Recordar es volver a fundar, reinventarse es (re)vivir

Del mismo modo en que una generación quiso “no dejar morir al Apóstol en el año de su centenario”, la del 2017 repitió la voluntad, este lunes, de que siga vivo el Partido que Martí fundó, a 125 abriles de aquel día. El mismo que convocó a la unidad por encima de divisiones infértiles. El Partido Revolucionario Cubano (PRC).
 


Pintura de Ernesto García Peña, dedicada a José Martí. Foto: Revista Bohemia.
 

La sesión solemne en recordación a esa fecha, presidida por el Comandante de la Revolución José Ramón Fernández, tuvo por sede al Centro de Estudios Martianos (CEM). Y desde allí se le escuchó al asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, subrayar: “todo lo que hice, del ’59 para acá, lo hice a nombre, y bajo la orientación y la voluntad del autor de esta Revolución —que no es de Cuba, es del mundo también—: (…) Fidel Castro Ruz”. Acentuó que el legado de Fidel está en la propia Revolución y “en ese conjunto de pensamiento homogéneo, sólido, político y humano, pero firme” igualmente. Y agradeció, asimismo, al pueblo de Cuba.

Por su parte, el Doctor Ibrahim Hidalgo Paz, Premio Nacional de Historia, y miembro de la Academia de Historia de Cuba, en su conferencia Guerra y Revolución logró evocar momentos, volver sobre (re)lecturas que hablan de conceptos y de sueños, desandar derroteros.

Hidalgo Paz coincidió en la apología martiana del razonamiento, de respetar a quien pensara diferente y, por consiguiente, la libertad de expresión. “Una de las condiciones del éxito es el logro de la unidad de pensamiento, pero esta de ningún modo quiere decir la certidumbre de la opinión, por lo que Martí no aspiraba a una unanimidad imposible en un pueblo compuesto de distintos factores y en la misma naturaleza humana, sino aspiraba a propiciar la coincidencia en medio de la diversidad de matices, propia de toda mentalidad creadora. Sin imponer límites absurdos que causarían el alejamiento de quienes coincidían en el objetivo irrenunciable”, insistió.

“El propósito martiano no solo incluía el éxito de la Guerra Necesaria contra el enemigo colonial, sino un complejo proyecto fundacional de alcance antillano y proyecciones continentales, dentro de un mundo convulso en el que se enfrentaban potencias avariciosas, cuyos designios podían romper el equilibrio planetario”, observó el investigador.

Otro concepto cardinal era que la gente supiera “para qué se hacía la guerra”. Decía Martí: “Un pueblo, antes de ser llamado a guerra, tiene que saber tras de qué va, y adónde va, y qué le ha de venir después”. Y esta guerra en particular —argumentó Hidalgo Paz— buscaba “asegurar, en la paz y el trabajo, la felicidad de los habitantes de la Isla”; porque pretendía construir “la nueva república indispensable”,  la “sincera democracia para el decoro y bien de los cubanos” y una nación  independiente en la que “la dicha durable de sus hijos” dejara de ser utopía para ellos.

Después de todo, era también martiana la certeza de que el mejoramiento del género humano podía alcanzarse solamente a través del “pleno goce individual de los derechos legítimos del hombre”.

“El 10 abril de 1892 —valoró el conferencista— fue proclamada la nueva organización que encabezaría José Martí, desde entonces y hasta el momento de su primer y único combate armado. Solo contaba 42 años, suficientes para dejar una obra que trascendió su época  y se proyecta hacia el  futuro. Él lo había avizorado y hoy sus palabras tienen la fuerza de un compromiso", ponderó el experto y citó a nuestro Héroe Nacional cuando dijo: “Nosotros somos espuela, látigo, realidad, vigía, consuelo. Nosotros unimos lo que otros dividen. Nosotros no morimos. ¡Nosotros somos las reservas de la patria!”.

Subrayó, además, cómo en el cubano más universal encontró rechazo el efecto nocivo estribado de “la primacía de la burocratización, la excesiva centralización y formalismos conducentes a la parálisis del flujo de interrogantes y respuestas, preocupaciones y soluciones, con total alejamiento de las palpitaciones contradictorias de la vida real; lo que provoca la marginación y el retraimiento de las masas en la práctica cotidiana".

La patria libre —reforzó el historiador— no podía existir mientras continuara maniatado el pensamiento de los ciudadanos. "A la diversidad de pensamiento no había que temerle (el Maestro no le temía) sino a la falta de ella, muestra de la pobreza espiritual y la sumisión con las que no se forman naciones fuertes”, advirtió.

Especial connotación adquirió la cancelación de un sello postal en conmemoración a las dos décadas de la Oficina del Programa Martiano (OPM). El sello en cuestión reproduce la mirada artística de Ernesto García Peña, pintor que comparte aquí su perspectiva de "la victoria martiana en Dos Ríos". El primer cuño a estos efectos lo colocó el Héroe de la República de Cuba, José Ramón Fernández, y rubricaron también Pelayo Terry Cuervo, director del periódico Granma; Ernesto Rodríguez Hernández, director general de Comunicaciones en el ministerio homónimo; y Héctor Hernández Pardo, subdirector general de la OPM.

"El PRC —enfatizó el asesor de la referida Oficina, Jorge Juan Lozano— constituyó convertir al pueblo de Cuba y a su vanguardia revolucionaria en una inmensa montaña para la patria, en un grande océano para que navegara en él la dignidad humana y en un poderoso huracán en contra de los adversarios del género humano". Realzó la impronta de Hart y Fidel, como buenos martianos, en este fecundo trayecto. Y resumió: "20 años cumple el Programa Martiano cohesionando, profundizando, encauzando, dentro de la patria y fuera de la patria, a todas las fuerzas útiles para que José Martí siga vigente".

Durante la sesión, tuvo lugar la entrega del reconocimiento "Crear es vencer", que otorga el Centro de Estudios Martianos. La distinción la merecieron la OPM —por su "ardua labor en la promoción y divulgación del pensamiento, la vida y la obra" del Apóstol— y el diario Granma, heredero y continuador del periodismo "alto y hermoso" que hizo Patria, su predecesor fundado por Martí, significó Ana Sánchez Collazo, directora del CEM.