Reivindicar la memoria y nobleza del maestro

Hoy, tras el paso del tiempo y al repasar ausencias, fugas, mutaciones, advertimos cómo la danza continúa aferrada a muchas de sus historias, búsquedas y encuentros que, por pasados, no dejan de ser instancias de libertades. Justamente, ahí estaba el centro que sedujera a la bailarina, maestra y coreógrafa norteamericana Elfriede Mahler para escapar de la bulliciosa Habana, desafiando distancias, espacios, maneras de pensar, e instalarse en Guantánamo y concretar su empeño de fundar Danza Libre, hace ya un cuarto de siglo.

Mahler, quien llegara a Cuba en los primeros años de la década del 60 con referentes de la más actualizada danza moderna norteamericana, se vincula a la naciente Escuela Nacional de Arte (ENA) y muestra sus saberes alrededor de la danza educativa. Maestra por excelencia, logra urdir la tradición del legado músico-danzario cubano con los aportes más noveles alrededor de la composición coreográfica y las posibilidades expresivas del bailarín. Hubo de tributar mucho a las metodologías de enseñanza de la danza. Varios de sus discípulos hoy son representantes diligentes en el panorama de la danza cubana, ya sea como artistas o pedagogos.

Danza Libre sigue en su Guantánamo fundacional y todavía cuando Elfriede y su más leal colaborador Alfredo Velázquez forman parte de una historia pasada y, desde la memoria de sus legados podemos repasar 25 años, estimable sería reivindicar la memoria y nobleza del maestro.

Uno de los grandes méritos que celebrará siempre el desarrollo del arte cubano es, sin duda, la grandeza en la enseñanza artística. Fruto de experiencias sostenidas en la convergencia de estilos, géneros y tendencias tan diversas como aportadoras de una plataforma identitaria de lo cubano. La amplitud de vocabularios y modos de facturación de nuestro arte se centran en una búsqueda perenne en raíces ancestrales que dan cuerpo a la memoria y herencia de los grandes maestros que nos han configurado.

A partir de la voluntad reivindicadora de la figura del maestro y como remembranza a Elfriede y a Alfredo, quienes fueran líderes en la formación de especialistas en el ámbito de la danza; Danza Libre, la compañía que ella creara y él hiciera permanecer, resguardan las jornadas del Encuentro de Maestros de Danza Elfriede Mahler como núcleo principal para la creación.

Asimismo, Danza Libre durante sus años de existencia, conserva la particularidad de ser una compañía con repertorio dentro de la danza contemporánea y en la danza folclórica (fundamentalmente la raíz franco-haitiana). Obras como Oratorio que coreografiara el mexicano Federico Castro o la mítica pieza de Ramiro Guerra Suite yoruba, forman parte del repertorio activo de la agrupación y, sin duda, gerencian una suerte de metáfora cómplice, de puente relacional entre la tradición y la modernidad.

Recordar hoy la firmeza de Elfriede, la constancia y respeto de Alfredo hacia su maestra, la voluntad multiplicadora de aquellos que insisten en el puerto de afluencias que ha sido Danza Libre durante sus 25 años de vida; nos lleva irremediablemente a los caminos iniciales de la danza moderna en Cuba. Es retornar a los aportes de la tríada Ramiro Guerra-Lorna Burdsall- Elfriede Mahler, en la proyección de una danza abierta al canje, la combinación, el tránsito y la apuesta.

De la misma manera, gratificante sería hacia el futuro más próximo seguir repasando no solo el camino andado, sino esas rutas que van tramándose prospectivamente. Libre podrá ser la danza en la medida que no renuncie al reacomodo de sus conquistas y el reinvento de sus formas. Si bien el Encuentro de Maestros que cada noviembre saluda el modo de juntarnos en torno a un pensamiento actualizado y movible para hacer de la danza cubana un sitio de libertad, sus anfitriones —tal como lo hiciera Elfriede en los inicios de la ENA— deben insistir en el desarrollo hacia otros horizontes menos explorados.

Hoy, cuando nadie duda de la excelencia en la formación de los profesionales de la danza en Cuba, cuando crece el interés por el estudio y el ensanche de vocabularios dentro de la danza toda; es estimable que maestros y discípulos dialoguen en legítima paridad e intercambio. Es el maestro de danza un transformador de cuerpos y mentes. Porque es la danza manera sublime de generar comunidad. Porque hay que agradecer la iniciativa que tuviera Velázquez de sortear distancias y hacer de Guantánamo y Danza Libre, un sitio cercano para dejarse definir. Porque ellos —Elfriede y Alfredo— estarán siempre próximos al llamado perseverante, o sea, al cuerpo que se torna remolino, espiral, creación que reivindique la memoria y nobleza del maestro.