San Juan Murmurante

Nunca he creído en la reiterada idea del fatalismo geográfico. Los creadores cubanos residentes en cualquier punto del país fuera de los límites de La Habana, cuando son genuinos de verdad, contra viento y marea se abren paso. Otra cosa bien diferente es reconocer que en materia de cultura no hemos logrado en nuestro país librarnos de un enfoque habanocentrista, expresado en mil y un ejemplos.

foto del Coro de Cámara de Matanzas
Coro de Cámara de Matanzas. Foto: Semanario Girón


De tal suerte, en una manifestación como la música, las discográficas nacionales, todas radicadas en la capital, nunca han conseguido ofrecer una muestra equilibrada de lo mucho y bueno que en materia de arte sonoro, tanto popular como académico, se lleva a cabo desde Pinar del Río hasta Guantánamo. De ahí que siempre que me encuentro con un fonograma de un artista no residente en mi querida Habana, siento especial interés por escucharlo. Justo eso me sucedió con el álbum San Juan Murmurante, realizado por el Coro de Cámara de Matanzas, bajo la dirección de José Antonio Méndez Plasencia.

Licenciado por Producciones Colibrí, del Instituto Cubano de la Música, este CD me resulta uno de los más llamativos en el universo de nuestros coros en años recientes. En ese sentido, el disco fue para mí una muy grata sorpresa, pues aunque desde hace tiempo conozco el trabajo de José Antonio al frente de formaciones vocales y experimento gran respeto por lo que él ha hecho con proyectos como el cuarteto Víctor Jara, no me imaginaba un disco al corte de San Juan Murmurante (título tomado a partir del nombre de una composición de Marta Valdés), en especial por el repertorio que incluye.

Con piezas que van desde versiones corales de temas harto conocidos, hasta obras concebidas por sus autores para el formato de coro, el mayor mérito de la grabación está en rescatar del pasado algunas partituras que rara vez son interpretadas en los tiempos que corren.

Magníficos ejemplos en dicho orden son los casos de “Curujey”, obra concebida a partir de  versos de Nicolás Guillén musicalizados por Amadeo Roldán, y “El Caballo Blanco”, escrita por otro grande de nuestra música, el remediano Alejandro García Caturla, composición inspirada en “El fiel enamorado”, de Francisco Portela. Confieso que hasta la audición del álbum, nunca antes había oído estos dos temas, que para mí resultaron todo un descubrimiento.

El buen tino de José Antonio Méndez Plasencia al escoger el repertorio para el fonograma, se vuelve a corroborar en la sabia alternancia de la que hace gala al elegir tanto piezas de raigambre popular, como otras en las que prevalece el sello de la música académica. Así, entre los momentos más logrados en el álbum, según mi parecer, figuran la interpretación de “El Manisero”, original de Moisés Simons y que en este caso se presenta en una acertada reescritura a cargo de Yaniel Fernández Águila, o el corte con el que se pone término a la grabación, “Un baile muy rápido”, de Roberto Valera.

Con lo expresado hasta aquí, queda claro que con un fonograma como San Juan Murmurante se verifica que más allá de las fronteras habaneras, a lo largo y ancho de nuestro país, hay personas que están haciendo música de primer nivel, tan o más llamativa que la efectuada por sus compatriotas capitalinos, algo que siempre debería tenerse en cuenta.