Renovación es una palabra que habita en El Caimán Barbudo

Hoy, la atrofia de algunas de nuestras instituciones marcan —para asombro nuestro— pautas alarmantes para el porvenir de nuestra cultura, al tiempo que una franja de lo emergente santifica nuevas realidades más competitivas y atractivas para un sector nada desdeñable de nuestra sociedad, las cuales en su inmensa mayoría están desprovistas de un fundamento cultural loable. De ahí que el distanciamiento o extrañamiento de lo sucede en el entramado social se prefigura como una divisa cuyo lujo no nos podemos permitir quienes desde otro ángulo intentamos asirnos a los estratos de la Cultura Nacional, esta vez con mayúsculas. Defenderla desde nuestros insuficientes 20 mil ejemplares bimensuales es un compromiso al que no renunciaremos ni gestores ni lectores de El Caimán Barbudo (ECB).

Defenderla desde nuestros insuficientes 20 mil ejemplares bimensuales es un compromiso al que no renunciaremos ni gestores ni lectores de El Caimán Barbudo (ECB).

ECB, pronta a celebrar sus primeros 50 años el venidero 2016, ha sido desde la temprana fecha de 1966 una publicación concebida no solo por jóvenes sino desde los jóvenes, cuyos puntos de vista han marcado estos últimos 48 años su perfil editorial. Esto le ha permitido habitar, y en no pocas ocasiones delimitar, pautar las vanguardias artísticas que en el transcurso de estas casi cinco décadas han alimentado la política cultural de la Revolución cubana. Desde sus páginas se ha desacralizado un sinfín de vertientes o manifestaciones socio-culturales que pusieron en estado agónico nuestro entorno nacional. En ella no ha faltado la profundidad de análisis y compromiso ético como cotas de su madurez estética y artística, aun cuando la voz de sus gestores, colaboradores, diseñadores, ilustradores ha estado permeada por el más fresco y desenfadado modo de decir/hacer, esa manifestación de alto grado cognitivo que es la cultura de una nación.

Sus páginas, por una parte, han atendido las apetencias de un público lector con vastos y acentuados intereses, joven, ciertamente, pero no por ello un leedor imberbe en el sentido lectivo que le pudiéramos atribuir a la palabra.

También se han saciado —desde sus ya amarillentas páginas— las de un grupo de escritores y artistas que, a partir de lo que se conoce como la Primera Época, colaboraron estrechamente con y desde nuestra revista, entonces suplemento cultural del periódico Juventud Rebelde. Así, figuras de la sociología y filosofía como Jesús Díaz, Ricardo Jorge Machado y Fernando Martínez Heredia, artistas reconocidos de la gráfica como Nuez y Chago Armada; y los entonces jóvenes artistas de la plástica Manuel López Oliva, Nelson Domínguez, Roberto Fabelo, Zaida del Río, César Leal, Ever Fonseca por solo mencionar unos pocos, dejaron sus más ingeniosas inquietudes éticas y estéticas vertidas en los muchas veces polémicos folios de ECB.

Hoy, casi 50 años después, no es mucha la diferencia que en ese sentido asume la publicación, sus contenidos continúan gestándose desde la impronta de los más jóvenes escritores y artistas, 

Hoy, casi 50 años después, no es mucha la diferencia que en ese sentido asume la publicación, sus contenidos continúan gestándose desde la impronta de los más jóvenes escritores y artistas, quienes apartados de los matices didácticos en sus expresiones o experiencias vitales, en no pocas ocasiones propios de su edad y formación, asumen un compromiso de vanguardia desacralizando con sus textos aquellas posturas estéticas al asecho de lo dogmático con que pudieran cubrirse determinadas aristas de nuestra esfera o producción artístico-cultural; aliento creador y ánimo de subvertir condicionamientos anquilosados encuentran y proponen en sus páginas los jóvenes autores que en ellas imprimen con absoluta coherencia sus libertades creadoras, para muchos heréticas. Sillas que quitan delante de la travesía de lo más granado del pensamiento intelectual que hoy recorre la Isla y alienta el estado de ánimo de la cultura cubana.

Renovación es entonces una palabra que habita junto con ECB los parajes de nuestra cultura, siempre desde la mirada inquisidora e inquietante de sus redactores y colaboradores, muchos de los cuales son graduados de las especialidades de Filología, Historia, Historia del Arte, Lengua y Literatura, Geografía, Periodismo, Dramaturgia. Autores que no pocas veces desde el tercer y cuarto años de sus carreras perfilan sus letras a partir de la impronta misma que en ellos ha generado ECB, pero también nuestro entorno cultural, sus disímiles manifestaciones artísticas y literarias. Acompañan estas posturas un sutil pero no menos significativo deseo de contar, de narrar, de develar los matices de la nación; muchas veces mirados tangencialmente en nuestra prensa, pero que están sin embargo muy a tono con la política editorial de la revista. Sus enfoques muestran sus retos y contrapunteos, toda vez que lo más vivo que se mueve en nuestra realidad pasa de alguna manera —y no como un guiño— por la mirada de nuestros colaboradores y redactores.

La cultura de una nación produce movimientos emergentes otros, con los que se nutre más tarde toda la esfera del pensamiento vanguardista que la propulsa, recuérdese el proceso de concreción calcárea que origina la estalactita, cuya filtración causa la estalagmita; esta imagen ilustra —como ninguna otra— la progresión no solo de ECB como publicación, sino de sus propios colaboradores, gestores de contenidos, quienes sin dejar de renunciar al carácter juvenil de sus textos afilian sus tintas a la reflexión sobre la problemática que les impele, de la que manan inquietudes literarias, artísticas, políticas, sociales, filosóficas, periodísticas, investigativas.

Hoy no se podría hablar de la política cultural de la Revolución sin hojear sus casi 386 ediciones. No sería ocioso en ese sentido evocar que desde la publicación del artículo “El ejercicio de pensar”, de Fernando Martínez Heredia, trascendente y medular por cierto, con una dosis elevada de coraje para la época de aquel primer Caimán… ha quedado ese título como una garantía de lo que en lo adelante se vendría a publicar hasta la fecha; eso, un ejercicio del más elemental sentido de la libertad de pensar, un infinitivo que está dando señales de agotamiento por estos “tiempos duramente humanos” y que ECB se empeña en subvertir.

Según Paquita de Armas, “El Caimán Barbudo bien vale una fiesta”. Cierto. Pero no menos lo es que alrededor de la publicación se aglutina un grupo colaboradores que portan en sus propuestas heterogéneos intereses,

Según Paquita de Armas, “El Caimán Barbudo bien vale una fiesta”. Cierto. Pero no menos lo es que alrededor de la publicación se aglutina un grupo colaboradores que portan en sus propuestas heterogéneos intereses, de distintas procedencias e inclinaciones estéticas y que se han venido enfocando, en el transcurso de los 49 años de la revista, con una mirada crítica que ajusta cuentas con la producción artística y literaria de la Isla, de manera incisiva siempre, pero desde la responsabilidad ética que demanda cada acontecimiento y su circunstancia.

Ellos, objetos y sujetos, alimentan el perfil de la publicación, pero es tan amplio que definirlo constituye un verdadero desafío  y aunque está considerada desde sus inicios como una revista de arte, literatura y pensamiento; sus páginas transitan por una vocación abarcadora, de carácter muchas veces periodístico; de modo que traer la calle, la gente común, sus temas. Nuestra realidad perfilada desde el arte de narrar que registre lo habitual y lo que hay de extraordinario en cada una de sus historias sin ambages es también una de las divisas que hoy exige el periodismo cultural o narrativo que se puede leer en ECB.

En su trabajo de diploma “Despertar al saurio o en busca de las palabras perdidas”, sus autoras Yuliet Pérez Calaña e Isaíris Sosa Hernández al referirse al perfil editorial del Caimán genésico acotan:

Sin dudas, la temática literaria fue la más privilegiada por la revista en su primera etapa. En sus páginas pueden encontrarse no solo la publicación asidua de poemas, cuentos y fragmentos de novelas de autores nacionales y foráneos, muchos de ellos clásicos de las letras universales, sino también gran cantidad de entrevistas a narradores y poetas, reseñas y críticas literarias, artículos y ensayos en torno al tratamiento de determinado tema dentro de la literatura, el papel de la misma en el contexto revolucionario o las diferentes generaciones literarias coexistentes en el campo cultural cubano de entonces.  

Siendo así más de tres generaciones entonces de intelectuales en la Isla han seguido edición tras edición las irreverentes páginas de una revista trascendental para entender tanto los matices de su política editorial como la creación artístico-literaria que articula una reflexión precisa

Hace unos días, en el homenaje por el aniversario 70 de Wichy Nogueras “El Rojo” le escuché decir al profesor Guillermo Rodríguez Rivera, por cierto, primer jefe de redacción de ECB, en una franca y contendiente aclaración a Virgilio López Lemus sobre los periodos que distancian el fenómeno de las generaciones, “Virgilio, entre una generación y la que le precede transcurren 15 años, no diez como tú dices”. Siendo así más de tres generaciones entonces de intelectuales en la Isla han seguido edición tras edición las irreverentes páginas de una revista trascendental para entender tanto los matices de su política editorial como la creación artístico-literaria que articula una reflexión precisa, una suerte de sacerdocio que despliega fervores no pocas veces desatinados por transformar la sociedad en que fuera engendrada; es así que cada una de ellas ha entendido su propio Caimán como el de mejor época, pero siempre desde la derivación del sentido de pertenencia con que cada quien arropa esa institución cultural que es ECB.

Sus páginas se animan con igual prestancia desde la subjetividad de la poesía, la verosimilitud de la narrativa, o géneros como el reportaje, la crónica, el ensayo, artículos, reseñas, críticas literarias y entrevistas que alimentan folios de un periodismo que refleja las tensiones dentro del campo socio-cultural cubano con una diversidad de enfoques y aliento polémico que definen una de las características de ECB, paralelo a lo sublime y crítico de la canción trovadoresca que prohíjan las peñas culturales que se han generado desde los espacios promocionales que gesta la propia revista.

Sin duda, el espíritu joven de la revista está identificado con las relaciones de amistad que mantienen el equipo de dirección y sus realizadores con las Facultades de Comunicación, Artes y Letras, Historia, y la Universidad de las Artes, que vinculan los haberes editoriales con las urgencias temáticas de sus más inquietos creadores.

Es meritorio enfatizar también que en ese vínculo se destacan los jóvenes miembros de la AHS, escritores noveles miembros de la UNEAC que han merecido los Premios David es sus respectivas modalidades u otros galardones provinciales que encuentran las páginas de ECB al servicio de su promoción y estímulo; o muchos otros que desde la UPEC también han merecido premios periodísticos hallan la manera  inminente de ver publicados sus trabajos en nuestras páginas. Sumemos a esta nómina de relaciones los Premios Wolsan Cuba-poesía auspiciado por el proyecto Sur Editores de la UNEAC, la Fundación Wolsan y la revista Amnios, por solo citar algunos ejemplos, para quienes hay un espacio de diálogo y promoción permanente en las páginas de ECB.

 

Nota: 
Fragmento de la ponencia presentada en el Encuentro de Revistas Culturales celebrado en Caibarién, Villa Clara, 2015