trazo del acto (poesía). Ed. Laborde. Rosario, Argentina, 1° Ed. 2012 y 2° Ed. 2013; La cobardía feroz del silencio (poesía). 1° Ed. Menta Producciones. Rosario, Argentina, 2007 - 2° Ed. Laborde. Rosario, Argentina, 2017; y El hondo silencio de toda locura (poesía). 1º y 2º Ed. Los lanzallamas. Rosario, Argentina, 2001.

 

El color de la noche

 

todavía veneraba

cuando se iban

las estrellas

el color de la noche

la rompiente madrugada

de golondrinas

 

y jilgueros

y el cielo

y el final

 

entonces

comenzaba

y el día

era de otros

 

En las calles en la noche

 

el frío en las calles se agrava en la noche

del invierno hojas como animales

claman por la urgencia del alba

y la luna fuera de su menguante

 

entonces pregunto por mí y qué hay de mí

 

del suceso

y el hallazgo

de la luz de una vela

el estigma

y su sombra

 

Octubre tiene

 

como noche huesos

acantilados

en lo profundo

de una ola

el ocaso infinito

de la mirada

algo salino. Ahora

vida o muerte es

albatros en su pico

 

Más de tres veces

 

intro/vierte difusa

negando el

ocaso

más de tres veces el

largo desvarío el

delirio que esparce la

luz de una piedra

casi siempre al

ras

del suelo sobre el

extremo de la

línea

y susurra y tiende las

manos al

oyente

 

Amo y soy amor

 

amo y el amor

tal vez sea mujer

inasible

con tormentas

como olas

y a la vez silvestre

aroma de flores

con mucho color 

como nunca todavía.

 

amo y soy amor

salvaje animal

de la llanura

que habita solitario

modificándose

como la violenta

y súbita gravedad

de un soplo

que dio vida que mata ahora

 

Intervalos

 

entre concilios del rito

ofrenda costados de lunas

en intervalos

enciende velas

y asesina

al ángel de cenizas

 

cinco

 

o seis minutos antes

que la vez anterior

 

Para que amanezca

 

partes de la noche arrojadas en la arena

como olas mis huesos mi carne aún

 

cuando de Clara no hay estrella ni foto

y ella dónde ella juega

 

y cuánto de mí a un costado

delirante quizá inútilmente al extremo despedazándome

 

mientras Marisí es cierta novel

y única luz del cielo tanta luna creciente

 

que hube traicionado

para que amanezca mar entre mis dedos

 

Iguales

 

olvidé mi nombre

y las esquinas del barrio

el himen de las niñas

que juraron obedecer

al naufragio de sus vestidos

porque los muertos eran sólo

a cebita y

a los tres días el poeta

volvería a morir

 

en la misma oscuridad

ante los ojos de la noche

 

éramos miles

y más que eso iguales