Regresamos a Macondo con García Márquez y Posada
Fotos: Cortesía del Centro Pablo

Regresar a Macondo o El reencuentro de García Márquez y Posada fue la muestra personal del asturiano-cubano José Luis Posada con la que la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, dirigida por Alquimia Peña, y la Casa de las Américas en Cuba celebraron en las artes visuales el trigésimo aniversario de la institución que impulsa a los creadores fílmicos del continente a inicios de este año.

El magisterio inolvidable de Gabriel García Márquez, el Gabo para su entrañable Latinoamérica y Caribe, así como el recuerdo imperecedero de su acción fundadora e impulsora del cine en la región, no podía menos que hallar en uno de los artistas más reconocidos de la historia del arte en Cuba, José Luis Posada, una recordación justa, a través de la creación gráfica de quien realizara más de 100 dibujos como posibles ilustraciones para Cien años de soledad del gran escritor latinoamericano.

En 1968 las obras e ilustraciones de Posada, el Gallego, como cariñosamente le llamaban los cubanos, para esa novela, fueron expuestas comoCien de Márquez y Posada en la Isla. Ahora, a casi medio siglo de aquella exhibición, nuestra Casa de las Américas retoma el carácter de aquella otrora muestra personal, como punto de partida para otra que, curada por la especialista Silvia Llanes, entrelaza textos de la novela de Macondo con los dibujos a tinta sobre cartulina y papel de quien fuera prolífico grabador, dibujante, caricaturista, pintor y ceramista, y un no menos importante ilustrador de libros.

Ciertamente los dibujos datan de una etapa inicial para José Luis Posada, en la que ya el propio creador reconoce que ha dominado lo que llamaba “su torpeza” preliminar. Asoma el artista expresionista que sugiere y esboza tanto en la línea como en la forma su apasionada motivación por la obra del escritor colombiano.

Una mirada escrutadora a la obra de Posada no puede dejar de tomar en cuenta los criterios de Francisco Zapico Díaz, un experto español que le expuso en España, y quien se adentró como nadie en los entresijos de su arte, de todas las influencias, apunta el crítico, “hay una de singular importancia, la de Gabriel García Márquez”. Luego de que aparece la novela en 1967 en Cuba, el creador plástico emprende una labor gigantesca al producir más de 100 dibujos inspirados en la historia de la estirpe de los Buendía consagrada en las letras por el genial colombiano. “No es el suyo el minucioso ejercicio del ilustrador, sino más bien la apasionada vocación del intérprete…” nos dice el curador español.[1]

Por otra parte, no puedo dejar de recordar cuando le entrevisté justo al iniciarse este siglo para la Revista Revolucióny Cultura. En aquel encuentro el artista testimonia cuán cerca se sintió del universo de Gabriel García Márquez: “Es el mundo de la aldea”, me dijo, en aquella inolvidable tarde, mientras varias palomas revoloteaban sobre la azotea del restaurante El Patio, en la Plaza de la Catedral, donde se hallaba su estudio. “Pequeña, con prostíbulos… Sientes que huele a mugre, a sudor. No hay perfumes. Es la tierra dura. Hueles el agrio de la vida, que también es hermoso…”, aseguró.[2]

Así la creación mítica del genial colombiano fue un acicate fenomenal para un artista que concebía ya entonces la ilustración como lo es ahora en la contemporaneidad de esa manifestación gráfica, léase, como una creación paralela, armoniosa y que confluye en su relevancia con la narrativa literaria. En esto, como en otros órdenes, el Gallego Posada, se adelantó a su época, allá a fines de los años 60. 

Es de obligada mención, en todo texto que mencione a José Luis Posada, subrayar el papel que, en cada evento, exposición, concurso o publicación, ha desempeñado el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, dirigido por Víctor Casaus. Ha sido, en cada caso, un apoyo sostenido y puntual a la familia Posada Medio, que se ha enlazado con el proyecto mismo de un centro que lleva la insignia de un escritor y periodista que cayera combatiendo como internacionalista en tierra española, tan amada como la cubana por el artista visual.

La curaduría de Casa de las Américas ha dibujado, en este albor del 2016,  un posible libro en las paredes de la Galería Contemporánea, al realizar un despliegue de la obra artística concebida como ilustración de Posada, al que adicionó citas de la gran novela del Gabo, con un acento original al incluir  mariposas amarillas a modo de guía del recorrido, además de  realizar un estudio asistido por la especialista del Departamento de Plástica de la institución, LaisLexis Díaz, en el que se relacionaba esta muestra con la otrora del año 1968.

Aunque las ilustraciones de Posada no fueran publicadas nunca en una edición de la novela de Gabriel García Márquez, hallaron en el transcurso de los años, eso sí, otro recurso de realización, como sucede con esta muestra, mediante la que el espectador de hoy puede disfrutar de la fabulación que el artista imprimiera, con su visión sumamente expresionista, exaltada, y de trazo enérgico. He aquí la impronta de un artista de origen hispano que sigue en la memoria viva del arte en la Isla, tal y como él quiso, al declarar expresamente a sus hermanos y familiares, la decisión de que sus obras permanecieran en Cuba para que gozaran del privilegio de formar parte del patrimonio nacional.

Notas:
  1. Las citas son del texto de Francisco Zapico en el catálogo José Luis Posada. Dibujos y litografías, 1970-1994. Centro de Escultura de Candas, Museo Anton, Carreño, Asturias, España.(Del 29 de julio al 18 de septiembre de 1994). Gráficas Summa, S.A., Asturias, pp.7-32.
  2. En un diálogo que luego fue publicado en el libro Cabeza para pensar, corazón para sentir, publicado por Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, uno de los principales promotores de la obra de José Luis Posada en Cuba, libro que fue un proyecto editorial de la que escribe y del cineasta, poeta  y director de esa institución Víctor Casaus.