Santa Clara, isla de la crónica

 

La sede de la UNEAC en Villa Clara es, como casi todas las sedes de la UNEAC en el país, una casona del centro de la ciudad con grandes ventanas de balaustres de madera pintados de azul. Dentro, alrededor del patio y refugiados del sol de junio, escritores y periodistas inauguran el segundo capítulo de Sin la espuma del olvido, iniciativa de la institución ante la pérdida de público en las actividades literarias. Este lleva por nombre Cronistas crónicos.

Aquí, la lectura adquiere un nuevo sentido. Cada participante lee tres crónicas y al final el público vota —boleta, urna y comisión de escrutinio incluida— por aquellos textos que más le gustaron, uno por cada autor. Con ellas, más adelante, se editará el volumen Cronistas crónicos.


Ricardo Riverón, organizador del proyecto. Foto: Tomada de las redes sociales del entrevistado


“Se llama Sin la espuma del olvido el proyecto porque precisamente consiste en no dejar que el viento se lleve las palabras, que lo que nace siendo un hecho oral, termine en un hecho editorial, impreso, con lo cual se completa un ciclo”, explica Ricardo Riverón, poeta, ensayista y organizador del proyecto.

Siempre hay una historia,  y esa la historia está contada por lo general de una manera lineal, sin grandes despliegues técnicos, sin fugas temporales, sin tantos cambios de puntos de vista del narrador.

“El primer capítulo del proyecto, dedicado a la poesía, se desarrolló durante todo un año con recitales mensuales. Lo diferencia de este que en aquel momento también se traían textos de poetas fallecidos y los autores solo eran de Villa Clara.Se hizo el libro, llamado Por mayoría simple, y siempre pensamos en que fuera un proyecto continuado”, agregó.

Entre los invitados se encontraban, en esta ocasión, Laidi Fernández, Eduardo del Llano, Alexis Castañeda, Yamil Díaz, Luis Sexto, José Alejandro Rodríguez, Lorenzo Lunar, Sigfredo Ariel, Michel Contreras, Omar Valiño y Yandrey Lay, entre otros.

Asalta una duda: ¿por qué dedicar el segundo momento de este proyecto a la crónica?

“La crónica, según las observaciones que he podido hacer, es un género que el público disfruta, porque es donde la narrativa comparte territorio con el periodismo. Siempre hay una historia,  y esa la historia está contada por lo general de una manera lineal, sin grandes despliegues técnicos, sin fugas temporales, sin tantos cambios de puntos de vista del narrador. Entonces el público por lo general asume ese género, son textos amables para el público.La prueba ha sido estas jornadas, que han sido variopintas, ha habido humor, drama, deporte, patriotismo, filosofía…

“Ese fue uno de los objetivos, otro es la observación de que la mayor parte de los escritores, en algún momento de su vida y por lo general en momentos de madurez, se convierten en cronistas. Y el periodismo siempre ha tenido la crónica en su arsenal de herramientas, pero una crónica también diferente, me percato de que los periodistas se comienzan a acercar a la crónica con otras ambiciones literarias.


Invitación al encuentro


“Esas dos fronteras que para mí son artificiales (entre el periodismo y la literatura y entre la crónica y la narrativa) se desdibujan bastante cuando se convierte en un fenómeno de comunicación para atrapar al lector”, dice Riverón.

Las crónicas seleccionadas (algunas de las cuales publicamos en este dossier) fueron:

Vamos, John Lennon, coge tu cajita, de Alexis Castañeda Pérez de Alejo

Beatles por siempre, de José Alejandro Rodríguez

Dos malos ratos, de Jorge Fernández Era

Miaming, de Eduardo del Llano

Lorca busca poesía en Sagua, de Alberto González Rivero

De la ausencia y el béisbol, de Diana Ferreiro

El ojo izquierdo de Salvador Allende, de Yamil Díaz

Carretera adentro, de Luis Sexto

Máximo Gómez y la ingratitud humana, de Yandrey Lay

Cómo subir el Turquino, de Omar Valiño

La odisea del muerto, de José A. Fulgueiras

Veinte años, de Jesús Jank Curbelo

Teresita, el corazón feliz, de Sigfredo Ariel

En las películas, de Laidi Fernández

Se acabó el abuso en Cuba, de Lorenzo Lunar

Mi infancia son recuerdos, de Michel Contreras

Los Rolling Stones cantan mientras un niño mira pasar las nubes, de Amador Hernández

La bodeguita del tío Armando, de Ricardo Riverón