Selección de poemas

NUEVA ESTACIÓN

 

desde las entrañas de la tierra, a través de paredes
desconchadas, la voz del pífano.
epifanía. pulso de un reino que se acaba
justo en la gran caída. reino de argonautas, de uno
sostenido por la poesía escrita sobre puertas, sobre la piel,
como una honda sajadura. viene la voz que esquiva los objetos
raídos: multitud de volúmenes para burlar el hambre
ancestral, hambre ontológica, hambre mimética,
elemental de la ceniza, cicatriz, tránsito del abandono
al abandono, tejido de oposiciones, raíz de la totalidad
que en vano sugiere interpretar alquimias, momentos
de la fecundación. la voz del pífano que nunca entenderá
el cáliz del demiurgo, propone herirse, doblegarse
para asir el milagro, pero vano es el gesto, vano el artificio
porque todo yace en la raíz de un árbol
originario, un árbol demolido por la sucesión
de instantes cósmicos que arrostran el Enigma.

 

 

 

NUEVA ESTACIÓN

 

La muerte es siempre la muerte pero cada cual muere a su modo.
Para J. T. Malone, la suya comenzó
de una manera tan banal que, un día,
confundió el final de su vida
con el inicio de una nueva estación.
 
Carson McCullers: El reloj sin manecillas.

 

 

La muerte siempre es la muerte,
pero uno muere a su modo
porque morir, sobre todo,
pudiera ser una suerte.
La crudeza de lo inerte
no es sólo una mala rima.
 
¿Alguien, en verdad, se anima
a entrar en el Paraíso,
cuando la paz del occiso
a su cama se aproxima?
 
 
 
TESTIMONIOS DEL CÓMPLICE
 
Que no, mi madre no pudo
dilacerar con pastillas
las macilentas mejillas
del inocente desnudo.
Lo sé porque en su saludo
no trepidó el parricidio.
Lo sé, porque a veces lidio
con su aberrada oratoria,
y puedo ver, tras su euforia,
el rostro del homicidio.
 
Que no. Mi madre desprecia
lo rahez. Mi madre nombra,
con perspicacia, la sombra
mensurable de la amnesia.
Aunque en su memoria arrecia
el egotismo, lo abyecto
es un embozado aspecto
de su fatum que vislumbra,
a través de la penumbra,
un omnímodo trayecto.
 
Que no, cualquiera está al borde
célebre de la violencia,
y puede sentir la urgencia
de silenciar el acorde
que una vida monocorde
tañe con muy poca suerte.
Cualquiera puede ofrecerte
la piedad del asesino,
y señalarte un camino
que te conduzca a la muerte.
 
Que no. No me digan nada.
Perfectamente uno puede
matar, pero nadie agrede
a una sombra condenada.
Preparar una coartada
seguro que no pensó
mi madre. Perdonen. Yo
no lo juro, pero digo
mi verdad. Soy un testigo
que siempre dirá que no.

 

 

ONE FLEW OVER THE CUCKOO’S NEST

 

Este poema está basado libremente
(y prácticamente traducido del verso libre)
en “Sobre el nido del cuco”
de Raúl Hernández Novás (1948-1993).

 

 

En estas tardes medrosas,
sin nadie frente a mi puerta,
oigo la música incierta
de los relojes. Las cosas
me parecen misteriosas
alucinaciones y
peligros que están en mí
desde siempre. En este lapso
de obligatorio relapso
yo ta también pienso en Ti. (sic.)
 
Ya no hay nadie en mi experiencia.
Todo fue vano extravío.
Un teléfono vacío
acentúa la inocencia
de creer que fue la ausencia
la senda, en cuyo remate
buscó mi cuerpo el rescate
de otras islas. Sólo hay miedo
sobre mí, pero no puedo
dejar que el miedo me mate.
¿Qué inoportuna gaviota
de aquellos mares del Sur
me convirtió en el augur
del odio y la bancarrota?
Dios mío, ¿por qué una gota
patibularia me mira
y sonríe? ¿Por qué gira
este barco de los locos
que no gobierno, que pocos
gobiernan en la mentira?
 
Mac, Mac, ¿dónde te has metido?
Estoy solo en esta nave
without candies. Estoy grave.
No soy un niño perdido
en el parque, ni el sonido
del hado. Mac: ¿qué invectiva
urdes contra mí, con viva
devoción por el insulto?
¿Por qué siempre estás oculto
cuando el dolor me derriba?
 
“...Y te acepté grises flores
de sueño y te dije: ¿sabes
quién ha guardado las llaves
del regreso?” (Mis mejores
palabras fueron rencores
a intramuros de tu aliento
lúgubre, y el desaliento
crispó sus dedos de frío
en el tablado vacío
de tu jardín soñoliento).
 
Y me encerraste a morir
entre los muros. Distante
de tu rostro alucinante.
(Y no le quise decir
a mi madre que vivir
en esta casa desierta
es condenar una puerta
para impedir mi salida).
Pero tú estabas sin vida
y yo gritaba: ¡despierta!
 
Hoy suena el timbre y no viene
nadie por la nieve triste
de la oscuridad. No existe
el árbol. La noche tiene
encrucijadas: detiene
a los amigos, obstruye
viejos rumbos, se diluye
sin Ti. —¡Hello, darkness: tierno
subterfugio del Averno!—
“My old friend.:” Todo concluye.
 
Todo concluye. Saludo,
a pesar de la tiniebla,
al desamor que nos puebla
without candies. Me desnudo.
El teléfono está mudo
entre nosotros. La hora
avanza y mi cuerpo aflora
en su destierro pacífico,
como un vasto frigorífico
de silencio que me ignora.
 
Miro, en sueños, una escala
como Jacob frente al muro
de la noche. No está oscuro
el cielo. La luz resbala
por la pared. Mueve un ala
un ave, sobre la roca
de Bethel, y un ángel toca
con su espada de exterminio
a la puerta sin dominio
del Reino que nos convoca.
 
Aquí estoy, siempre al acecho
de tus pasos que no llegan.
Sólo mis palabras niegan
el pasado. ¿Qué derecho
tienes a olvidar el trecho
que avancé en el laberinto
de la verdad? ¿Por instinto
sabes que el rencor nos mata?
¿Vas a romper la piñata
del cielo, y será distinto?
 
 
MONÓLOGO DE LA VÍCTIMA ANTES DE CONVERTIRSE EN LÁPIDA
 
Hay días que anochece tan de prisa, en las paredes de este cuarto a oscuras, que no puedo evitar las sajaduras de la luz infernal en la ceniza andrófoba que cubre la repisa desde siempre. Hay segundos en mi estancia (anteriores a toda nigromancia) que llaman a la puerta, y no parece humana voz, sino Algo que me ofrece devolverme al amparo de la infancia. Porque todo regreso es miserable, cuando ya se ha perdido la certeza de lo vivido, muevo la cabeza y no dejo pasar la insoportable aparición al tálamo infranqueable de mi cuarto. Porque la infancia es cosa parecida a la muerte. Si te roza te sumerge en un líquido inocente, y yo no quiero entrar en la aparente habitación, donde su voz me acosa. Fingir una segunda decadencia ya no tiene sentido. Sus umbrales no existen y mis pasos ancestrales, por el Jardín, están llenos de ausencia como yo. No hay regreso a la inocencia. No hay viaje a la semilla. No hay historia. Avanzas a través de la ilusoria calígine y no sabes que es un juego. Quieres huir, pero el desasosiego puede más que tu díscola memoria.
 
 
PRIMER SOLILOQUIO DEL ASESINO
 
Esencialmente poético
descuido los menesteres
que ofrecen otros placeres
distantes del mundo ascético.
Misoneísta y hermético
soy, simplemente, un enlace
temporal con lo que nace
sobre la cuartilla en blanco;
mas, no siempre lo que arranco
al Misterio, me complace.
 
Yo vine al mundo adventicio
como un nefando arabesco
ante el espejo burlesco
que puso Dios al inicio.
Comprender el sacrificio
de mi madre, es aleatorio.
Jamás entendí el velorio
que fue mi origen difuso,
ni por qué móvil confuso
nacer fue un acto ilusorio.
 
 
PANEGÍRICO DEL ASESINO
 
Hijo: yo no soy culpable.
A veces la muerte cansa
y la vida no te alcanza
para comprender qué amable
puede ser cortar el cable
terrenal que nos mantiene.
Siempre la Piedad conviene
(cuando no es Dios quien la enjuicia)
pero sólo la Justicia
decide de dónde viene.
 
No permitas que te asalte
la filicida sospecha.
Para ti no habrá una flecha
eleática. No falte
en tu mano el gerifalte
de la duda, mas deroga
tu devoción por la soga
y no me pidas que otorgue
también tu rostro a la morgue
porque complacerte ahoga.
 
Recuerda que él fue un tropiezo
luctuoso, una sepultura
errante, una prematura
hiperestesia, un exceso.
Haber sostenido el peso
de su erial desde la infancia,
soportar su necromancia,
su exánime pie mortuorio,
¿No convirtió en un velorio
mi vida, por ignorancia?
 
Hijo: ten piedad. No es burdo
transformar al Homo Faber
en la eversión de un cadáver
fiduciario de lo absurdo.
Justificaciones urdo
como el que sostiene un báculo
a través del infernáculo
donde un salto es el envite,
pero, por favor, permite
que yo elimine el obstáculo.
 
Expulsados del parterre
original, proferimos
insultos a Dios y abrimos
viejos frascos. Quien no cierre
los ojos, morirá. Yerre
o no la paz del arsénico,
con disimulo ecuménico
perpetrará su aquelarre
como un tósigo que barre
para siempre de lo edénico.

 

 

RUIDO DE PASOS DE UN GRAN CRIMINAL

 

Me es imposible decir cómo aquella idea
me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me
acosó
noche y día. Yo no perseguía ningún propósito [...]
Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me
insultó.
 
Edgar Allan Poe: El corazón acusador.

 

La existencia es una farsa
agnóstica. Pura niebla.
 
Todo lo que no es tiniebla
pido, a Luzbel, que lo esparza.
 
La metafórica zarza
se apaga. No hay cornucopia.
 
Una víctima es la copia
fruitiva de un viejo pacto.
 
El crimen: último acto
que escenifica la inopia.
 
 
SCIENCIA PERFECTA
 
Consciente o no del delirio
en que el moribundo pide
a su karma que lo olvide,
la piedad es un martirio.
No todo el que pone un cirio
en el funeral aprecia
la dimensión de tan necia
costumbre del que agoniza,
porque entenderlo precisa
haber entrado en su amnesia.
 
Observado con cautela
y, sin temor al equívoco,
tratamos de que lo unívoco
del concepto no nos duela.
La piedad se nos revela
como algo que transustancia
la compasión, como un ansia
por aliviar el asedio
del dolor; pero el remedio
aumenta nuestra ignorancia.
 
Tergiversamos la esencia
de la virtud, por la fobia
a sentir que nos agobia
ejercer nuestra clemencia.
Preferimos la abstinencia
al diálogo necrológico.
Aceptar que lo más lógico
es sentir lástima, insulta
porque la lástima oculta
un sentido paradójico.
 
La autocompasión, la agnosia
de la piedad, lo falsario;
salen del devocionario
que con la Piedad se asocia.
Su didascalia disocia,
si la voz del monasterio
quiere imponer un dicterio
desde el facistol beatífico,
y resulta terrorífico
no interpretar el Misterio.
 
La piedad. La demagogia
del predicador. La laude.
El palimpsesto de un fraude
que descubre la anagogia.
Condenamos al que elogia
la pureza, con sarcasmo.
Por no evadir tal marasmo
y lograr que nos estimen
podemos negar un crimen
que urdimos con entusiasmo.
 
Afligido por la hora
final, el semidifunto
quiere olvidar el asunto
con rapidez. La demora
cambia todo lo que ignora
y acentúa su gravamen.
No resistir otro examen,
no entender su soledad,
no tolerar la piedad,
serán parte del dictamen.
 
¿Cuál es el hombre que puede
disminuir la tortura
de la víctima? ¿Quién jura
ser compasivo y procede,
(sobre un cadáver que hiede)
sin miedo, a ponerle coto
al simulado alboroto
de los que van a su encuentro,
si todos saben que dentro
la piedad se les ha roto?

 

 

RÉQUIEM

 

¡Callado abuelo! También tú viviste
y amaste. Por eso moras junto a tus
hijos como inmortal. Y a veces, la vida
parece venir de ti, como del Éter silencioso.
 
Hölderlin: “Retrato de abuelo”.

 

Ahora que la falacia
paga sus culpas prolijas
y, a través de las rendijas,
se nos filtra la desgracia.
Ahora que vamos hacia
la destrucción, me pregunto
con desgano, ¿hasta qué punto,
ostensiblemente insólito,
merecías ser acólito
del horror, como un difunto?
Morirás, pero no todo
habrá acabado. Incorpóreo
volverás a un tiempo ecuóreo
como el amnios. Serás lodo
teorético. Grosso modo:
reo de la lasitud
entrarás a un ataúd
insenescente, inconsútil,
pero jamás será inútil
prolongar tu juventud.
Callado abuelo que moras
en el silencioso Éter,
donde ya ningún catéter
te desgarra, tú que ignoras
cómo acortaron las horas
letales, el desvarío,
perdona este desafío
del alcohol, que no me ayuda
a sacarte de la muda
catacumba del Vacío.

 

 

LA LIBERTAD DEL SUICIDA

 

Considerado exactamente,
el concepto de la libertad es negativo.
 
Schopenhauer

 

hoy he visto un ahorcado junto al río pensé en paul celan sobre el puente del sena / me repetí nerval / pavese / asunción silva / cerré los ojos y ante mí desfilaron la neblina del praga / la podredumbre del magestic / el balcón de los ángeles / porque en la aduana nadie lee suicidios y otras muertes ni escucha cry for a shadow / el hermetismo de la realidad es la conexión entre esos esperpentos / cierro los ojos y me arrastro hacia otros desperdicios pero en la aduana no importa si uno escribe versos o leopoldo lugones es quien los dicta / hoy he visto un ahorcado junto al río y te juro que era más bello que el ahorcado del café bonaparte.

 

¿Qué diablos de libertad
poseo, Cruel Esperpento,
si ando según sopla el viento,
si no estoy, si la verdad
es como una enfermedad
fingida, si en los retablos
de la burla, los venablos
que los indignos me lanzan
con furia, siempre me alcanzan
y me destruyen, qué diablos?
¿Ha de ser cortado el hombre
de raíz, sin otra causa
que la de ser una pausa
civilizatoria, un nombre
por definir? No te asombre,
Luzbel, si por ti derogo
las esperanzas que ahogo
para zanjar el conflicto.
Soy, simplemente, un convicto
y, como Job, te interrogo.
 
¿Qué esperas de mí, Maligno?
Príncipe de las Tinieblas:
¿Por qué mis entrañas pueblas
con un licor tan indigno?
No me encuentro. No hallo el signo
de mi Kabbalah proscrita.
Tanta ingenuidad irrita.
Mi parte pública miente.
Lo que hubo en mí diferente
ya nadie lo necesita.
 
Terminé. Cerró mi plazo.
Juro que intenté ser bueno
y concluí siendo ajeno
al mundo. He sido un fracaso,
pero levanto mi vaso
por los vencidos. Las puertas
no importa que estén abiertas
o clausuradas. Yo brindo
porque sí, porque me rindo.
 
Basta de palabras muertas.

 

Pavese, Lowri, Esenin, Maiakovski, Musset, Celan, Tsvetáieva, Casey,Osamu, Kawabata, Trigo, Storni, María Luisa Milanés, Kawabata, Fadéiev, Levi, Borowski, Storni, Casey, London, Plath, de Larra, Sexton, von Kleist, Lugones, Kerouac, Zweig, Mishima, Benjamín, Burroughs, Klauss Mann, Akutagawa, Martí, Wolf, Sexton, Asunción Silva, Plath, Nerval, Dazai, Arenas, Novás, Escobar, y tantos…

 

Tomado del libro Atormentado de sentido. PREMIO IBEROAMERICANO CUCALAMBÉ 2006.

Publicado por la Editorial Sanlope (Las Tunas, 2007)

 

FICHA
Ronel González Sánchez: Poeta y escritor cubano. Nació en Cacocum, Holguín, 1971. Se desempeña como especialista en investigaciones culturales del Centro Provincial del Libro, y es escritor de programas culturales de la emisora Radio Angulo. Entre sus libros se cuentan: Desterrado de asombros (Letras Cubanas, 1997), Zona franca (Ediciones La Luz, 1998), La furiosa eternidad (2000), El Arca de no sé (Editorial Oriente, 2001), Consumación de la utopía (Ediciones Unión, 2005). Ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional Cucalambé 1995 por su libro El mundo tiene la razón (escrito en coautoría con José Luis Serrano), y el Premio Iberoamericano Cucalambé 2006, por su poemario Atormentado de sentido.