Refotografía: guiños al pasado desde el presente
Imágenes: Cortesía de los entrevistados
 

La refotografía permite que pasado y presente convivan en una imagen, hace coexistir personas y épocas, circunstancias y acontecimientos. Se trata de una técnica conocida internacionalmente, pero que no pierde el encanto sin importar el contexto en el que se utilice. Es otra manera de contar y ver la historia.

Revisitar lugares reformados, olvidados u ocultados por la modernidad es una práctica interesante a la vez que útil para conocer a fondo el paisaje de una ciudad mágica y sorprendente como La Habana, o momentos especiales en la vida de distintas personalidades cubanas.

Katia Hernández y Enrique Smith se valen de esa técnica que, unida a sus habilidades como fotógrafos les permite, además de comparar el añejo entorno capitalino con sus tintes actuales, describir costumbres, modos de vida y otros detalles que enriquecen la visión sobre diferentes épocas de la historia nacional.

¿Por qué el pasado? ¿Cómo surge la idea de hacer este proyecto?
Hace ya algunos años, revisando imágenes de la familia y amigos, y más adelante llegaron a nuestras manos muchas fotos antiguas de La Habana. Para nosotros era recrearnos en el pasado y redescubrir como ha ido transformándose para bien y en algunos casos para mal nuestra ciudad. Entonces surge la idea, primero como un hobby, y ya después se convierte en un proyecto abarcador e interminable, representado hasta la actualidad en tres exposiciones “refotográficas”, Pablo en Buitrago, La Habana-Nueva York (2011), La Habana en dos tiempos (2012) y El Santo Ángel y el tiempo (2015).

¿Les interesa solo el pasado de la ciudad o piensan incluir otros espacios en el proyecto?
La refotografía se sostiene en el pasado, se trata de superponer la imagen antigua sobre una instantánea tomada en la actualidad en formato panorámico. No solo hemos explorado el pasado de la ciudad, también pensamos en personalidades, como lo fue el periodista Pablo de la Torriente Brau, del que existe una foto muy hermosa junto a sus hermanas en el monumento de los estudiantes de medicina en Prado y Malecón, y en el caso de la última exposición enfocamos nuestra mirada al barrio del Santo Ángel.

Se trata de un trabajo minucioso y con gran nivel de detalle ¿Cómo es el proceso de montaje?
Es difícil lograr el resultado final. Partimos de las instantáneas que tomó otro fotógrafo y se estudia el ángulo exacto, luego se toma una fotografía panorámica de ese mismo lugar y en ese mismo ángulo y posteriormente se trabaja el montaje de las dos fotos en la computadora, logrando el acabado “fantasmagórico” de la imagen.

En las fotos coexisten pasado y presente de un lugar y también del país. ¿Cómo escogen las fotos antiguas que luego emplean como referencia?
La selección de imágenes es un proceso minucioso, existen condiciones y parámetros que decantan una gran cantidad, como son la calidad, dimensiones y reconocimiento de la locación en cuestión. Después de la depuración, siempre que sea posible, contactamos con las entidades, fotógrafos o familiares del propietario de la foto antigua que vamos a utilizar para que conozcan el proyecto y estén de acuerdo por supuesto en que utilicemos las imágenes. Es un proceso trabajoso y complicado, pero siempre el resultado es reconfortante, porque de cierta manera, le rendimos homenaje a aquellos fotógrafos que dejaron en una instantánea inolvidables momentos de nuestra historia.

Tengo entendido que la técnica ha sido utilizada por otros autores, ¿cuánto le han aportado a ustedes desde su conocimiento o intereses?
La técnica de la refotografía ha sido utilizada por muchos artistas en el mundo. Nosotros tuvimos la oportunidad de ver el trabajo de Lucila Quieto con su exposición Arqueología de la ausencia y Gustavo Germano con su proyecto Ausencias-distancias. Ambos artistas son argentinos, y tocaron el tema de los desaparecidos, basando su trabajo refotográfico en el que no está, en los hijos al lado de sus padres ausentes en una composición fotográfica. Por otro lado como ya habíamos comentado, se trabajó junto a Yolanda del Amo y Alfredo Moreno en la expo Pablo en Buitrago, La Habana-Nueva York. Yolanda hizo el proyecto de Nueva York y Alfredo el de Buitrago, aquí utilizamos la misma técnica solo que en países diferentes, siendo el factor común nuestras fotos de Pablo de la Torriente Brau.

El Santo Ángel y el tiempo ¿cuánto le aportó al trabajo, como fue la experiencia con el público y la crítica?
Nos aportó mucho realmente, fue una nueva mirada a partir de un lugar, el lugar en donde nuestro Cirilo Villaverde imaginó a Cecilia caminado, lugar que hoy está entre nosotros, rodeado de tanto pasado y de tantas historias que quedan recogidas en nuestras refotografías.

Muchas personas se identificaron con el barrio, habitantes de ese lugar que incluso aseguran que Cecilia Valdés existió, quedaron removidas entre el pasado y el presente. Fue una linda experiencia para nosotros porque vimos que se cumplió nuestro objetivo al ver la reacción de los espectadores.

¿En qué medida creen que se ha valorizado a la fotografía como arte en el contexto de la aparición de nuevas tecnologías y otros formatos para las artes visuales y plásticas?
La aparición de nuevas tecnologías y formatos para las artes visuales y plásticas son un hecho, solo debemos saber cuándo, cómo y dónde utilizarlas. A pesar de que la refotografía es un proyecto que se recrea en el pasado, no podemos negar el presente y el futuro. No creemos que la fotografía se vea amenazada por esto, nosotros nos valemos precisamente de las nuevas tecnologías para lograr nuestro objetivo.