Ricardo Darín: “Soy un mentiroso que siempre dice la verdad”

La agenda de Ricardo Darín en Madrid echa humo. Cine de día y teatro de noche. Y en los huecos que le dejan, viaje rápido a San Sebastián para recoger el Premio Donostia a toda una trayectoria de vida en la escena. Dice, eso dice, que está planeando un descanso, que en cuanto acabe con estos compromisos se instalará en su casa de Buenos Aires para disfrutar de su familia, de sus perros, de los amigos. Dice, eso dice, que tiene ganas, que necesita del descanso, pero, casi al instante, confiesa su deseo de ponerse detrás de la cámara. “Uno puede dirigir un largometraje cuando tiene la sospechosa sensación de que puede aportar algo a una historia. Siento que de todo lo que he vivido y experimentado han ido surgiendo ideas que puedo plasmar en una película. Es algo que, de alguna forma, he venido haciendo con los directores con los que he ido trabajando, pero ahora quiero asumir la responsabilidad total, contar una historia que me pertenezca de principio a fin”, asegura el actor argentino. De momento, historia cerrada no tiene, pero sí imágenes muy concretas, escenas, diálogos, si.

foto del actor argentino Ricardo Darín
El actor argentino, Ricardo Darín confiesa su deseo de dirigir cine. Foto: abc.com

 

Ricardo Darín, seductor indomable

Horas antes de recoger el Premio Donostia y de presentar en San Sebastián su última película, La Cordillera, dirigida por Santiago Mitre, y en la que da vida a un político que tiene que lidiar con las intrigas del poder y su vida personal, Darín reflexiona en alto sobre su trayectoria, aunque rechace de plano este término. Ya tiene 60 años y desde los 11 está en danza, en el cine, el teatro y la televisión. Protagonista de títulos como El secreto de sus ojos, Nueve reinas, El hijo de la novia, Relatos salvajes o Truman, por el que consiguió el Goya hace dos años, Darín rueda estos días en Madrid el thriller de Asghar Farhadi, mientras que por las noches se sube al escenario de los Teatros del Canal con la obra Escenas de la vida conyugal.

“El aviso de que han decidido otorgarme un premio como el Donostia es que ya he cumplido muchos años. No soy hombre de trayectoria, soy más bien de tomar las cosas paso a paso. Prefiero hablar de rompecabezas, porque nunca he tenido un plan predeterminado o prefijado, ni nada que se le parezca. Tampoco soy muy amigo de mirar para atrás, tratando de reconocer esa línea punteada que puede construir un camino. Pero lo cierto es que he transitado ese camino. Un camino que ha estado lleno de personajes y de historias a los que me he abrazado. Y entre abrazo y abrazo ha ido transcurriendo la vida y si miro hacia atrás al único que no me veo es a mí. Es como si todavía no tuviera la capacidad de ser objetivo a través de la distancia. A mí lo que me gusta es mirar aquí, ahora, lo que estoy pisando”, explica el actor, enérgico y cercano como siempre, pletórico de estar con toda su familia reunida en Donostia para vivir “este privilegio”. Y a los que ya en la ceremonia de anoche en el Kursaal dedicó el premio a sus “amores”. No quiso olvidar tampoco a su país “y a toda Sudamérica, se lo merecen”, dijo tras recordar que es el primer sudamericano que recibe este galardón.

Hijo de actores, sabe de los sinsabores y las dificultades de una profesión como la suya y tiene una vara de medir muy particular. Nunca se ha querido abrazar al éxito, pero tampoco se ha sentido entorpecido por el fracaso cuando este ha llegado. “Tengo la sensación de que estoy como de ida. A lo mejor soy una especie de adolescente tardío, de esos que no se terminan de enterar nunca de la edad que tienen, pero estoy en un momento pleno y eso que a mí me cuesta reconocer esos momentos plenos. Mi sistema involuntario de goce y placer se ve muchas veces entorpecido por la panorámica general. Voy a tratar de disfrutar de este momento, porque seguramente algo de lo que me está ocurriendo me lo debo merecer. Así que me voy a permitir abandonarme un poco en ese sentimiento”.

Es el perfecto ejemplo de hombre corriente, del vecino amable, ese tipo con el que el público empatiza sin casi quererlo, como si el destino te acompañara a ello. Lo sabe, aunque no se cree capaz de analizarlo con objetividad. Tiene una sospecha y es la de que, de alguna manera, se obliga a que los personajes que interpreta le atraviesen sus entrañas. “Cada uno de ellos tiene mucho de mí. Creo que a mí me pueden conocer personalmente por los papeles que he hecho. Quizás se me nota demasiado y eso habla un poco mal de mí como actor. Lo importante sería que lograra eliminarme, sacarme de ahí para construir una nueva personalidad. Lo intento pero no siempre lo consigo. De lo que sí estoy seguro es que se me nota de dónde vengo y hacia dónde voy”

 ¿Y quién es Ricardo Darín? “Un mentiroso que siempre dice la verdad”.

Tomado de El País