Selección de poemas

Laberinto

 

La conciencia del mundo comienza y termina en uno mismo. La vida es un gran laberinto, indiferente al rumbo que escojas. Tú  (tu ser más querido) no eres una excepción.

 

Aunque sea hermoso, la indiferencia termina por agotarlo todo. Tampoco yo soy una excepción.

 

Hay siempre  una espera, siempre hay algo desconocido que nos sorprende.

 

Melancolía, no por ti, por nadie, melancolía mecedora de costumbre y desarraigo.

 

Ceremonia del tacto

 

Las vestiduras caen,

el agua tibia nos recorre

en manos recíprocas.

 

Un todo se culmina,

aire, mar y cuerpos

pintados en la oscuridad

y la quietud de las cavernas.

 

Por encima del mundo

un lejano deseo,

escapar de lo neutro, del sin sentido,

tú sabes, de todo aquello.

 

Nada nos ha de poseer en esas horas

donde la clave es el encuentro. Con

el instinto, la mayor densidad

del grito inevitable.

 

Elección

 

La ficción de la luz

argumenta la densidad del cuerpo y del aire

por lo inevitable.

Saber, no es para gritar

que el pensamiento se quiebra.

Saber, hace vibrar

y por qué no,

elegir la forma.

 

Azoteas

 

Desde mi ventana

se expanden diversas. Las ropas,

expuestas al aire y al sol

se mecen lentamente. Emanaciones de quienes,

debajo

Intenta orientarse. Detrás el océano

parsimonioso hacedor de las aguas,

del algo más allá

del propósito y la prisa.

 

El acontecer se agrupa

como pared siempre nueva.

Energías andan por el aire,

presumen, a veces, sobornan el cuerpo

y los deshacen.

 

Rostros, reajustes indispensables

en que se desenvuelven. Implacable pulcritud

en cada hecho. Depuración

de lo que siempre estuvo

esperando el turno de la escena.

 

Mi mano tensó hoy toda su cuerda

del algo más allá

del propósito y la prisa.

 

Aislante

 

Un no diurno.

Un no nocturno sin traducir.

El no rozamiento.

 

La energía parte en dos la figura.

La armonía ida desdibuja el ambiente.

La inadaptación

es un sable pegajoso.

 

Escénica

 

Lo remoto y lo cercano.

Incoherencia entre

lo que se debe y lo que no.

La calle puede ser recta

                              encorvada

                              escamosa

                              escénica

                              extranjera

 

ante tu paso ceremonioso

aún no soldado

lo renco.

 

Fragmentos

 

Fragmentos, nudos, membranas

de los días que creímos inútiles.

 

Nuestro espacio es nuestro espacio.

Nuestra imagen es nuestra imagen.

 

La mente puede construirlo todo.

La realidad construye

lo que puede.

 

Tu público

 

Por lo menos escribir la palabra

dividirla en sílabas

deletrearla.

 

Allí, en el borde, el esqueleto

hacia el traspatio dice:

 

Incapaz de ver tu imagen

te doblas a ti mismo.

 

En la soledad del espectáculo

yo soy tu público.

 

Baila, alguien canta:

si estoy aquí

es porque estuve antes.

 

A través del cristal

 

Me darías el aventón

hasta el medio camino.

Certidumbre de la celda

esfuerzo del músculo.

A través del cristal el paisaje amarillo,

las vacas en búsqueda de la penúltima hierba.

En este poema escrito

en el soporte del aire.

 

Lo que ves

no es lo que ves

o sí.

 

Sobre pañuelos  

 

La seda alrededor

de mi garganta:

 

el temblor de la arteria;

postal de una cruzada.

 

 

Especial para La Jiribilla

 

 

Ficha
 
Julia Cabalé: Poeta, editora, promotora cultural cubana La Habana, 1954. Licenciada en Historia por la Universidad  de La Habana. Ha publicado los libros  Ceremonia del tacto (Premio David de Poesía), 2001 y La ficción de la luz, 2010, por Ediciones Unión, así como Voz de las gravas, 2012, por Ediciones Unicornio. Su obra aparece recogida en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. Es miembro de la UNEAC.