Selección de poemas

That's me in the corner

That's me in the spotlight (…)

R.E.M

Elijo mi confesión,

la tumba donde sepultaré mis huesos

y la ira,

la lujuria por este tiempo y esta luz.

Elijo las muescas que lucirá mi piel,

todos los agujeros visibles y supurantes.

Ha habido demasiado silencio sobre

la intensidad de las cosas cotidianas.

Me arriesgo a poner todos mis pedazos en subasta,

para comprobar el tamaño de la codicia,

la cantidad de monedas,

los mercaderes y su triste abundancia.

Los momentos de éxtasis

ya están trucados.

Adoramos fingir bienestar

bajo las luces del escenario fraudulento.

Y quizá, sin saberlo,

terminamos siendo compasivos

con los gestos del desaliento.

 

Álbum de familia

Yo soy mi propia familia:

la llave roma,

inservible,

para abrir las puertas necesarias.

Detrás no hay linaje que justifique

desvaríos ni estertores,

huesos con los que armar

mi propio esqueleto fabulador.  

Los retratos en las paredes están vacíos;

nadie pregunta por los muertos de antaño:

ya fueron olvidados.

Sobrevive un fantasma

que ronda entre sueño y sueño

y viene a avisar

que cierre la boca y abra los ojos.

Mi familia:

rompecabezas incompleto

y desperdigado sobre la mesa de cada día.

 

Como un soplo de la respiración de Dios

Como un soplo de la respiración de Dios

todo acontece.

No nos salvamos de la naturaleza fugaz

de lo que nombramos.

Sin previo aviso,

allí,

donde nuestro entusiasmo llegaba más alto,

aparecen las máscaras

los gestos displicentes,

los restos de un cadáver.

 

Nadie sabe

Va a acabarse este minuto

de la ansiosa espera.

Después de él

nadie sabe

lo que saltará asombrado.

Cómo será la piel de los extraños,

su consistencia,

los vestigios

de la azarosa luz que persiguieron.

De nada sirve cubrir los espejos

con un paño negro,

ellos dejan el cuerpo al descubierto,

la espalda,

el campo de batalla más explícito

donde van a yacer todos los intentos.

 

Cómo será la piel de los extraños,

de ese animal salvaje

que dormita

bajo el cerezo

y pretende irse sin ceremonias,

ausentarse como quien no estuvo nunca.

 

Nadie sabe.

Todo lo que sucederá

no será conveniente.

Habrá que arrastrase debajo de la hiedra

quemarse las manos

abrir un hueco en la almohada

para esconder los puñales.

Poner un vaso de agua

en cada esquina de la habitación.

Las criaturas que llegan con la noche

vienen con sed.

 

Whisper

Ella Fitzgerald canta.

Escucha.

Detén cualquier movimiento en este instante.

No podría regresar al cuarto

con el Blue Moon de Ella

bañando sus paredes,

con la certeza de que después

lo triste será el silencio

y la fuerza con la que cerraré los ojos

para que no veas la desilusión,

la docilidad con la que obedezco a tus impulsos

y grazno cuando me lo pides,

y silbo para atraer todo tipo de desgracias

sobre este cuarto en el que sé

que después de que Ella

pronuncie la última nota

de esa canción

que yo escucharía en cualquier azotea del mundo,

sola y feliz,

lo triste será el silencio. 

 

Piénsame lejana

Piénsame lejana, casi muerta

por algún país austral.

Créeme simple, predecible

hasta de ojos cerrados.

Vulgar por mis pasos

de callejuelas sonoras.

Equivócate mil veces.

 

Me hallarás a la puerta

viva,

vacilante,

más pobre,

sin maletas.

Te abrumará mi costumbre de tristeza y baile,

la agonía de cada noche.

No cuentes la historia,

el viento no conseguiría

poner en disputa

su peso,

la extensión de la desgarradura. 

 

 

Revelaciones de las hijas de Eva

Las mujeres ya no guardamos

los diarios debajo de la almohada.

No nos preocupa

quién pueda venir a develar nuestros secretos,

a conocernos,

a decir ella se parece a mí

o que mujer tan loca e irreverente.

Ya no sentimos vergüenza

por las palabras que utilizamos.

Decir deseo, está bien,

decir masturbación, está bien,

decir no quiero ser madre, está bien.

Ya no le tememos a los castigos,

a los insultos,

a que amemos a otra mujer

u otro hombre,

a ser felices,

aunque nos hayan dicho toda la vida

que la felicidad no existe.

 

Especial para La Jiribilla. Tomado del libro La intensidad de las cosas cotidianas.

   

Ficha
 
Sheyla Valladares Quevedo: Poeta, narradora y editora cubana. Matanzas, 1982. Licenciada en Periodismo. Egresada del XII Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Mención en el concurso de cuentos “César Galeano”, 2010. Finalista en el Concurso Internacional de Minicuentos “El dinosaurio”, 2013. Finalista en el Concurso Casa Seoane, 2016. Tiene publicado los poemarios La intensidad de las cosas cotidianas por la Editorial (Sed de Belleza, 2014) y Lo que se me olvida (Premio Pinos Nuevos 2014, Gente Nueva, 2015), además el libro Relojes con miedo al agua (Premio Luis Rogelio Nogueras, 2015; Editorial Extramuros, 2016)