Rufus reabre el Gran Teatro

Hace apenas semanas del paso del huracán Irma y todavía los cubanos hablan en las calles, en las aceras y en las esquinas de cada barrio, sobre lo que será recordado como el fenómeno natural más terrible que haya pasado por la Isla. Sin embargo, este domingo a las 5 de la tarde el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso ha reabierto sus puertas para acoger al cantautor estadounidense-canadiense Rufus Wainwright, en una verdadera tarde de beneplácito.


Rufus Wainwright estuvo acompañado por la Orquesta del Gran Teatro
de La Habana, y por el reconocido cantautor cubano Carlos Varela

 

Rufus, según los especialistas en el tema, es uno de los vocalistas más prominentes de su generación, con una laureada carrera de solista que comenzó hace más de dos décadas. Su diapasón musical se expande desde el pop, el art-rock, la música clásica y la ópera, lo cual le ha atribuido reconocimientos de un diverso público a lo largo del mundo.

El también pianista nos regaló un concierto que duró poco más de una hora. En escena estuvo acompañado por la Orquesta del Gran Teatro de La Habana, dirigida por el maestro Giovanni Duarte, así como por el reconocido cantautor cubano Carlos Varela.

Wainwright deleitó a todos con un repertorio propio, matizado por intertextos y citas de la llamada música clásica. Al respecto declaró: “mi música está influenciada por la música clásica. En esta ocasión, les he mostrado mi preferencia por piezas como Bolero de Ravel, Carmen, y algo de Giuseppe Verdi. Soy un apasionado de ese género”. También cantó la última aria de Prima Donna (2009) —la cual estrenará el año próximo en el Festival Luminato de las Artes y la Creatividad, en Toronto, Canadá— y una canción que dedicara a su esposo Jörn Weisbrodt, “luego de conocerlo hace diez años en Berlín”.

En uno de los momentos de pausa, el artista hizo un llamado a “unirnos como gente, sin importar lo que el monstruo anaranjado diga”. Palabras que movieron a júbilo, por su clara referencia a Donald Trump, actual presidente de los EE.UU. Y terminó su aseveración diciendo: “después de la salida de Obama las cosas se veían más felices”. La declaración, marca de unión y lucha, cobró aún más sentido en las mentes de los espectadores, cuando el artista interpretó, acto seguido, una hermosa canción sobre La Habana y New York.

Por su parte, Carlos Varela agradeció la oportunidad que Rufus Wainwright nos diera, a quienes amamos la buena música, de darnos cita allí para escuchar su voz. “La voz de Rufus no solo es capaz de derribar muros, sino de derribar puertas”, sentenció Varela.

El compositor estadounidense-canadiense mostró su versatilidad interpretando en español el tema Drume Negrita, de Eliseo Grenet, y popularizado por Ignacio Jacinto Villa Fernández, nuestro emblemático Bola de Nieve. “Soy muy malo para improvisar, así que toda la orquesta va a improvisar”. Dicho y hecho. Esta canción levantó a no pocos de sus asientos. Y luego, no muchos consiguieron volver a sentarse cuando Rufus anunció su especial tema “Hallelujah”, versión que hiciera para el film Shrek a partir del cover del galés John Gale.  

Para cerrar la tarde, el carismático artista entonó en francés La complainte de la butte (Jean Renoir, 1955). Durante la canción hubo un silencio justo cuando paró sus notas vocales –aunque no sus acordes en el piano– para confesar “olvidé la letra”. No obstante, continuó de manera natural y el auditorio no hizo más que reír y seguir disfrutando.

Así culminaba el concierto de Rufus Wainwright, en un teatro repleto que logró espantar, por más de una hora, los malos recuerdos del huracán Irma.